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La carta

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No puedo comprenderlo.

No puedo dominar aquello que siento.

Por mucho que intente negarlo he caído. Ahora solo tengo que comprender.

**

Era una fría y lluviosa mañana de sábado.

Me desperté por el ruido de la fuerte lluvia chocando contra mi ventana. Skyler dormía profundamente y de a ratos escuchaba sus fuertes ronquidos.

Como no podía volver a conciliar el sueño, me cambié mi pijama por un jean, mi blusa floreada y mis amadas zapatillas vans.

Me encaminé hacia el comedor para ir a desayunar, pero a medio camino debí volver a mi cuarto por un saco, hacía mucho frío. El invierno se estaba asentando.

Al entrar a mi habitación tropecé con mi mochila y caí de cara al piso.

"Estúpida" me dijo mi conciencia.

Por suerte logré no despertar a mi dormilona compañera, sino me habrían esperado histéricos gritos por no dejarla dormir.

Llegué al comedor y estaba casi vacío, a no ser por los profesores que desayunaban mientras corregían exámenes.

Fui por el feo café que servían y una tostada. En verdad extraño cuando mamá me preparaba eldesayuno y ese rico café, mmm....

Oh mierda mis padres, hace un tiempo que no los llamaba ni tengo noticias de ellos.

*Nota mental: Llamar a mamá*

Saliendo de mis pensamientos fui a sentarme a una mesa libre.

No habían pasado más de cinco minutos que alguien ya estaba sentado a mi lado. No, no era Matt.

Emilia estaba sentada a mi lado con su desayuno.

-Hey Katherine.

-Hola- respondí fríamente, revolviendo mi café.

Una mañana fría y lluviosa y mi tranquilo desayuno fue interrumpido por esta persona. No me pidan ser simpática.

Seguí tomando mi café callada, Emilia me estaba mirando fijamente y tenía sus ojos entrecerrados, parecía idear un plan, estaba furiosa.

-¿Qué me miras?- me atreví a preguntarle, sin quitar la vista de mi café. No me asustas zorra. ¿Qué hace aquí? ¿Acaso no terminó de agradecerle a Matt? Parece que se vino a vivir al instituto. ¿No les pasa que sienten que la presencia de algunas personas ya es molesta? Bueno a mi sí.

-Solo te observaba.

Levante una ceja, mirando mi tostada. Sin contacto visual.

-Mira mocosa, no te hagas la importante. No eres nadie para Matt, en cambio yo sí. El me pertenece y estoy aquí para demostrarlo. ¿Te quedó clarito?

Solo sonreí y ella se levantó y se fue murmurando insultos hacia mí. Logré lo que quería, sacar su perra escondida. Yo sé que esconde maldad detrás de esa falsedad.

Me sentí vacía, estoy enamorada de un hombre que no me es correspondido, pero estoy enamorada, no quiero darme por vencida.

El problema empezó cuando escribí su nombre para rellenar una hoja en blanco. El problema fue que me di cuenta de que realmente lo quería, lo quiero. Ya no hay vuelta atrás, intento recordar en que momento comenzó todo, y descubro que fue antes de lo que pensaba. Y por mucho que lo intente, por tanto esfuerzo que haga, no puedo olvidarlo, ni alejarme de él.

Él es mi fin.

**

Por la tarde, mientras estaba recostada en mi cama leyendo "el niño con el pijama de rayas" escuché pasos hacía mi habitación. Levanté la vista de mi pequeño libro y vi un papel deslizarse por debajo de la puerta. Antes de recogerlo, abrí la puerta para ver si el dueño de aquella carta seguía ahí. Pero no había nadie.

Me senté sobre el piso y agarre la carta. Estaba firmada por Matt. Antes de leerla me sentí nerviosa. ¿Quizás era una confesión de amor?

Katherine debo confesarte algo. Es doloroso, lo admito. Quiero decir, doloroso para ti. ¿Qué puedo decirle a alguien que no vale la pena? Nada, no vales la pena para mí, eres solo una pérdida de tiempo. No te quiero, no te necesito. Es así de simple. Solo te pido por favor que no estorbes, déjame ser feliz en mi vida. Lo cierto es que estoy enamorado de Emilia, deberías saberlo, porque ayudándola me di cuenta de que la amo y la necesito. Entiende que eres solo una alumna para mí y si no es para una explicación de física, entonces mejor ni me dirijas la palabra. Espero no romper tu corazón, solo tienes que saber cómo son las cosas.

Matt.

Doble cuidadosamente la carta, la escondí bajo mi almohada y me acosté boca arriba, dejando caer amargas lágrimas sobre mi rostro.

Mi corazón estaba roto.

El principio del fin.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora