Preferí caminar a la escuela para aclarar y ordenar mis pensamientos en el camino en lugar de hacer que un chofer me llevase en un auto cerrado y sofocante que solo me pondría aún más tenso.
Mientras caminaba, empecé a ordenar los puntos principales que harían mi vida más fácil, la mía y la de los protagonistas.
En primer lugar, y según los recuerdos de este cuerpo, ni él ni Ian conocían aun al omega alrededor del que giraba toda la trama, por lo tanto, eso significaba que mi campo de acción se había ampliado hasta el inicio de toda aquella desgraciada cadena de eventos que había terminado en tragedia.
En segundo lugar, Selín, la persona en la que me había convertido y que tenía una personalidad de mierda, arrogante hasta los extremos por culpa de su sentido general de inferioridad y que solo era un amor de persona con Ian, puesto que lo amaba como hombre.
Respecto a sus sentimientos por el protagonista, si bien yo, en lo personal, también amaba a Ian, no había manera de pensar en él como algo más que un niño más de diez años menor que mi real yo. Además, hasta hacía menos de tres horas era nada más que una sucesión de líneas descriptivas y acciones narradas bajo la tutela de la pura ficción. No había manera de que pudiera verlo con los ojos de un amante.
Ahora que yo era él, el problema llamado Selín Blake podía ser completamente erradicado de la incómoda ecuación de conflictos y complicaciones que provocaron el mal final de la novela original. Era mucho más satisfactorio hacer que el alfa fuera feliz con su preciada alma gemela.
De igual modo, y respecto al beta, necesitaba dejar de actuar como un estúpido incapaz de levantar la mirada frente a su padres y hermanos, incapaz de defenderse de ellos y frecuentemente derrotado por el desprecio de estos, que siempre lo miraban como a un sucio insecto que solo es capaz de arrastrase en la tierra para intentar avanzar.
Era desagradable pensar en cómo Selín había sido influenciado desde pequeño por las burlas llenas de superioridad de sus hermanos y la ignorancia violenta y dañina de su padre.
Si bien ser beta podría considerarse una especie de deshonra para una familia de alfas dominantes, la realidad era que Selín sabía ser mucho más excepcional que sus hermanos, pero por desgracia, ni él mismo había notado ese hecho.
Ahora que yo era él, las cosas no volverían a ser iguales.
Nunca más.
Veinte minutos después, ya estaba cruzando las puertas de entrada de la escuela. Con lo poco que había demorado se me hacía un tanto exagerado que Selín tomara un auto cada día para recorrer un camino tan diminuto, como si caminar le hiciese alergia. Si Ian se lo pedía, estaba seguro de que correría dos veces seguidas una maratón entera.
Tan tonto.
Muchas miradas se centraron a mí, de seguro, al ser visto llegando como un humano normal y corriente, sin bajarme de un auto lujoso y locamente caro. Fue un sentimiento interesante de experimentar, siendo que jamás había tenido tanta atención sobre mí, pero no deseaba experimentarlo más que un par de veces. No era cómodo sentirme tan observado, como si fuese algún tipo de famoso.
En todo caso, y después de pensar mucho en ello, aunque sería algo complicado vivir siendo Selín, no sería un desafío adaptarme a vivir siendo un chico. Osea, sería refrescante poder andar como me viniese en gana sin tener que preocuparme por lucir como una marimacho... no es que me hubiese preocupado antes, pero las habladurías ya eran otra historia. Además, también era muy... ¿interesante?, tener cierta cosa colgandome entre las piernas, un poco incomodo ante la falta de costumbre, eso si, pero interesante al fin.
Y fue entonces cuando me di cuenta que la cuestión que antes me había hecho gritar de frustración ahora empezaba a ser más fácil de digerir. El doloroso erizo en mi garganta de había derretido al menos un poquito. Y al estar un paso más cerca de la aceptación total de mi situación, me fue inevitable recorrer el camino al aula de clases con una extraña sonrisa en mi rostro.
—Hey, Selín —me llamaron nada más atravesé el umbral de la puerta del aula.
No tuve que recurrir a los recuerdos de Selín para saber quién era el chico que animadamente me saludaba.
Ese hermoso y lacio cabello castaño corto, esos ojos azules claros y ese hermosamente marcado cuerpo que se notaba aun a través de su uniforme, no podían pertenecer a nadie más que a Ian, el protagonista alfa de la historia.
Además, por lógica era él, no es como que alguien más aparte de Ian le hablara a Selín en aquel salón.
—Hola, Ian —respondí al saludo y me acerqué a él, chocando nuestros puños mientras recordaba el saludo con el que siempre se reunían estos dos.
Fue tras ello que sin pensarlo mucho también saludé al resto de los chicos que habían estado hablando con el alfa antes de que yo llegara, pero quizás hacerlo fue lo suficientemente brusco e inusual para hacer que ninguno dijera una palabra en respuesta, por lo que pensé rápido en que sería bueno agregar al momento algo de la retorcida mala lengua del beta.
—¿No piensan saludarme de vuelta, imbéciles? —cuestioné y los miré con ojos amenazantes, como si el haberme tomado la molestia de dirigirles la palabra fuese algo que deberían apreciar y devolver.
A nivel personal, nadie le temía en realidad a Selín, pero todos le temían al poder que cargaba su apellido, aunque lo que no sabía nadie, ni siquiera Ian, era que él podía ser golpeado hasta la muerte, que su padre bien sería capaz de dejarlo morir y solo ocultar el hecho de que fue asesinado enterrando el incidente sin hacer el intento de vengarlo o salvarlo siquiera.
Rechinando los dientes, cada uno se vio obligado a devolverme el saludo. Entonces yo cambié mi expresión y les sonreí como si intentase imitar la viva imagen de un ángel, y diría que la imité bien, ya que algunos de esos chicos se sonrojaron ligeramente embelesados.
—Estas súper raro hoy —dijo Ian mirándome a la cara fijamente—. ¿Quién eres y qué has hecho con mi mejor amigo? —bromeó.
—¿Me creerías si te dijera que luego de atravesar un peligro de muerte desperté reivindicado? —dije, muy serio.
—Creo que tendría más sentido que fueras otra persona en lugar del Selín que conozco —respondió igual de serio.
Sentí como cada célula de mi cuerpo se paralizaba. Por muy en broma que fueran las palabras del castaño, ¿cómo rayos podía tener tan buena puntería para adivinar?
—No te bastaba ser alfa, ¿¡ahora también lees mentes!? —exclamé asustado medio que en broma, aunque siendo sincero, estaba aterrado.
Ambos nos echamos a reír con la escenita.
—Nah, pero hablando en serio —retomé—, estuve pensando en varias cosas y pues, no estaría mal hacer algunos cambios en mi vida, ¿sabes? —comenté, simple.
Si bien estaba ligando una verdad con un invento, la parte de los cambios era verídica en su totalidad, tal vez demasiado... y ya bastaba de carcomerme la cabeza por una cuestión sobre la que tenía nulo control.
Ian me observó en silencio y luego se encogió de hombros.
—Si eso es lo que sucedió entonces está bien.
Para mí sorpresa, el chico me creyó sin condiciones. O yo era buena diciendo mentiras o Ian era muy crédulo, y posiblemente fuera lo segundo.
Estuvimos hablando de todo y nada lo que restó del tiempo hasta que el profesor entró y mandó a todos a sentarse. Gracias a dios recordaba en qué asiento se sentaba Selín, de lo contrario, hubiese sido muy vergonzoso.
Cuando me acomodé, me fijé que el profesor no había entrado solo, sino que había un chico realmente lindo junto a él.
Un estudiante nuevo que se presentó como Noah Vellan.
La sola e inmediata mención de su nombre hizo que mi corazón saltara eufórico en mi pecho, y es que, ¿cómo no emocionarse? Tenía en frente al otro protagonista de la novela.
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Parejas Destinadas
Romance•●•●•●•●•●•●•●•●• ♤ EDITANDO HISTORIA ♤ Solía ser una chica normal, hasta que morí y reviví, reencarné, transmigré, no lo sé, en un mundo totalmente diferente y en el cuerpo de un mal personaje secundario de una novela que acababa de terminar de lee...
