Capítulo XXII

124 30 30
                                        


Barcelona

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Barcelona. Hoy.

Luego de subir al piso, dejaron a Mishuri en su camita en el apartamento de Carla y los tres fueron a tomar un café al apartamento de Marcos para que, según su madre, pudieran conocerse.

—¿Cómo se llama mi nuera hermosa? —preguntó la madre de Marcos mientras dejaba su valija y sacaba una bandeja con bocadillos—. Mi nombre es María Luz, querida.

—Mucho gusto, María Luz, mi nombre es Carla —habló finalmente. Había estado prácticamente muda desde la llegada de la mujer. Le costaba creer como Marcos le había mentido tan descaradamente, ¿En qué estaba pensando? Agradecía todo lo que estaba haciendo por ella, pero se sentía mal por complicarle la vida.

La madre de Marcos comenzó a contar la odisea de su viaje: la reprogramación del vuelo por tormenta, las turbulencias que movían el avión, la gente que gritaba y rezaba a Dios y María Santísima y ella que se había tomado una pastilla porque siempre le daba miedo viajar. Reflexionaba en cómo haría si el avión caía con su cuerpo y mente relajados por la medicación. Marcos lanzó varias carcajadas cariñosas a su madre mientras preparaba y servía el café. María luz era una mujer muy graciosa. Su forma de hablar era exagerada y alegre, parecía un canto. Sus movimientos también exagerados, moviendo sus caderas en cada paso. Compartían los mismos ojos negros de pestañas tupidas, y el mismo brillo que los hacían únicos. Era tan hermosa como su vecino.

Marcos sirvió el café y se sentaron sobre la barra. Los tres conversaron, escucharon más anécdotas de Mary Luz y rieron. Marcos se atrevió a tomar la mano de Carla, a favor de dar mas credibilidad frente a su madre, y entrelazaron sus dedos. Marcos aprovechó la actuación para estar cerca de ella, para sentirla. Lo necesitaba desde la noche del bar. Y a Carla no pareció molestarle. En verdad, le pasaba lo mismo. No había podido dejar de pensar en él y en su beso en todo el día. Disfrutaron del calor de sus manos entrelazadas, de la sensación de la piel rozándose. Carla se sintió a gusto tomando el café y charlando con ellos. Sentía un calor de hogar que nunca había sentido.

—Bueno, cuenten cómo se conocieron —preguntó María Luz—. Hacen una adorable pareja. Me encanta.

—Nos conocimos por la bola de pelos —dijo Marcos, mirando fijamente a su vecina, que no sabía qué contestar.

—¿Así se llama el gato? —preguntó su madre—. Pobre animal.

—No, en realidad se llama Mishuri —contestó Carla riendo.

—Que nombre más gracioso —respondió María Luz.

—El bicho se apareció golpeando mi ventana a la madrugada —siguió Marcos—. Casi le doy un golpe suponiendo que era un ladrón. Carla se había mudado unos meses antes que yo. Nuestros balcones están pegados. Y así nos encontramos y nos enamoramos, ¿No, mamacita linda?

—Perdidamente —contesto Carla sonriendo y con un poco de sarcasmo. Marcos le dio un suave beso en los labios que sintió como un temblor.

—Ahhh —exclamo María Luz con ternura—. Eres Argentina, ¿no? —Carla asintió con la cabeza—. Marcos sueña con viajar a la Argentina. Siempre le gustó la literatura y la música de tu país. De más chico decía que era un cronopio. —Carla miró a Marcos sorprendida recordando el libro que le había regalado—. Fanático de Cortázar, todo el tiempo leyendo esos cuentos y novelas —siguió la madre—. No me extraña que ahora tenga una novia argentina.

—¿Cuánto piensas quedarte? —interrumpió su hijo avergonzado, tratando de cambiar de tema. Ya intuía que su madre iba a contar sus épocas de bebé.

—No lo sé. Tengo fecha abierta de vuelta. Pensaba saludar a las cuñadas. Quizá vaya unas semanas a Madrid. No voy a molestarlos mucho, hijo.

—No molestas madre. Pregunto para organizarnos. El apartamento es chico. Puedes tomar mi cama y dormiré en el sofá.

—Ay corazón, siempre tan atento con su madre —vociferó Mari Luz poniendo su cuerpo sobre la barra y pellizcando los cachetes de Marcos—. Puedes quedarte durmiendo con Carla. Así no sufres la incomodidad del sofá, ¿No, hija?

—Sí, claro —afirmo Carla sin saber dónde meterse y mirando fijo a Marcos que se reía entre dientes.

—Deben pasar más noches juntos que separados. Mamá no nació ayer... Bueno, si no les molesta, paso a la habitación a sacar mis cosas.

María Luz se dirigió hasta la habitación arrastrando su valija y dejando a los chicos solos en la barra.

—Perdón, pero parece que voy a tener que dormir unos días en tu casa —susurró Marcos.

—Sigo sosteniendo que estás completamente loco —contestó Carla sin saber si ponerse contenta porque Marcos seguía en pie con el arreglo o si enojarse por la situación en la que la metía—. ¿No le vas a decir la verdad? No sé si esto está bien, Marcos. Tu mamá es adorable. Me hace sentir mal mentirle así —terminó de decir separando su mano de la de Marcos.

—Mi mamá es adorable, pero una mujer de convicciones firmes, Carla. Ella cree fervientemente en el matrimonio. No piensa como yo. Sueña con que su único hijo se case y tener una nuera que sea la hija que nunca tuvo. Y que la llene de nietos. Me mata si olvido los nietos.

—Dios mío —exclamó Carla agarrándose la cabeza.

—No sé cuánto tiempo se va a quedar, el casamiento es en un mes. Si llega la fecha y ella está acá... Si sabe que es falso, es capaz de oponerse. Sufrió mucho con el divorcio, no quiere que pase por eso.

—Esto es una locura, Marcos. ¿Y qué le vamos a decir? Te pensás que se va a creer que nos conocimos hace días y nos casamos en un mes, conociendo a su hijo además.

—No, le vamos a decir que el apuro es por tus papeles, pero que el casamiento es por amor. Que nos queremos, que nos gustamos, que nos llevamos bien. —Carla se quedó en silencio reflexionando en las palabras de Marcos y perdiéndose en su mirada profunda. Por un momento el deseo de que esas palabras fueran verdaderas burbujeó en su pecho. Él volvió a tomar su mano—. Y quién sabe, se ve que nos vemos bien juntos porque no solo por ahora se lo creyó, sino que dijo que le encantaba. Que hacíamos una pareja adorable. Ya debe estar pensando en lo lindos que van a salir sus nietos. —Marcos levantó sus cejas en un gesto provocador.

—Ahí volvió el chulito, ya lo extrañaba —suspiró Carla sonriendo. De alguna manera Marcos siempre sabia como aflojarla.

—Tranquila, gatita, que todo va a salir bien.

María Luz volvió de la habitación acariciando su cintura.

—¡Que dolor de espalda! Estoy agotada. ¿Quieren que cociné unas arepitas temprano, así nos vamos a descansar? —dijo mientras se acercaba a los chicos y los abrazaba desde atrás. Marcos y Carla se miraron y asintieron con la cabeza al mismo tiempo. La noche iba a ser, por lo menos, divertida. 


¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El gato de mi vecinaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora