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Wonwoo




Siempre pensé en mí mismo como la clase de tipo que mantiene la calma y siempre sabe qué hacer en una emergencia. Una vez, rescaté a una pareja ahogándose en el océano, y todo el mundo alabó mi comportamiento frío y mi rápido pensamiento.

Bueno, eso ahora ha desaparecido. Mi cerebro está lleno de ruido blanco. Mi habilidad para pensar ha abandonado la habitación. Y todo por la mirada en el rostro de Mingyu mientras el policía lo metía en la parte trasera del auto patrulla.

Era pánico. Auténtico terror.

—¿Dónde estaban, de todos modos? —me pregunta Shownu. Estamos en el salón de la fraternidad. Estoy sentado en un sofá con el teléfono en la mano. Pero no puedo pensar en qué hacer.

—Fuera de la ciudad —contesto.

—¿Para qué?

—Solo salir de la ciudad —espeto—. ¿Desde cuándo necesito dar explicaciones?

—Tiene una buena razón para tener curiosidad —argumenta Changkyun—. Los policías buscaron en la habitación de Kim. Tenían una orden. Namjoon tuvo que abrírsela, y pasaron como cuarenta minutos allí.

—¿Buscando qué? —digo con la voz rota. He estado en la habitación de Mingyu docenas de veces. No es muy grande, y no hay nada que esconder. Lo único que me sorprendió de la habitación de Mingyu fue el pequeño refrigerador bajo el escritorio donde guarda queso y manzanas.

—Ni idea —contesta Changkyun—. Pero no puede ser bueno.

—Tendrá algo que ver con su hermano —interviene Eunwoo—. Ese tipo es espeluznante, e irrumpió en la habitación de Mingyu el viernes.

—Espera. ¿Lo hizo? —pregunto—. Kim no me lo contó. Todo el mundo me mira.

No sé qué hacer. A Mingyu no le gusta que nadie sepa sobre su vida. Definitivamente no quiere que nadie sepa sobre nosotros. Y, por otro lado, la policía acaba de llevárselo en el auto patrulla. No puedo fingir que no me importa lo que suceda ahora.

—¿Namjoon? —llamo, buscando a nuestro presidente.

—¿Sí? —Está justo detrás de mí.

—¿Qué se hace si alguien es arrestado? No puedo pensar correctamente ahora mismo.

—Bueno, necesitas un abogado si van a presentar cargos. Alguien que hable por ti en la lectura de cargos.

Bien, de acuerdo.

—¿Cómo sabemos si le leerán los cargos?

—Le leyeron sus derechos —comenta Shownu—. No lo hacen si solo te llevan para hacerte unas preguntas, ¿cierto?

—No lo sé. —Y ahora mismo me siento muy ignorante. Ver programas policiales en la televisión no me da mucho con lo que seguir—. Si fuesen llevados a la comisaría, ¿qué querrían que hiciesen sus hermanos de fraternidad?

Hay otro silencio y alzo la mirada a los rostros de mis amigos. Todos me miran con expresiones que van desde la ignorancia a la sospecha.

—No veo cómo esto es nuestro problema —asegura Changkyun. Y eso me enoja.

—¿En serio? Si fueses tú, ¿se supone que solo fuese arriba y terminase mi trabajo de biología?

—Pero la policía no vino a buscarme —argumenta Changkyun—. Así que no es relevante. ¿Qué tienes con Mingyu, de todos modos?

Lo ignoro. Tomo mi teléfono y pulso el número de mi padre.

Afortunadamente, me responde al instante.

—¡Wonwoo! Hablemos sobre esas prácticas…

—Papá —interrumpo—. Olvídalo ahora mismo. Necesito ayuda. Kim Mingyu está en problemas.

Le lleva un segundo responder.

—¿Cuál es el problema, Won?

—Volvíamos a la ciudad…

—Pensé que estabas en un hotel con Mina.

—Solo porque lo creyeras no significa que se volviese realidad — gruño—. Pasé el fin de semana en un hotel. Pero no con Mina.

Hay otro silencio y me pregunto si voy a tener que deletreárselo.

—Oh. —No se me escapa el peso de entendimiento que pone en la palabra.

—Sí.

—Oh —repite. Suspiro.

—Puedes recomponerte de eso más tarde. Ahora mismo necesito que te centres en esto; Mingyu fue arrestado en el momento en que volvimos. ¿Qué haces si alguien es arrestado?
—¿Alguna idea de los cargos?

—No tengo ni idea. Y por lo que pude saber, tampoco él. Pero su hermano es un mal bicho y conoce bien las actividades ilegales.

—Necesitas un abogado defensor —dice papá de inmediato.

—¿Conoces a alguno?

—Tiene que ser alguien que ejerza en Gyeonggi-do . Dame veinte minutos.

La línea se corta. Aunque mi cerebro lo está asimilando, así que me siento allí con el teléfono en la oreja un buen instante antes de levantar la mirada.

Una docena de hermanos de fraternidad me están observando, boquiabiertos.

—¿Qué? —espeto.

—¿Kim y tú…? —Shownu no puede obligarse a terminar la frase.

—¿Nos fuimos de fin de semana? —lo reto—. Sí.

—Uh… —Simplemente parece perplejo. Y no puedo soportar esto ahora mismo.

—Lo que sea que estés pensando, adelante, piénsalo. Tengo que estacionar el auto antes de que se lo lleve la grúa. Y tengo que conseguir un abogado para Kim. —Me levanto.

—Estacionaré tu auto —se ofrece Shownu. Extiende la mano por las llaves—. Me encargo de esto. Solo ocúpate del resto.

—Oh. —Respiro hondo—. Gracias. Le entrego las llaves.

Nadie más se mueve.

—Por favor, dime que Kim Mingyu y tú no están… —Changkyun parece a punto de vomitar.

Al parecer todo el mundo olvidó cómo terminar las frases mientras estuve fuera.

—¿Y qué si lo estamos? No es asunto de nadie.

—Jesús —sisea—. Eso explica muchas cosas.

—¿Sobre qué? —gruño.

—Te convirtió —dice Changkyun—. Así podía hacerse con la presidencia. Convirtió al tipo heterosexual. Eres una gran muesca en su cinturón, ¿cierto? ¿También te pidió dinero?

—¡QUE TE JODAN! —grito, levantándome.

—Nah, no me va eso —espeta Changkyun—. No importa lo buenas que sean las mamadas. ¿También te enseñó eso?

Y ahí es cuando me lanzo a por él.

TPS- MEANIE - MINWONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora