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Ese mismo sábado me desperté y fui directa a darme una larga ducha. Al salir me puse lo más oscuro que encontré en el armario y bajé a desayunar justo al escuchar la alarma, que por suerte los findes de semana sonaba más tarde. Al terminar mis amigos y yo nos dirigimos a la mansión Malfoy, donde nos reuniríamos los mortífagos, nos recibieron los padres de Draco.

—Hola, mi señora —me saludó Narcisa con una dulce sonrisa.

—Narcisa, por favor deja de llamarme así.

—Hola, t/n —me saludo su marido haciendo caso a lo que acababa de decir.

—¿He dicho que puedas llamarme por mi nombre? Sé lo he dicho a Narcisa, no a ti —utilicé su típica voz de superioridad.

—Disculpe, mi señora.

—¿Ha llegado el resto?

—Sí, están esperando en la sala de reuniones.

—Muy bien, id, Draco y yo ahora entraremos —todos, incluido el mencionado me miraron sorprendidos y sin moverse—. ¡Es una orden!

Una vez todos se marcharon y la puerta quedó completamente cerrada miré a Draco, quien seguía confuso ante la situación, nunca antes había hablado con él o cualquier otra persona justo antes de una reunión.

—Draco, no entres si no quieres. Tú no decidiste esto y mientras yo viva y sea líder de los mortífagos no estás obligado a ser algo que nunca has querido ser.

—Debo entrar.

—¿Por qué? ¿Por qué te obliga tu padre? Draco, no te preocupes por él, en cuanto entre, dejaré muy claro que si alguien se opone a que ya no seas mortífago y te haga o diga algo, lo mataré.

—Tal vez yo ya esté muerto para entonces, pero no es eso por lo que debo entrar.

—¿Entonces? —pregunté desconcertada.

—Tengo que entrar por ti, eres mi amiga y quiero estar a tu lado para poder apoyarte.

—Eso no es necesario, sé que tengo tu apoyo, no tienes por qué estar ahí en contra de tu voluntad.

—Entraré, no hay discusión.

Me rendí sabiendo que no había nada que yo pudiese decir que provocase un cambio de decisión en él. Sonreí y le di un fuerte abrazo, después de ello puse el rostro lo más serio que pude y entramos a la sala, sin saludar nos sentamos en nuestros respectivos asientos. Divisé la mirada de odio de Pansy, provocando que cada mirada y comentario me hiciesen llegar más a mi límite, pero no era el momento ni el lugar. Todos me saludaron con respeto, lo que más me gustaba de ser su líder era que me trataban como si fuese un ser superior a ellos, es cierto que lo veían así, no obstante, yo solo me veía como una más, o aún menos por mi edad. No estaba acostumbrada a que alguien, excepto Maddy, me tratase así.

—¿Ya has pensado un plan, mi ama? —preguntó un mortífago cuyo nombre desconocía.

—Sí, no vamos a provocar otra guerra —los murmullos empezaron.

—¿Por qué esa decisión? —interrogó Tom.

—No voy a dejar que mueran más personas, ni de los nuestros, ni de los suyos.

—¿Te importan los sangres sucias y los traidores?

—Yo no he dicho eso.

—¿Entonces qué importa? —siguieron cuestionándome todos.

—¡Mi padre murió por culpa de esa batalla, no dejaré que muera otra persona que me importe! —grité haciendo que todos dejasen de murmurar—. No mientras pueda impedirlo.

VENGANZADonde viven las historias. Descúbrelo ahora