Aquella noche del domingo al lunes sentí que todo me daba vueltas: la cama, las paredes, la cabeza... todo. No sabía hasta qué punto era culpa de la bebida o de la expectativa y pensamientos sobre lo que había pasado y estaba por pasar al día siguiente en cuanto me enfrentara a las consecuencias de lo ocurrido, pero aquella noche de perros fue inmortalizada en mi rostro como ojeras del tamaño de cráteres.
Y para colmo tenía Historia de la Magia a primera hora.
Era la peor clase sin ninguna duda. El profesor Binns —un fantasma— no parecía darle importancia alguna a que nadie le prestara atención o que la gente se durmiera en su clase mientras recitaba las lecturas con su monótona voz. Una voz que lograría hacerte caer en un profundo sueño en tan solo diez minutos, o cinco si estaba lloviendo. Dicho esto, parecería la clase perfecta para recuperar el sueño dado el pasotismo del profesor, si no fuera porque Fay se negaba rotundamente a prestarme sus apuntes si lo hacía.
Así que, aunque no anoté ni una sola palabra en mi pergamino, luché a capa y espada por mantenerme al menos con los ojos abiertos.
En Pociones, el profesor Snape decidió dar clase de teoría también que, si bien era mortalmente aburrida, aunque no tanto como si la explicara el señor Binns, me sirvió para no tener que interactuar con Malfoy. Aun así, sentados uno al lado del otro, no pudimos evitar intercambiar miradas furtivas cuyo contacto visual se rompía al segundo por ambas partes.
Cuando de una vez por todas llegó la hora del almuerzo, tenía un hambre de mil demonios al no haber bajado a desayunar a primera hora en búsqueda de unos minutos más de sueño. Contenta porque el fin de la espera se acercaba, me apresuré a guardar todas mis cosas y acudí corriendo hacia el pupitre de Fay.
—Por las barbas de Merlín, date prisa, Fay —le supliqué—. Me muero de hambre.
—Espera —respondió, sin levantar la vista de su pergamino, aún anotando lo que Snape había escrito en la pizarra—, todavía no he terminado. Dame cinco minutos.
—¿Cinco minutos? —repetí, escandalizada.
Solté un gemido de angustia, notando cómo me rugían las tripas, y me desplomé en el taburete junto al suyo a sabiendas de que, desgraciadamente, no podía hacer nada para que fuera más rápida. Sin embargo, al cabo de unos minutos insufriblemente largos, me di cuenta de que, o mi percepción cegada por el hambre se estaba inventando un transcurso del tiempo irreal, o Fay se estaba tomando demasiado tiempo para escribir.
No parecía terminar nunca, y eso que no había muchas cosas escritas en la pizarra.
—Vamos ya —sollocé, desesperada—. Como no coma algo ya me voy a desmayar.
—Un segundo —insistió. Mi pierna se movía de arriba abajo con nerviosismo. Se estaba demorando una eternidad. Finalmente, tras mucho más que un segundo, soltó su pluma—. Ya está. Ya he terminado.
—¡Pues vámonos! —dije, levantándome de un brinco. Contemplando su lentitud, la ayudé a guardar sus materiales para poder irnos antes. Hacía rato que éramos las únicas que quedábamos en el aula—. Seguro que Megan nos está esperando. —Fay suspiró, consiguiendo que la mirara extrañada—. ¿Qué pasa?
—Nada.
Fruncí el ceño.
—Ese —Imité su suspiro— no sonaba a nada. ¿Va todo bien?
Ahí supe definitivamente que su comportamiento estaba fuera de lugar. No solo era siempre la primera en salir, con mucha más razón cuando después de la clase estaba la hora del almuerzo o de tiempo libre, sino que también reparé en que no habíamos hablado apenas en toda la mañana más allá de lo básico. Podría haber pensado que esto último era producto de mi cansancio, pero no había reparado en lo raro que era que Fay no estuviera hablando por los codos de cómo había sido la fiesta desde su perspectiva.
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Potions Class || 「 draco malfoy x reader x fred weasley 」
FanfikceFreya ha estado perdidamente enamorada de Fred Weasley desde el primer momento que puso un pie en Hogwarts. Sin embargo, nunca ha tenido la oportunidad de acercarse a él hasta ahora. Con junio como fecha límite y la posibilidad de no volver a verlo...
