Me enamoré de su luz, porque nunca temió a mi oscuridad.
Él era todo lo que yo no: brillo, calidez, valentía. Yo, en cambio, vivía entre sombras, preso de una oscuridad que consumía todo a mi paso. Creí que nadie podría aceptar mi naturaleza hasta q...
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La fe es el sendero de los puros, pero también la perdición de los inocentes.
El Padre Kaoko había tomado el mando tras la muerte de Taiju, y con él, la iglesia se volvió aún más estricta. La disciplina se había convertido en la única verdad, y la penitencia en la única redención.
Ken- Nunca pensé que la muerte de Taiju traería tantos cambios...
Nada más llegar, Kaoko lo puso en su sitio.
Kaoko- Ken, esta noche harás la guardia en los jardines.
Ken- Genial…
Ken- Sí, Padre.
Uno de los monaguillos más jóvenes susurró con burla:
-Qué suerte, ¿eh?
Ken suspiró, sin ánimo de responder. No tenía ganas de hacer guardia, menos cuando sus músculos aún dolían de la limpieza de la iglesia. Pero la voluntad de Dios no conocía descanso, y él tampoco debía hacerlo.
Cuando la luna se alzó sobre los jardines, Ken cerró las puertas del templo con reverencia, asegurando cada cerradura con la solemnidad de un ritual. Caminó entre los rosales y lirios, su única compañía el suave maullido de los gatos que acechaban en la penumbra.
Ken- Al menos ellos no me juzgan.
Con el amanecer, finalmente llegó su relevo. Sin más fuerzas, se arrastró hasta su habitación, dejándose caer sobre la cama, incapaz de siquiera cambiarse.
El descanso duró poco.
Unos golpes en la puerta lo sacaron abruptamente del letargo.
-Ken, ha llegado una nueva hermana.
Ken- Ah…-Sin darle importancia, dejó caer su cabeza contra la almohada.
El Padre Kaoko reunió a todos en la iglesia. A su lado, una joven de cabellos dorados y ojos afilados esperaba con una calma que contrastaba con la solemnidad del momento.
Emma- Soy Emma.
Emma. Un nombre hermoso. Y detrás de esa apariencia angelical, el más peligroso de los pecados.
Ken, sin darse cuenta, sintió un escalofrío recorrerle la columna.
El Padre Kaoko le asignó la tarea de mostrarle la iglesia.