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No le insistí más a Ian para que no se sintiera presionado, aunque estaba seguro de que había ocurrido algo más de lo que me estaba contando. Obligarlo a decírmelo solo haría que se sintiera acorralado y más deprimido, así que decidí esperar que organizara su cabeza y cayera en cuenta de que no podría hacer nada por él si no hablaba de lo que le sucedía.

La espera fue, seamos sinceros, estresante. Incluso después de llegar al salón de clases y salir de él, habiendo concluido la lección, Ian seguía con sus labios tan sellados como una puerta con muchos cerrojos.
No fue hasta el horario de almuerzo que Ian abrió la boca por primera vez desde que me había saludado al llegar.

—En realidad —dijo de repente—... ayer sí pasó... algo.

¡Al fin! Grité para mí mismo, despegando mi atención del pan dulce en mi mano, mi digno almuerzo.

Con una mirada curiosa, observé al joven alfa que jugueteaba con su comida sin querer darle un bocado siquiera. Me preocupé. ¿Habría ocurrido algo realmente malo ayer?

La ansiedad me mataba.

Él continuó.

—Es que... cuando Noah entró en celo... ya sabes, yo no pude oler nada de él y por supuesto que no lo noté —contó—. Él... empezó a actuar raro de repente. Estaba agitado y creo que ni me enfocaba. Pensé que estaba enfermo —susurró, algo apenado—. Y de repente Noah solo se me lanzó encima y yo... yo entré en pánico...

El sollozo nervioso de Ian comprimió mi corazón. No supe qué pensar.
Aquella no era una situación del todo inesperada, pero seguía siendo precaria.

—Yo... no tenía idea de por qué estaba actuando de una manera tan... extraña —continuó—. Me puse nervioso y yo... solo... lo aparté con fuerza —un suspiro que contenía más arrepentimiento que cualquier otra cosa salió de sus labios— pero entonces él sólo empezó a llorar tan desconsoladamente... parecía como si estuviese muriendo...

Fruncí los labios.
Noah era un omega naturalmente cariñoso, y estar en celo lo volvía más empalagoso de lo normal. Podía entender bajo qué emociones se había lanzado hacia el alfa frente a él, así como sabía que debió haber sido en extremo doloroso ser rechazado por su destinado cuando lo que más anhelaba era ser mimado por él... aún cuando no estuviese consciente del hecho de que él e Ian fuesen una pareja hecha en el cielo.

El castaño solo siguió hablando, cabizbajo.

—Mamá entró casi un instante después. Escuchó el llanto y entró agitada a la habitación... fue ahí cuando descubrí que Noah estaba en celo —calló un rato, mordiendo su labio inferior—. Dios, me siento tan idiota —musitó, tapando su cara con las manos—. Noah debe odiarme ahora... —lloriqueó.

No dije nada. No me atrevía a opinar sin haber escuchado primero a Noah, aunque estaba seguro de que no lo iba a odiar por algo como esto.
Sí, le resultaría extraño que siendo un alfa, Ian hubiese tenido un comportamiento tan de beta, pero ¿odiarlo? Eso no lo veía posible.

—Ni siquiera se me ha acercado en todo el día, Selín —continuó gimoteando, lamentándose.

Parecía un cachorro abandonado bajo una intensa lluvia nocturna.

—Pero ¿sabes?, en realidad si sentí algo de... excitación cuando pasó eso ayer —dijo, algo tímido—. Pero no sabía por qué estaba así de caliente y eso me hizo ponerme más nervioso —contó con frustración—. Pensé que me estaba volviendo un pervertido...

—¿Por qué serías un pervertido? —le pregunté de inmediato, levantando una ceja—. Eres un adolescente, por dios. A esta edad es cuando más se alborotan las hormonas. Excitarte es normal cuando estás con alguien que te gusta —dije lo obvio—. Sería más raro que no te calentaras, en serio.

Parejas DestinadasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora