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Gritos ahogados se desprendían en toda la habitación, Alisson ya no hacía Cortes tan profundos pues no quería matar a Gianluca aún pero ver como Aldo sufría era algo horriblemente perfecto para ella.

Gianluca parecía más débil quizá se desmayaria en poco tiempo, Alisson aprovecharía ese momento para acabar con Aldo de una vez.

La siguiente jeringa no sería solo para mantenerlo casi inmóvil sino una para detener su corazón, lo haría sutilmente para que cuando lo encuentren piensen que no aguanto el dolor y murió casi naturalmente.

y sucedió, Gianluca cayó inconsciente nuevamente y Alisson volvió donde Aldo.

—Mira, toda esta sangre es por ti—hablaba ella feliz mientras con una mano levantaba el rostro de corzo.—Oh, tranquilo bebito apenas comienzo con él, tú ya tuviste demasiado tiempo y creo que vamos a terminar con esto de una vez.

—No...No le hagas nada...

Aquí comienza la tortura del peruano pues la mujer cogio una soga ahorcandolo, ella le reprimía de oxígeno hasta el punto de casi caer desmayado pues justo en ese momento lo dejaba respirar para luego poder hacer lo mismo otra vez.

Cuando por fin se aburrió sacó la jeringa de su bolsillo y se acercó a corzo, por fin acabaría con él.

Una sonrisa de satisfacción se mostraba

Solo que... cometió el error de descuidar su espalda.

Ahora ella se quedaba sin oxígeno, Aquellos cables que había usado para atar a Gianluca los ahorcaban.

Se desesperaba intentando safar pero la fuerza del italiano era mayor, la ira y el rencor lo hacían disfrutar eso. Ahora Alisson estaba por morirse al fin

La soltó, tuvo que hacerlo al final dejando a la mujer inerte pero no muerta, su pulso era débil

No podía volverse un asesino por su culpa, ella seguramente había planificado que eso pasara para aún después de muerta seguir destruyendo su vida.

Tomo a Aldo entre sus brazos llorando amargamente, el peruano apenas sentiste aquello e intentaba aferrarse a su amor con cuidado de no afectar más sus heridas.

—Todo estará bien sebastian—habló como pudo el italiano aún llorando y besando la frente de este.—Están viniendo por nosotros amor.

Definitivamente sus cuerpos estaban en su contra pues estaban demasiado débiles hasta para levantarse y correr de aquel lugar antes que la mujer se levante o llegue el otro infeliz que ya estaba brillando por su ausencia.

—Ahhh—Exclamó el italiano levantándose y apoyando a corzo a su hombro para ir directo a la salida.

Tenia mucho miedo, todo ahí dentro era oscuridad sin embargo afuera ya era de día, la puerta estaba a pocos metros pero el cansancio nuevamente lo hizo caer de rodillas al lado de una ventana cubierta por maderas tan solo revelando pocos destellos de luz.

—Aldo..necesito de ti por favor—hablo este tratando de que corzo recuperara algo de fuerza pues entre los dos este era el que no había recibido tantas heridas físicas.—Ayuda..me un poco—decía con poca fuerza, aldo lo intentaba y ahora estaba levantándose poco a poco.

Aldo se levantó dándole la espalda, Gianluca estaba recostado y en aquel momento pasó.

Aldo volteó viéndolo fijamente, sus ojos se conectaron por un momento y el italiano vio en aquel aldo destrozado el reflejo de lo que alguna vez fue el Aldo sonriente, aquel que siempre era un amor para todos, aquel que no merecía pasar por todo esto.

—Perdón—Habló el italiano llorando y dándose cuenta que ahora el era la carga.

Los pasos se escuchaban, el estrés intentaba aparecer nuevamente pero ers difícil ahora que ambos se desprendían tanta confianza y dolor.

—Siempre fue mi culpa, yo la traje a ti

—Y yo te traje a Eddie, Perdoname tu a mi Gianluca

Aldo se acercó a Gianluca tomando su mano, Gianluca cerro levemente los ojos cuando los labios del peruano tocaban los suyos, su corazón latía nuevamente creando entre ambos una especie de barrera que no se inmutaba a pesar de los pasos cercanos, ya no importaba nada ahora.

—Te amo Aldo corzo

—Yo te amo más Gianluca lapadula

Gianluca separaba su mano de Aldo sonriendole

—Vete, Corre por los dos.

Aldo se alejó a fuerzas con esperanza de ayudarlo como sea posible, al cruzar la puerta aquella barrera se habis acabado, la inseguridad, el dolor y el estrés regresaban ferozmente.

Ahora debía correr por su vida obligado a seguir adelante desprendiendo dolor con cada paso.

Amore a Domicilio | LAPACORZODonde viven las historias. Descúbrelo ahora