𝟐𝟔 ; 𝐜𝐚𝐮𝐠𝐡𝐭

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Al día siguiente me bastó que el despertador sonara tan solo una vez para despertar. Había dormido como un bebé durante la noche, sin una sola preocupación en mente y tan despejada como el cielo que me saludó al asolarme por la ventana mientras me estiraba para espabilarme del todo. Daba la impresión de que el sol había salido para acompañarme en un día de suerte.

Era jueves y, por un día, las sábanas no se me habían pegado. Podía permitirme arreglarme tranquilamente y bajar a desayunar sin prisa alguna, así que me concedí el lujo de dedicarme un poco más a mí misma, estilizando mi cabello con una poción alisadora. Añadí un toque de colorete y máscara de pestañas, decidida a lucir bien, ya que sabía que desayunaría con los gemelos, como ocurría prácticamente todas las semanas. Ahora que estaba solucionado lo de volar con escoba, estaba ansiosa por ir con ellos al día siguiente por la noche.

Cuando bajé al Gran Comedor y los vi sentados en la mesa de Gryffindor sonreí para mí misma, sintiéndome con confianza, acercándome a ellos hasta tomar asiento enfrente:

—Buenos días —saludé, energética—. ¿Habéis pasado buena noche?

Sin embargo, parecía que Fred y George no habían amanecido con tan buenas energías como yo.

—Más o menos. Hemos estado toda la noche probando un nuevo sortilegio —contestó Fred, antes de bostezar. Estaba convencida de que, si le daba un codazo a su antebrazo, su cabeza apoyada en la mano caería de golpe contra la mesa. Estaba terriblemente somnoliento—. Pero ha merecido la pena, creemos que está listo.

—¿Qué es lo que hace?

—Son unas galletas que te convierten en un canario. Los efectos desaparecen al cabo de un rato cuando se te empiezan a caer las plumas —explicó George—. O eso parece.

Alcé una ceja.

—¿Por qué alguien iba a comerse eso?

—Porque parecen galletas normales. Tú, si sabes lo que son, no te las comerías. Pero tu compañero de habitación... "por accidente"... —dijo Fred, provocando que me riera suavemente por la ocurrencia.

—Espero que no pensarais darme esas galletas a probar.

—Bueno, algún fin de semana donde no tengas que ir a ningún sitio o hacer algo importante... —dijo George, en un tono que daba a entender que era broma, pero no del todo—. Aunque, ahora que lo pienso, al final nunca llegaste a probar el caramelo que te hace invisible.

—¡Es verdad! Y ya lo hemos perfeccionado. El contraencantamiento funciona al instante —añadió Fred.

Ambos me estaban observando, expectantes a que hablara, aunque tardé un par de segundos en darme cuenta de que lo estaban haciendo pues estaba muy ensimismada untándome mi tostada.

—¿Qué? —pregunté, en cuanto levanté la mirada hacia ellos de nuevo—. ¿Ahora?

Se encogieron de hombros y miraron alrededor, comprobando que apenas había más gente en el Gran Comedor salvo algunos estudiantes de Slytherin probablemente saltándose la primera hora de clase en el otro extremo de la sala.

—¿Por qué no? Te garantizamos que los efectos son reversibles al instante —insistió George.

—Si te sientes valiente, te invitamos a tirarle una taza de té bien caliente a Warrington. Estará muy fuerte, pero es tan tonto que se pensará que se la ha derramado encima él solito.

Me reí al escucharlo, considerando si hacerles caso o no. Por un lado, mi objetivo principal al acceder a ser su conejillo de indias era acercarme más a Fred y eso ya lo había conseguido, además que no había tenido muy buenas experiencias otras veces con sus experimentos. Pero, por otro lado, confiaba en ellos si afirmaban que los efectos se reestablecían al momento y tampoco quería parecerles sosa o aburrida si renunciaba. Y quería que supieran que podían contar conmigo para lo que sea, sobre todo para el negocio que tanta ilusión les hacía.

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⏰ Última actualización: Jan 22, 2024 ⏰

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