Han pasado 19 años desde la guerra que le puso fin al terror de Voldemort. Harry está felizmente casado con Ginny y tienen tres hijos, de los cuales dos asisten a Hogwarts. Severus Snape murió en el ataque de Nagini, tanto James como Albus tendrán i...
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Lo había deseado desde tiempo atrás, sí, Snape en lo más profundo de sí había deseado a Harry; sentimiento que reprimía de sol a sol. La sola existencia de ello lo embargaba de vergüenza.
¿Cómo alguien tan manchado como él osaba poner los ojos en Harry Potter?
¿Lily lo odiaría?
Las cuestiones le punzaban la mente. No importaba cuantas veces intentara anularlo, la sensación regresaba una y otra y otra vez, sin importar que su cama fuese calentada por algún amante ocasional. Conforme el sentir se incrementó, también aquellos encuentros fueron cesando, hasta volverse totalmente nulos, pues podía difícilmente sobrellevar el sentir, pero el tergiversar la imagen de un joven para que se pareciese a uno de sus alumnos en medio del éxtasis, era una jugarreta que no podía permitirle a su mente sagaz y a la cual no contribuiría.
Sin embargo, eran las desgracias lo único en aumento en la vida del ex-mortífago pues Dumbledore fue el primero en saberlo, el primero en recalcárselo, el primero en ponerle un nombre y jamás se lo perdonaría. Jamás le perdonaría el desvelar del todo aquella venda autoimpuesta.
Años después lo tenía allí, las manos manchadas de sangre ahora acunaban el rostro del héroe del Mundo Mágico, aquel ser ilustre, aquel que atraía las miradas donde sea que fuese...aquel quién lo había hecho caer sin más remedio en las redes del sentimentalismo, no podía decírselo...pero podía, bajo aquella brillante luna, mirarlo sin ninguna barrera limitante, Harry había derribado incluso aquella que le imposibilitaba hasta el más mínimo acercamiento físico.
Por su parte Harry volvía a recaer en la sensación de asfixia, pero esta vez a razón del éxtasis, solo en sus sueños más dulces se reproducía aquel acto; era consciente de que su cuerpo no se sentía más que como una masa amorfa, complementando su mente fundida ante el beso.
¿Cómo era posible que solo un beso arrasara a un hombre adulto con tal furor?
—Snape... —la voz le salió unos varios tonos más profunda, lo había anhelado por tanto tiempo que estaba sin palabras, incapaz de hilar una frase coherente.
—Debería ir a dormir, Potter. —pronunció, haciendo un esfuerzo titánico para alzar sus barreras imprescindibles.
—¡No! —de repente Harry se apartó de la ensoñación en la que se hallaba abstraído y como mero reflejo abrazó el cuerpo del profesor, como un ruego, como una plegaria—. Por favor, Snape, aún no, mantente un poco más así, sin ocultarte, no conmigo, por favor, no debes hacerlo frente a mí.
—Lo sé. —tras unos momentos correspondió el abrazo con igual emoción—. No es tiempo, Harry, no puedo bajar la guardia, no hasta saber que están a salvo.
—Lo sé, solo unos momentos, dame unos minutos de ti. —rogó.
—Harry. —susurró sobre la desordenada cabellera del Auror—. Cada instante de mí es para ti... —suspiró con pesar al exteriorizar el secreto más profundo—, siempre será mi vida por ti. —alzó el rostro de quién supo ser su alumno, recreando su oscura mirada en las esmeraldas desbordantes de sorpresa—. Harry...