Después de un rato esperando empecé a volverme paranoica.
Mi cerebro iba a mil imaginando todos los escenarios posibles donde algo podía salir mal: que la profesora McGonagall llegara y me preguntara por qué no estaba en clase y se diera cuenta también de que algo andaba fuera de lo normal, que Malfoy me hubiera engañado y no fuera a hablar con Umbridge, haciendo que ella mandara a alguien a buscarme (cosa que no pasaba, pero desde mi punto de vista catastrófico era una opción), que Fred y George nunca volvieran o peor, que volvieran sin ninguna solución.
Mis piernas rebotaban de arriba abajo por los nervios, sentada en una butaca arrancándome las pieles sueltas de los labios con los dientes por mucho que me dolieran. Cada vez que escuchaba el hueco sonido que hacía el retrato de la Dama Gorda al abrirse mi cabeza se giraba como la de un búho, sin embargo, ninguna de esas veces hubo suerte. Llegó un punto donde la poca paciencia que me quedaba se desvaneció, aunque no importaba puesto que no había absolutamente nada en mis manos que pudiera hacer para intentar solucionar la situación, mas el tiempo continuaba pasando y pronto las clases del día terminarían y Fay con un saco de preguntas aparecería ante mí sin la capacidad de responderle.
La sala común estaba muy tranquila puesto que los alumnos se suponía que debían estar en clase. Lo único que se escuchaba eran las ascuas de la chimenea encendida y las ansiosas voces en mi cabeza hasta que oí el sonido de una puerta cerrarse. Imaginé que sería producto de alguna de las personas que habían entrado mientras yo estaba allí esperando, no teniendo clases o habiendo ido a recoger algo a su dormitorio que les hiciera falta, pero cuando vi a Fred y a George bajar por las escaleras de caracol que conducían a las habitaciones masculinas mi cuerpo actuó por voluntad propia levantándose de golpe.
Cuando me vieron sus ojos se abrieron como platos, probablemente por no esperarme allí, y, a sabiendas de que era absurdo intentar hablarme, me hicieron señales con las manos para que me acercara a ellos. Les obedecí, pero cuando intenté sacar una libreta para poder comunicarme con ellos George alzó el dedo índice señalando hacia arriba y, de nuevo, con las manos, me indicaron que les siguiera mientras daban media vuelta en las escaleras y las comenzaban a subir de nuevo.
No obstante, por muy claros que fueran, permanecí allí como una piedra vacilando durante unos segundos.
¿Me estaban pidiendo que subiera a su habitación?
No conocía el caso de las otras casas de Hogwarts, pero en Gryffindor los estudiantes masculinos tenían terminantemente prohibido el acceso a los dormitorios femeninos. De hecho, si estos lo intentaban, sonaba una especie de sirena y los escalones se unían formando un largo y liso tobogán de piedra en espiral. Esto no sucedía al revés, aun así, nunca había tenido ni el interés ni la oportunidad de acceder a la sección masculina hasta este año.
Y ser invitada por nada menos que Fred Weasley me provocó un cosquilleo en el vientre.
Temerosa copié sus pasos hasta llegar a una puerta entreabierta aguardando mi llegada. Con un prominente peso en el pecho tomé el pomo, descubriendo una habitación con una base idéntica a la mía. Había una estufa central y cada estudiante tenía su propia cama con dosel, flanqueada por un conjunto de ventanas y espacios para guardar objetos personales. Pese a ser una copia del dormitorio femenino, este estaba mil veces más desordenado y ninguna de las cinco camas presentes estaba hecha. Además, un olor persistente similar a la pólvora inundaba todo el lugar.
Dos de las camas tenían a su alrededor una gran cantidad de cajas de cartón, así como un montón de juegos de cartas y dados mágicos descansando en las mesitas de noche. George comenzó a rebuscar entre los cajones de la que supuse que era su cómoda, por lo que fácilmente supe descifrar cual era el espacio de Fred y mis ojos empezaron a analizar cada detalle de su lugar más íntimo. Pero lo único que supe sacar en claro es que estaba enamorada de un chico desastre, con calcetines sucios asomando en el suelo bajo el colchón y envoltorios de ranas de chocolate vacíos entre sus pares de zapatos revueltos.
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Potions Class || 「 draco malfoy x reader x fred weasley 」
FanfictionFreya ha estado perdidamente enamorada de Fred Weasley desde el primer momento que puso un pie en Hogwarts. Sin embargo, nunca ha tenido la oportunidad de acercarse a él hasta ahora. Con junio como fecha límite y la posibilidad de no volver a verlo...
