(Augusto)
Sonreí de lado cuando escuché su gimoteo. La tenía justo como la había querido tener desde hace mucho. Y cuando digo desde hace mucho, hablo desde cuándo la conocí, sí, era menor de edad pero mi mente ya volaba con todo lo que quería hacerle, atarla como lo está ahora era una de ellas.
A veces dejaba salir a jugar a mi yo dominante, lo dejaba ser y divertirse un poco, me gustaba. No era algo permanente pero de vez en cuando salía a la luz en el sexo y cuando lo hacía... Sonreí de nuevo de solo pensarlo. Me gustaba tener el control, no lo niego, me gustaba mucho ser quien daba las órdenes, aunque cuando se trataba de ella fallaba porque no las acataba como debía, era una odiosa obstinada.
Había algo en mi yo dominante que me excitaba, el hecho de controlar cuando podía venirse, que tan alto debía gemir o si quería verla solamente, me excitaba y duro. Mi noche de juegos duraba horas dónde me regocijaba viéndola doblegarse ante mi mando. Lo disfrutaba.
Pase la yema de mis dedos suavemente por su abdomen desnudo sonriendo cuando se estremecía bajo mi toque. Su piel estaba caliente por el deseo.
-No te imaginas lo que me pone verte así -me moví por toda la habitación, observandola, vistiendo solo unos pantalones holgados.
Ví con satisfacción como mordía su labio inferior con fuerza, provocandome, ella sabía lo que eso causaba en mi y aún así lo hacía.
-Gus... -susurró
Me acerqué hasta su cuerpo pellizcando uno de sus pezones como reprimenda, jadeo alto, recordando que estaba prohibido gritar o gemir. Sabía las reglas y aún así las rompía, ¿Que iba a hacer con ella?
Suspiré alejándome, era un tortura para mí también tenerla de ese modo; desnuda, amarrada a la cabecera de la cama y con los ojos vendados. Sus gimoteos bajos me alentaban todavía más a seguir en el juego. Susurraba cosas intendibles mientras se removía a la espectativa de mi próximo movimiento. A veces introducía un dedo dentro de ella de repente, o le mordía el labio con fuerza, también azotaba sus muslos, todo eso sin tardarme menos de un minuto. Ella sabía que palabra tenía que decir si se sentía incómoda o si sobrepasaba el límite, era parte de las reglas también.
-¡Por favor! -chillo cuando mordí suavemente el costado de su cuerpo
Que educada era. Me parecía una maravilla tenerla de este modo. Decidí ponerle fin a la espera.
Quité mis pantalones holgados quedando, al igual que ella, sin nada de ropa. Fui dejando un camino de besos desde su entre pierna hasta su boca, estaba más sensible de lo normal por mi culpa, me gustaba eso, ¿Que tan hijo de puta me hace sonar? Estuve mucho tiempo anticipando su orgasmo así que cuando me introduje en ella y sentí sus paredes apretarme deliciosamente gruñí como un puto puberto. Me quedé quieto, sin mover ni un solo músculo esperando su reacción.
-Señor... -murmuro en un gimoteo que me hizo sonreír.
Ah, así que si se sabía las reglas. La detuve por la cintura cuando hizo un ademán de moverse buscando más fricción.
-Mier... Rayos, por favor.
-¿Que quieres?
-Que se mueva... Señor.
-¿Que velocidad quiere la princesa? -arrastre la punta de mi lengua por su mentón.
Su respiración estaba hecha un desastre, su piel estaba resbaladiza por el sudor, su cabello despeinado mientras que jadeaba con los labios hinchados y rojos entre abiertos.
Me enamoré de nuevo.
-Rapido, por favor. -respondió como niña buena.
Bueno, de todos modos yo soy el que manda entonces no me molesté en escuchar su pedido si no que me moví despacio, muy muy despacio. Me movía despacio tomandome mi tiempo que a decir verdad se estaba agotando, estaba a punto de enloquecer.
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Del odio al amor✓ (EDITANDO)
Teen FictionDicen que del amor al odio hay solo un paso, en este caso será viceversa Del odio al amor, hay solo una delgada línea que los separa. ¿Quien la pasará primero? ¿Será Augusto Parker? -¡¡ESTOY MALDITAMENTE ENAMORADO DE TI!!, ¡¡¿PUEDES ENTENDER ESO...
