Me enamoré de su luz, porque nunca temió a mi oscuridad.
Él era todo lo que yo no: brillo, calidez, valentía. Yo, en cambio, vivía entre sombras, preso de una oscuridad que consumía todo a mi paso. Creí que nadie podría aceptar mi naturaleza hasta q...
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Takemichi había quedado con Mikey para verse en la parte trasera del instituto después de clases y comer juntos. Se sentía algo nervioso, ya que le había dicho a sus padres que estaría con su primo.
Chifuyu-Ten cuidado, ¿vale?
Lo abrazó con preocupación. No es que desconfiara completamente de Manjiro, pero su primo era demasiado inocente.
Takemichi-Sí, tranquilo-Se separó y caminó hacia Mikey, quien lo esperaba en su moto.
Manjiro-¿Qué me vas a preparar para comer?-Le dio un corto beso en los labios.
Takemichi-Bueno, he pensado en albóndigas y ensaladilla rusa-Dicho esto, se subió a la moto.
Manjiro-Me gusta, me gusta. -Arrancó y se dirigieron a su casa.
Al llegar, Takemichi dejó su mochila en el salón.
Manjiro-Oye, ¿a tu primo le caigo bien?
Takemichi-Bueno... él dice que tenga cuidado.
Manjiro-Claro, como si te tratara tan mal...
Takemichi-Dale tiempo, no tienes buena fama, ¿sabes? -Se dirigió a la cocina y comenzó a buscar los ingredientes, colocándolos sobre la encimera.
Manjiro-Mira, si ya parecemos un bonito matrimonio.
Takemichi-Qué tonto eres. -Soltó una risita, pero dio un respingo cuando sintió los brazos de Mikey rodear su cintura y los labios del rubio rozar la parte trasera de su cuello.
Era evidente que Mikey disfrutaba poniéndolo nervioso. Lo hacía en muchas ocasiones, pero cuando estaban solos, lo llevaba a otro nivel. Las manos de Mikey tiraron suavemente de él, como si quisiera fusionarse con su cuerpo.
Takemichi-Ve-ve a poner l-la mesa.
Manjiro-UuujuuMmm- Canturreó con diversión-No, estoy bien aquí-Sonrió antes de mordisquearle suavemente la nuca.
Takemichi sintió su estómago revolverse con un millón de mariposas. Mikey adoraba escuchar su corazón acelerarse, le parecía gracioso que pudiera provocar tal reacción con solo algunos toques o palabras. También adoraba cuando sus miradas se cruzaban y veía esos ojos azules brillar como diamantes.
Esa sonrisa tampoco debía pasarse por alto.
Era maravillosa.
Takemichi le hacía sentir que él también estaba hecho para amar. Que no solo estaba hecho para hacer daño. Sabía que enamorarse era la peor de las perdiciones. Por amor, las personas cometen los peores pecados. Sintió la mano de Takemichi sobre la suya, deteniendo su movimiento cuando iba a deslizarse bajo su sudadera. No se había dado cuenta de lo que hacía hasta ese momento. Se alejó lentamente.
Takemichi era realmente inocente en el sentido sexual. Siempre que se besaban y las cosas comenzaban a subir de tono, se ponía nervioso y le pedía que se detuviera. ¡Por supuesto que Mikey lo entendía!