Extra dos.

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Pedida de matrimonio.


(Augusto)

—¡Annie no me jodas!

—Vete, no quiero verte.

—¡No me iré de aquí sin que me escuches!

—¡Basta, deja de gritar como un loco! ¡Los vecinos deben estar escuchando todo!

—¡Abre la maldita puerta entonces!

—¡Vete, Augusto, lárgate otra vez!

Gruño de frustración mientras me paso las manos por la cara.

El sonido de mi móvil me hace suspirar con resignación y alejarme de la puerta del baño para ir en su búsqueda por toda la habitación hasta que finalmente lo consigo. Lo primero que escucho es su voz aguda.

L-Lo siento, Augusto, yo no...

Tranco la llamada antes de volver a la puerta del baño.

—Annie...

—Basta, te pasaste está vez, ya basta —escucho como sorbe por su nariz y yo solo quiero pegarme un tiro —. Vete, Augusto, lárgate.

Resoplo apunto de la desesperación. Ella tiene que escucharme y dejar que le explique la situación, no es como cree, no lo es.

Pego mi frente a la fría puerta escuchándola llorar bajito. La he lastimado está vez, la he cagado, ella va a odiarme cómo en el pasado. No ha sido mi culpa... O quizá si, es mi culpa por no marcar los límites con esa mujer, es mi culpa por dejar pasar sus insinuaciones sin pararme a pensar en qué a Annie le haría daño pero no puede reprocharme nada cuando ese tipo estaba a su alrededor también.

—No fué... No es como lo imaginas, odiosa —murmuro deslizándome hasta quedarme sentado frente a la puerta.

—No te atrevas a llamarme de ese modo —su voz está cargada de ira.

—¿Puedes abrir la puerta?

—No.

Gruño ante su negativa.

—Voy a quedarme aquí toda la jodida noche hasta que salgas y hablemos como los adultos que somos.

—Oh, ¿Me está diciendo que estoy haciendo un berrinche?

—Lo haces al encerrarte en ese puto baño y no dejar que te explique.

—¿Sabes por dónde te puedes meter tus explicaciones?

Estaba acostumbrado a discutir con ella, es cierto, discutimos unas dos o tres veces por día y depende del clima que haya. Pero todas y cada una de ellas fueron peleas sosas y hasta me divertía haciendola rabiar. Nunca habíamos discutido cómo ahora.  

Por una mujer.

Sobre todo porque para nadie es un secreto que atraigo la mirada de muchas de ellas y a pesar de eso mi novia nunca se sintió ni un poco intimidada por ese hecho cosa que me ponía muy duro y muy encantado, ahora la situación es distinta.

Y no es que se sienta intimidada o no lo sé, la cosa es que... Mierda, la cosa es que en la situación en la que nos consiguió se prestó para malinterpretar la escena.

Ella me besó.

Y no me siento orgulloso de ello, de hecho, furioso sería la palabra correcta.

—Ella me besó, lo viste con tus bonitos ojos, viste cuando la aparté, viste cuando le respondí cabreado que se fuera de mi oficina. —ella tendrá que escucharme si o si —, viste todo eso, Mon Amour.

Del odio al amor✓ (EDITANDO)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora