Me costaba creer los que mis oídos habían escuchado. Aún estaba jadeante y lleno de deseo, sintiéndome frustrado ante aquel repentino detenimiento, pero más que eso, estaba avergonzado de cómo me había dejado llevar y de cómo había sido él quien me había traído de vuelta a la realidad.
Precisamente él.
Pensé que tenía mejor autocontrol, pero al experimentar todas estas extrañas sensaciones por primera vez, no pude actuar tan fuerte como habría querido. Subestimé demasiado el instinto de un omega.
Lo miré a los ojos, mareado, y noté la resistencia en sus movimientos cuando lentamente me dejó ir de entre sus brazos, marchándose justo después y dejándome solo en la amplia estancia que, por un largo rato, se sintió más enorme y más vacía de lo que me había parecido en un inicio.
Minutos después, vi que regresaba con un inyector en su mano derecha.
—¿No tienes pastillas? —pregunté al ver la gruesa jeringa del pequeño aparato de metal.
No me agradaban mucho las inyecciones, o quizás solo quería imaginar que las odiaba para deshacerme del recuerdo de lo que había acabado de pasar.
—No —respondió él—. Y tampoco es que tenga muchos supresores para omegas, agradece que mi hermano haya dejado algunos en alguna de sus visitas—dijo con voz grave y baja, acercándose, una vez más.
Miré su rostro en ese instante. Lucía más calmado, aunque solo un poco. Seguro acababa de ponerse un supresor tal como ahora estaba haciendo conmigo.
Fue entonces cuando me tomó del codo y me dirigió hacia el asiento más cercano, pasando un pequeño algodón con alcohol por mi brazo e inyectándome en menos de diez segundos.
Un sudor frío recorrió mi cuello y espalda como respuesta, aunque...
¿Como respuesta a la inyección o como respuesta a su tacto?
Siendo sincero, no sabía.
Siendo directo, tampoco quería averiguarlo.
—¿T-Tu hermano? —inquirí, apartando la mirada e intentando concentrarme en cualquier cosa que no fuese el modo en que Aran había envuelto su caliente mano alrededor de mi brazo, mientras retiraba el inyector.
—Aaron, el doctor que fuiste a ver la última vez que nos vimos —me aclaró.
Sabía que tenían algún tipo de parentesco, eran demasiado parecidos.
—Entonces debo agradecerle la próxima vez que lo vea —dije.
Aran se alejó entonces de mí y yo pude, al fin, respirar en paz. Aunque la razón de tal paz era ajena totalmente al efecto del medicamento, pero fingí no saberlo, no pensarlo... joder, ni siquiera era bueno imaginarlo.
Suspiré. Él habló.
—Si quieres que sepa que tenemos la clase de relación en la que te ayudo a calmar tus celos, pues dile —advirtió, como respuesta a unas palabras que había dicho casi por inercia.
Y casi me ahogo con mi propia saliva al caer en cuenta de que ni loco debía permitir que tal cosa pasara. Nunca.
Aran sonrió silencioso ante la mueca que se dibujó en mi semblante, pero no dijo una palabra al respecto, sólo observé como movía su nariz olisqueando el aire y luego, tensaba cada simple músculo visible desde su holgada vestimenta.
Caliente.
—Aún huele a feromonas, será mejor que tomes un baño —me aconsejó—. Te llevaré luego a casa.
Yo no me quejé y solo seguí su consejo. Me escabullí pronto al lugar señalado, escapando de ese dónde estaba él.
No me sorprendió encontrar un cuarto de baño tan vacío como cualquier otra habitación de la casa y solo me dispuse a meter mi cuerpo en las tibias aguas de la bañera tras desnudarme.
La gustosa temperatura del líquido hizo que todos mis músculos, rígidos y torcidos, se relajaran hasta el punto de evitar que pensara en nada. Ni en la hora, ni en todo lo que había pasado, ni con quién habían pasado. En nada, solo en la más completa calma a la que era capaz de rendirme.
Unos minutos después, salí encontrando mi ropa limpia y doblada sobre la cama.
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Parejas Destinadas
عاطفية•●•●•●•●•●•●•●•●• ♤ EDITANDO HISTORIA ♤ Solía ser una chica normal, hasta que morí y reviví, reencarné, transmigré, no lo sé, en un mundo totalmente diferente y en el cuerpo de un mal personaje secundario de una novela que acababa de terminar de lee...
