Los inhibidores me hicieron efecto rápidamente.
Al parecer, mi estado como omega era inestable y vaporoso. Por lo que en cualquier momento podría comenzar a soltar feromonas de la nada debido a la manifestación tardía que traía consigo muchos efectos adversos.
En este mundo, al nacer, un diagnóstico inicial era entregado a la familia del recién nacido con las probabilidades de manifestación del segundo género. El porciento de este cuerpo como omega fue menos del 20% y como alfa menos del 5%, por eso nadie dudó en que Selín se convertiría en beta al crecer, o quizás en un omega muy recesivo, incluso más que Noah.
Desde los 12 hasta los 14 años ocurría la verdadera manifestación del segundo género. Si durante ese tiempo no experimentas ningún tipo de síntoma de cambio, eso te convertía en beta.
Selín había sido así. Pero ahora tenía 17 y se estaba manifestando de la nada y por primera vez como omega. El cambio ocurrió en una etapa en la que el cuerpo no estaba preparado por lo que le tomaría tiempo adaptarse a las nuevas características, o desarrollarlas, qué se yo.
Me senté sobre el colchón de la cama de mi madre y eché un suspiro.
Lo único que no podía sacarme de la cabeza era que Selín nunca se había manifestado como omega en la novela. No entendía por qué esto me pasaba a mí justamente.
¿Qué había sido diferente de la historia original? La respuesta fue inmediata.
El encuentro con la madre de Noah y con aquel policía... y enseguida me di cuenta.
El policía, ¡por supuesto!
—Madre, ¿es posible que me haya manifestado como omega debido a las feromonas de un alfa dominante que veía por primera vez? —le pregunté a madre con una inocente expresión.
La verdad no sabía si era o no dominante, pero no vendría mal exagerar un poco con los detalles. Tampoco es que encontrara otra razón convincente además de un alto grado de dominancia.
Ella se quedó pensativa mientras se sentada justo a mi lado.
—Supongo que puede pasar si tienen un alto grado de compatibilidad —contestó—. También puede ser porque sea tu pareja destinada.
¿Pareja... destinada...?
¡Y una mierda! Grité para mis adentros. La única pareja destinada que aceptaría en este mundo sería la de Ian y Noah.
No estaba interesada en nada como conseguir pareja, y aunque tener una experiencia emocionante con un alfa sería cumplir una fantasía sexual que había catalogado como imposible, me negaba a ir más allá de solo sexo. ¡Y con las parejas destinadas todo siempre iba más allá de solo sexo!
Así que me negaba a pensar en la diminuta posibilidad de que ese maldito moreno fuera mi alma gemela.
Y es que como se me volviera a acercar lo lanzaría frente a un camión de carga. Y entrando en temas de agresividad, bien podrían esperarse lo mismo esos malditos Blake que solo sabían fingir pulcritud.
Los haría caer hasta lo más hondo y recóndito del más profundo infierno.
—Pero, ¿qué te sucedió en el rostro, cariño? ¿Te golpearon? —preguntó de la nada y yo sentí un escalofrío de susto.
Todo pensamiento violento se esfumó de mi cerebero y empecé a pensar, de inmediato, en una excusa coherente que pudiese justificar que mi mejilla izquierda pareciera un huevo por lo hinchado y una rosa marchita por el color, aun cuando el parche ocultaba gran parte de tales características.
No sacaría nada positivo de decirle a mi madre que un alfa abusador había estado a punto de darme la mayor paliza de toda mi existencia y que por los pelos la había evitado. No importaba cuán buenas fuesen mis razones para ello, aunque tampoco es que pudiese decirle que había ido todo el camino contrario a mi casa para salvar a una mujer desconocida porque, por algún misterioso motivo, sabía que acabaría hecha papilla y su hijo también, y que eso haría que odiase con cada fibra de su ser a cada alfa restante y existente en el mundo y que yo por supuesto no podía permitir eso porque haría que él e Ian pasasen por los momentos más trágicos de su existencia y terminasen decidiendo que no servían juntos.
¿Qué rayos se suponía que debía decirle?
—Oh, esto... emm, solo me golpeé con algo en la escuela. No es nada grave. —afirmé con decisión.
Ella me miró suspicaz pero, reiterando, no sabría decir si es que yo era demasiado bueno mintiendo o la otra persona era muy crédula, porque sin dudarlo mucho aceptó la torpe excusa y, terminando la conversación con una sonrisa, recibí muchos inhibidores y me dispuse a ir al fin a mi habitación.
Me bañé y, estando más relajado, pensé en qué necesitaba una clínica discreta en la que evaluar mis recién adquiridas características. Necesitaba la ayuda de un profesional si es que quería ocultar que me había transformado en un omega. Por la tanto, busqué en internet por lo que se convirtió en una estresante hora y media hasta que al fin di con una clínica privada en las afueras de la ciudad, a una distancia de más o menos seis horas en bus. Un viaje largo, pero en definitiva necesario si quería que mis resultados no acabasen en manos de esos que me venderían por negocios o me... dios santo, ni recordarlo era bueno para mi salud mental.
Suspiré y agendé una cita para la tarde del día siguiente.
El plan era simple, me saltaría la escuela e iría al médico. Para ir con seguridad a un lugar lleno de feromonas que nunca había sentido antes, primero debía estar completamente seguro de que mi lado omega no se activaría o que de hacerlo podría suprimirlo de inmediato.
Esperé ansioso que pasara la noche. No se puede decir que dormí bien pero tampoco atravesé una noche de insomnio. Así que me levanté medio cansado y medio renovado.
Me vestí casual y salí de la gran y asfixiante mansión cerca de las 7 de la mañana. El viaje sería largo y no podía llegar tarde a mi cita.
Caminé hasta la parada más cercana y luego de 10 minutos de espera, tomé el bus que me llevaría directo a la benditamente desconocida clínica.
Era más de mediodía cuando me bajé habiendo llegado a mi destino.
La clínica era hermosa por fuera y poseía un aire limpio y decente. El edificio de tres pisos de color celeste y muchas plantas ornamentales alrededor no llamaba mucho la atención y era perfecto desde fuera.
Esperaba que el servicio fuese igual de bueno que la fachada del centro.
Atravesé las puertas de cristal y hablé con la recepcionista para hacerles saber que tenía una cita, aunque era un poco temprano todavia, y luego de hacer una llamada, me dijo que como no había nadie más, podría entrar ahora mismo.
Perfecto, pensé. Y aunque sabía que la clínica no era muy conocida, me sorprendió en qué medida.
La enfermera con el ajustado uniforme blanco y el ondulado cabello castaño recogido en un moño me indicó el camino y una vez atravesé la puerta de la oficina a la que había sido dirigido, me detuve en seco a la vez que un penetrante aroma atacaba mi olfato. Una crispante frase se escapó de mis labios entonces.
—¿Pero tú por qué mierda estás aquí?
Me refería al policía responsable de mi nueva condición de omega.
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Parejas Destinadas
Romance•●•●•●•●•●•●•●•●• ♤ EDITANDO HISTORIA ♤ Solía ser una chica normal, hasta que morí y reviví, reencarné, transmigré, no lo sé, en un mundo totalmente diferente y en el cuerpo de un mal personaje secundario de una novela que acababa de terminar de lee...
