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Pov: Amanda Park

Eran las 7:30 de la mañana cuando preparaba el desayuno para mi hija y para mí: unos deliciosos panqueques de fresa y banano, acompañados de café y jugo de naranja. No podía faltar un gran tarro de nutella, ya que mi hija es fanática del chocolate. ¿Qué madre se niega a complacer a su pequeña?

Emily bajó las escaleras con una cara de sueño que me hizo reír.

-¡Buenos días, mami! -dijo mientras se acercaba y me abrazaba de las piernas, restregándose los ojos.

-¡Buenos días, mi amor! ¿Cómo amaneciste? -me agaché a su altura y acaricié su cabello.

-Muy bien, mami -respondió con una sonrisa dormilona, y yo sonreí, enternecida.

La cargué y la coloqué en uno de los taburetes de la encimera. Serví dos platos de panqueques, dos vasos de jugo y una taza de café. Ella sonrió y me pidió el tarro de nutella, que le pasé. La vi untar su panqueque con gusto.

Una hora después, ya listas, me coloqué el cinturón y aseguré mi arma mientras tomaba mi bolso y bajaba las escaleras. Emily ya estaba lista en la sala con su uniforme de colegio y su mochila.

-Muy bien, vámonos -tomé su manita y salimos hacia el auto.

Primero la ayudé a acomodarse en el asiento trasero y le coloqué el cinturón de seguridad. Luego me senté al volante y arranqué el motor, dirigiéndome a la escuela.

-Mami, ¿puedes poner una canción? -pidió, sonriendo.

-Claro, ¿cuál pongo? -conecté mi celular al Bluetooth del auto.

-"2002" de Anne-Marie -vociferó alegremente, y no pude evitar reír por su entusiasmo.

-Bien, esa será -la seleccioné y comenzamos a cantar juntas.

-"I will always remember, the day you kissed my lips, light as a feather..." -continuábamos riendo y disfrutando del momento.

Al llegar a la escuela, me bajé y la ayudé a salir. La abracé a su altura.

-Que te vaya bien en tu día, cariño -acaricié su cabello mientras ella sonreía.

-Está bien, mami -me dio un último abrazo y un beso en la mejilla antes de correr hacia la escuela.

Regresé al auto y conduje hacia la agencia, demorándome 45 minutos. Al llegar, era casi las 9:45. Pasé mi identificación por el lector y entré.

Caminé por los pasillos hasta la sala de juntas. Al abrir la puerta, vi a varios compañeros y me saludaron con el típico honorario de capitán. Me senté y, a los minutos, apareció el general Kang con una carpeta en mano.

-Los cité aquí para hablar de un caso muy urgente con su equipo, capitán -dijo.

Me levanté y escuché atentamente mientras el general me mostraba una foto.

-Él es Paolo Wang, líder de una mafia asiática. Tiene 40 años y lleva más de 20 en el negocio. No hemos podido dar con su paradero. Sus operaciones abarcan China, Tokio, Busan, Seúl y Tailandia -asentí a cada palabra.

-Quiero que desmantelen toda la red y capturen a este tipo, que ha sido un grano en el culo todos estos años -añadió.

-Cuente con ello, general. Yo misma me encargaré de meter a este tipo en la cárcel -respondí con determinación.

Antes de irse, me dio un último aviso.

-Hablé con la base en Busan y me ofrecieron algunos de sus agentes para ayudarla en la planificación y captura. Llegarán en dos días -asentí y él se retiró.

-Muy bien, señores. Ya escucharon al general. Debemos planificar para desmantelar esta red y capturar a su jefe. ¿Entendido?

-¡Sí, mi capitán! -respondieron al unísono.

-Muy bien, manos a la obra. Alguien tiene una cita con la justicia.

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CONTINUARÁ.

OPERATION EASTDonde viven las historias. Descúbrelo ahora