Me enamoré de su luz, porque nunca temió a mi oscuridad.
Él era todo lo que yo no: brillo, calidez, valentía. Yo, en cambio, vivía entre sombras, preso de una oscuridad que consumía todo a mi paso. Creí que nadie podría aceptar mi naturaleza hasta q...
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Takemichi podía verlos.
A él y a Mikey, tirados en el pasto, uno frente al otro, sus cuerpos alineados, sus manos enlazadas, mirándose en silencio.
El aire movía la hierba a su alrededor, creando un sonido suave y relajante, un eco de la calma que compartían en ese instante.
Manjiro-Realmente...
Takemichi-No me arrepiento de nada.
Su voz sonaba firme.
Decidida.
Sus ojos reflejaban seguridad, incluso si el mundo entero parecía estar en su contra.
Takemichi-Te quiero. Y ellos, algún día, tendrán que aceptarlo.
Mikey entrecerró los ojos, llenos de algo oscuro, algo peligroso.
Manjiro-Takemichi... si tus padres te hacen daño, te aseguro que los mataré-Se inclinó hacia él?, su frente tocó la de Takemichi, el menor cerró los ojos, sintiendo el calor de su piel, soltó su mano para esconderse en su pecho.
Refugiándose en su olor.
En su abrazo.
Takemichi-¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?-Lloriqueó, sintiendo los brazos de Mikey apretarlo más fuerte.
Como si intentara fundirlo en su propio ser.
Manjiro-El mundo es cruel... está lleno de gente de todo tipo.
Porque él lo sabía mejor que nadie, porque él era la prueba viviente de lo cruel que podía ser el mundo.
Takemichi.
Takemichi.
¡Takemichi, despierta!
Sus ojos se abrieron de golpe. El mundo a su alrededor era diferente.
El pasto desapareció.
El cielo se desvaneció.
En su lugar, vio a su primo.
A Chifuyu y a los demás. Todos lo miraban con preocupación, Takemichi parpadeó, tratando de comprender, se incorporó, sintiendo el colchón firme bajo su cuerpo. Para su sorpresa, estaba vestido. Y la cama...La cama estaba hecha. Como si nunca se hubiera acostado en ella.
Chifuyu-¿Estás bien?
Takemichi-Sí...-Pero su voz tembló.
No estaba seguro de si decía la verdad.
Chifuyu-¿Entonces por qué estás llorando?
Takemichi-¿Eh?-Levantó la mano y la llevó a su mejilla. Estaba húmeda, empapada de lágrimas.