Capítulo 24- Las Aventuras De Sherlock Holmes

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Mientras el sol caía y el brillo de las estrellas tomaba fuerza, el frío comenzaba a calar en lo profundo de los huesos y la imagen de sus brazos rodeando la suave cintura de Louis estaba cada vez más presente.

Estaba anocheciendo y la pregunta seguía vagando incesante en su cabeza.

¿Debería dormir en su propia habitación o podría ir a dormir al lado de Louis? En caso de ir a dormir con Louis, ¿El chico se lo permitiría? ¿Le pediría que se marche? ¿Le diría algo? ¿Lo ignoraría por completo?

¿Siquiera seguía Louis en la casa?

El simple hecho de imaginar que Louis se había ido y ya no había oportunidad de cambiar las cosas le producía un sentimiento de impotencia y vacío enorme.

Fue entonces cuando Harry lo entendió, Liam tenía razón, quien teme al amor no merece ser poseedor de tan puro sentimiento. Tomó el vaso de tequila que lo había estado acompañando en silencio durante toda la tarde y de un solo trago lo vació.

Había llegado el momento de dejar de temer.

Se dirigió a paso firme en dirección a la habitación de Louis, durante el camino trató de encontrar las palabras correctas para decirle, sin embargo, todo su discurso se esfumó de su mente al abrir la puerta y encontrar a Louis profundamente dormido... en su lado de la cama.

Una pequeña sonrisa se hizo presente en su rostro, Louis le había guardado su lugar, quizá pensando que Harry regresaría en algún punto de la noche a dormir junto a él. No se había equivocado.

Se acercó en silencio al costado de la cama y se arrodilló quedando frente al rostro del castaño, se veía tan lindo y calmado, Harry no tenía idea de cómo lucia un ángel pero podría apostar cada centavo que poseía en su cuenta bancaría a que Louis era muchísimo más lindo, incluso se podría arriesgar asegurando que el corazón de aquel joven era el más puro que había conocido jamás.

Permaneció un par de minutos observándolo dormir mientras acariciaba suavemente sus finas facciones y su sedoso cabello. Descartó por completo la idea de despertarlo para hablar con él, aquella charla podría ocurrir más tarde, en ese momento solo podía pensar en las ganas inmensas que tenía de subir a la cama y dormir junto al calor que emanaba su pequeño cuerpo.

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La alarma a su lado comenzó a sonar justo a la hora en que la había programado. 4:15 A.M.

Rápidamente estiró el brazo para desactivarla.

Se removió lentamente en la cama y notó un extraño peso sobre su cuerpo, al voltear levemente el rostro se encontró con un despeinado enjambre de rizos color chocolate descansando en su cuello. Harry se encontraba a su lado, con su pecho pegado completamente a su espalda y con ambos brazos rodeando su cintura. Sintió pánico, no por pensar en la manera en la que lograría salir de la cama sin despertarlo, sino por el hecho de que acababa de darse cuenta de que sus cuerpos encajaban a la perfección, estaba tan cómodo que sin problemas podría volver a dormir entre sus brazos al instante, incluso lo consideró, sin embargo la idea de lo que era correcto o no se encontraba bastante presente en su cabeza en ese momento y la fina línea entre ser leal a su familia o ser feliz a su manera ya lo había estado torturando suficiente tiempo.

Intentó zafarse de su abrazo con movimientos lentos, para su mala suerte eso solo logró hacer que Harry apretara más su agarre, aferrándose al cuerpo del mayor. Después de varios intentos y de confusas maniobras, finalmente lo logró, le echo un breve vistazo al reloj, le había costado trece minutos salir de la cama, maldijo internamente a Harry y a su agarre reconfortante por dificultarle tanto las cosas.

Caso StylesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora