Mantuve mi silencio frente a Illya y su manera de salir de la nada como si fuese un espectro esperando para asustarnos. No lo hizo. Elegí cerrar mi boca mientras me dedicaba a observarlo de pies a cabeza con una discreta actitud evaluativa.
El chico era poco más alto que Noah y con una esbeltez peculiar. Cabello negro, ojos grandes de un tono grisáceo y con una fluidez grácil en cada uno de sus movimientos. Siendo honestos, el omega era hermoso.
Pero luego abría esa grosera boca y todo lo bello de su imagen se estropeaba como pisoteada por un animal salvaje.
Y quizás el animal fuese él mismo.
—Qué singular combinación —dijo él, observándonos con una sonrisa tan llena de sí mismo que por un instante muy, muy pequeño, sentí lástima por él.
Yo, en mi voto de silencio, ni siquiera reaccioné a sus palabras, y Noah tampoco hizo amago de querer darle respuesta alguna, aunque contrario a mi imperturbable semblante, la cara del castaño a mi lado era como un volcán reuniendo calor para explotar.
—¿Te agradó el pequeño regalo de esta mañana, recesivo?
Un tic apareció en la ceja derecha de Noah. Yo seguí sin reaccionar.
—Qué estupidez —gruñó el castaño con voz contenida—. ¿Estas tan falto de atención que lo único que se te ocurre es ponerte a molestar a otros? —cuestionó con el ceño arrugado y una mueca desagradable en su rostro.
La sonrisa sardónica de Illya se tambaleó en las comisuras de sus labios. Quizás no creía al castaño capaz de decir una palabra para enfrentarlo solo porque lucía tan tímido y miedoso. Como fuera, el acosador solo fingió que aquello no lo había sorprendido y, con la misma expresión arrogante de quién nunca ha conocido la derrota, miró a Noah con desdén.
—¿Qué ve él en alguien como tú? No tienes nada bueno —musitó, lo suficientemente alto como para hasta yo lo escuchara.
—Y aún así soy mejor que un omega engreído que no tiene ni idea de cuán ridículo y arrastrado luce en este instante.
Era hasta cómico, porque aún cuando Noah parecía tan serio y cortante, en realidad tenía nula idea de qué rayos había querido decir Illya antes.
En la historia original, el omega no fue consciente del acoso de Illya hasta que este se volvió demasiado enfermizo como para esconderlo. Difícilmente sabría nada en este momento. Por ello la situación era tan ridícula.
—Solo eres un desagradable recesivo con feromonas sosas que apenas se sienten, qué difícil sería que alguien reaccione a ellas sin vomitar.
La cosa es que Illya siempre quería dañar a Noah, por cualquier medio. Y qué mejor forma de hacerlo que señalar las carencias más pronunciadas de su segundo género. A casi todos les afectaba sentirse menos. No era el caso con Noah... o no la había sido antes. Era diferente en este momento donde la cabeza del omega estaba en lo ocurrido con Ian en una desafortunada malinterpretacion de las acciones tomadas. Y cuando noté la tensión inmediata en el rostro del castaño, tensión que no pasó desapercibida para el otro chico tampoco, decidí que mejor no seguir en mute a menos que quisiera que mi conversación de antes acerca del atractivo de Noah fuese a parar al más recóndito olvido.
Avancé un paso y me dirigí a Illya, decidido... o resignado.
—Solo sabes hablar de feromonas y toda esa mierda —dije—. ¿Acaso eso es lo único de lo que puedes presumir?
Illya me miró de pronto, con esa mirada que, juro, podría atravesar hasta una pared de concreto.
—¿Acaso es mi culpa que sea biológicamente superior a ustedes? —se jactó—. Aunque no es algo que un simple beta y un pobre recesivo puedan entender por mucho que se esfuercen.
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Parejas Destinadas
Romance•●•●•●•●•●•●•●•●• ♤ EDITANDO HISTORIA ♤ Solía ser una chica normal, hasta que morí y reviví, reencarné, transmigré, no lo sé, en un mundo totalmente diferente y en el cuerpo de un mal personaje secundario de una novela que acababa de terminar de lee...
