Me enamoré de su luz, porque nunca temió a mi oscuridad.
Él era todo lo que yo no: brillo, calidez, valentía. Yo, en cambio, vivía entre sombras, preso de una oscuridad que consumía todo a mi paso. Creí que nadie podría aceptar mi naturaleza hasta q...
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Manjiro caminaba por el pasillo oscuro con pasos silenciosos, la sombra de su figura apenas visible bajo la tenue luz que se filtraba a través de las grietas de las paredes. Sabía que Takemichi no querría mancharse las manos con sangre innecesaria, así que decidió encargarse de esto de una manera más... limpia.
Takemichi-¿Manera limpia?- preguntó, alzando una ceja.
Manjiro-Sí, lo haremos caer en el pecado.
Takemichi- Explícate mejor. -Manjiro se giró lentamente, una sonrisa ladina asomándose en su rostro.
Manjiro-Querido, el placer de la carne es el más grande de los pecados. Sé que él caerá. Además, tengo a la candidata perfecta para encargarse de él.
La confianza en su tono era inquebrantable. Takemichi lo miró con una mezcla de intriga y duda, pero sabía que Manjiro siempre tenía un plan.
Emma.
La lujuria hecha mujer. Su hermana menor era diferente al resto de los demonios: no era tan cruel, ni tan despiadada, pero su poder era letal en otro sentido. Sabía cómo doblegar a los hombres con solo una mirada, cómo hacerlos caer de rodillas con un roce y una palabra susurrada. Emma se compadecía de las almas verdaderamente puras, regalándoles la mejor noche de sus vidas… pero también había destrozado muchas en su camino.
No cualquier demonio podría hacer caer a ese monaguillo en la tentación. Se necesitaba a la mejor.
Y la mejor era ella.
Manjiro llegó hasta la puerta de la habitación de Emma y tocó tres veces antes de entrar. La menor estaba sentada frente al espejo, peinando su dorada cabellera con movimientos suaves y elegantes. A través del reflejo, sus ojos se iluminaron al verlo.
Se giró rápidamente y, con una sonrisa radiante, saltó hacia él.
Emma-¡Hermanito!- exclamó, envolviéndolo en un abrazo fuerte y cálido. La mano de Manjiro se posó sobre su cabeza, acariciándola con afecto.
Manjiro-Siento no haber venido en unas semanas.
Emma-No importarespondió con dulzura, mirándolo con devoción. Sé que es por tus amoríos con el humano.
Manjiro-Emma, precisamente vengo por eso. Necesito que me hagas un favor.Los ojos de Emma brillaron con picardía.
Emma-¡Claro! Lo que quieras.
Desde que era pequeña, Emma siempre había sentido un amor inmenso por su hermano mayor. Sabía que Takemichi lo había hecho diferente, lo había humanizado de alguna manera. Y si ayudar a Manjiro significaba asegurarse de que nadie más se interpusiera entre ellos, lo haría con gusto.
Escuchó con atención cada palabra que su hermano le decía, comprendiendo rápidamente la misión que le estaba siendo encomendada.
Manjiro-Sé que puedo contar contigo-Dijo, acariciando su cabeza con confianza. Emma sonrió traviesa, inclinando levemente la cabeza.
Emma-¿Puedo jugar con él?
Manjiro-Mientras no lo mates, haz lo que quieras.
La risa suave de Emma llenó la habitación. La diversión estaba por comenzar.