Capítulo XXIII

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Luego de varias anécdotas, más risas y varias arepas, Marcos y Carla se despidieron de Mary luz para dormir en el departamento de Carla

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Luego de varias anécdotas, más risas y varias arepas, Marcos y Carla se despidieron de Mary luz para dormir en el departamento de Carla. Estaba preocupada por la evolución de su gato y también por pasar la noche en el mismo lugar que su vecino. Al llegar, Mishuri corrió a recibirlos.

—Hola amigo, te ves mucho mejor, ¿eh? —Marcos le acarició la cabeza.

—Sí, por suerte se ve que comió un poco del alimento que le dejé a la mañana —respondió Carla por el gato mientras rebusca en las alacenas.

—Eso es buena señal.

—¿Te gusta el vino? Tenía una botella por acá. —Carla siguió entretenida buscando la bebida y Marcos no pudo evitar devorarla con la mirada. Era inevitable derretirse por como los pantalones se le pegaban a sus piernas y a su firme trasero. Iba a ser muy difícil aguantar la tentación de abalanzarse sobre ella durmiendo al otro lado de la pared. Aunque podría convencerla de compartir la cama... Marcos se reprendió tan rápido como el pensamiento cruzó por su mente. Estaba ahí para ayudarla, no para satisfacer sus deseos—. Es temprano podemos tomar una copa antes de dormir. —Le costó una eternidad volver la atención a las palabras de su vecina.

—Dale, ¿A qué hora te levantas mañana?

—A las siete. ¿Y vos?

—A esa hora está bien, así vuelvo a casa a ducharme y tomar mis cosas. —Carla sirvió las copas de vino mientras lo invitó a sentarse en la barra con un gesto. Al llegar se quedaron en silencio, mirándose fijo por un momento, el brillo de los ojos de Marcos era todo menos inocente. Carla tuvo que tragar grueso para no ahogarse con el vino. De repente hacía mucho calor en esa cocina.

Marcos llevó la copa hacia sus labios y bebió.

—Mmm, que rico. —Carla no atinó a responder, solo pudo sonreír y bajar la cabeza revolviendo el vino de su copa, necesitaba apartarse de la mirada hambrienta de su vecino. Luego afirmó, con la voz más temblorosa de lo que esperaba, y con la mirada clavada en su copa,

—Es de mis preferidos.

—¿Qué pasa?

—Nada... Solo estoy un poco cansada.

—Carla...

Levantó los ojos y volvieron a mirarse fijo por otro momento. Ahora no solo hacía mucho calor, sino que la cocina parecía hacerse más pequeña. Carla carraspeó, necesitaba llenar el silencio, parar los pensamientos que estaban llenando su cerebro. La curiosidad sobre su vecino crecía cada vez más, necesitaba conocer más de él, quería saberlo todo. No quería enrarecer el momento más de lo que ya estaba, ni incomodar a Marcos con sus preguntas, pero como le sucedía a menudo, la curiosidad y la ansiedad, le ganaron.

—¿Puedo preguntarte algo? —Marcos asintió con la cabeza—. Tu mamá dijo que tu última novia te rompió el corazón...

—Ah, eso... —Marcos se removió en la banqueta, algo incómodo—. ¿Qué quieres saber?

El gato de mi vecinaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora