< 12 >

450 61 14
                                        

En lo personal, siempre he sido una persona bastante anticuada respecto a los modos de comportarme.

Quiero decir que jamás me planteé salir con un chico con el que recién me relacionaba así, tan de la nada.
Mi época adolescente fue absolutamente centrada en mis estudios y mis amigas. Féminas, cabe especificar. Por eso mismo, tampoco tuve muchas citas, a esa edad ni siquiera pensaba en el sexo opuesto, joder.
Y ahora estaba aquí, en el cuerpo de un adolescente, experimentando una atípica adolescencia... aunque en mi cabeza siguiera con la mentalidad de una mujer casi llegando a los 30, y sin embargo, planeando saliditas con chicos, alfas, que no sabía qué tipo de intenciones desarrollarían por mí en el futuro. Aunque de verdad que esperaba que no desarrollara ninguna, porque meterme con un niño tan pequeño sería un puto delito... y rechazarlo pondría las cosas incómodas.

Suspiré.

La tarde no demoró en llegar junto con el fin de las clases y conmigo autoconvenciéndome de que todo era por el bien de la pareja destinada implicada y que no había nada de malo en salir con un chico con el que me había amistado. Chico que fue demasiado lento recogiendo sus cosas, provocando que Ian nos atrapara antes de poder huir.

Le gruñí en voz baja al alfa de cabello rizado y el me devolvió una cara de disculpa.

Andamos casi la mitad del camino intentando escapar de Ian y Noah, hasta que por fin, logramos desviarnos en silencio en una de las calles adyacentes ya casi llegando a casa de Ian. Los chicos estaban demasiado concentrados hablando entre ellos delante de nosotros como para mirar hacia atrás para ver si aún estábamos siguiéndolos, así que, avisando a Alex con un suave codazo, corrimos por unos minutos hasta llegar a un parque en la dirección opuesta a los otros dos.

Como aviso, solo le mandé un mensaje a mi mejor amigo diciéndole que disfrutara de su tiempo a solas con Noah y que no fuera menso.
Era inaceptable entrometerse en aquella situación. Dejarlos a sus anchas sería la mejor elección.

Eso esperaba.

—¿Ya estás cansado, Alex? —le pregunté viendo que iba a sentarse en uno de los bancos del parque, jadeando—. Qué alfa más enclenque —me burlé con una expresión satírica.

—Qué gracioso —dijo sarcástico, mirándome mal—. Lo impresionante es que tú no estás cansado con lo flaco que estás —dijo con algo de desconcierto—. ¿Acaso eres de hierro o algo así?

Yo solo supe reírme.

—Si fuese de hierro apenas podría dar un paso sin crujir como chatarra —y suspiré fingiendo patetismo—. Dejando las bromas, ¿ahora qué? —pregunté.

—Mmmm... ¿por qué no pasamos por el cine? Hay una peli que quiero ver —dijo Alex.

—Mientras no sea de terror, todo bien. —respondí en consecuencia.

—¿Te dan miedo las películas de terror? —preguntó en tono burlón—. Sigues siendo un bebé.

—Prefiero eso a ser un alfa tan endeble como cierta persona —y lo miré de reojo.

El contraste entre su físico musculoso y su resistencia miserable llegaba hasta el punto de ser lastimoso.

—Dudo con todas mis fuerzas que dures más de una ronda —suspiré.

—¿Una ronda? ¿De qué? —preguntó.

Lo miré con una ceja levantada.
¿En serio preguntaba eso?

En cualquier mundo, todo adolescente hormonal de 17 años comprendería a qué me refería sin importar cuán inocente fuese, incluso yo habría sido capaz de entenderlo en esos años.
Sin embargo, su expresión ignorante e ingenua no cambió.

Parejas DestinadasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora