🏆🧡 Finalista Watty 2023
Un gato, una noche, una eliminatoria de futbol, dos latinos en Europa, un matrimonio arreglado... ¿Qué podría salir mal?
Marcos y Carla son vecinos en un edificio de Barcelona en el Barrio de Gràcia.
Carla es Argentina, vi...
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Argentina. Dos años atrás.
Las manos le temblaban, no pensó que podría sentirse tan nerviosa. Era el último, su último final y sería museóloga. Significaba mucho para ella, contra todos los pronósticos y prácticamente sin apoyo, ahí estaba con el mejor promedio de su promoción. El dibujo había sido muy importante en su vida, su vía de escape. Las hojas y los colores se convirtieron en la forma de expresar sus emociones más profundas, de sublimar sus demonios, sus fantasías, sus deseos. A veces su pintura era una brisa fresca llena de colores, otras una oscura tormenta. El arte la había salvado de una vida «de mierda», como decía ella. Y salvaría a otros. Por eso estaba allí, quería apoyar a los artistas, cuidar sus obras. Soñaba con algún día poder abrir su propia galería de arte en dónde expusiera la gente que quizá quedaba afuera de los circuitos del arte aceptado por la academia.
Juntó sus manos cerca de su boca y exhaló su aliento sobre ellas tratando de calentarlas, hacía mucho frío en buenos Aires. Estaba muy nerviosa para entrar y todavía faltaban quince minutos para que se abriera la mesa de examen. Vio a muchos amigos y familiares de compañeros con huevos y pancartas. Todos esperando festejar ese momento único. Pero no había ni huevos ni carteles para ella. La única que podría estar ahí apoyándola era su madre y tenía que trabajar. No podía faltar para estar ahí, o si podía, siempre el trabajo era más importante. Al fin de cuentas era el que «pagó la carrera».
Sacó el teléfono de su bolsillo para ver la hora y se encontró con cincuenta llamadas perdidas de un número desconocido que sabía muy bien que era de Sergio, su ex, un tóxico de manual. Nadie más podía llamar cincuenta veces en minutos. Había logrado, después de un año de calvario, más que de relación, tomar el coraje y dejarlo. Pero él no se conformaba, la hostigaba al nivel que tuvo que pedir una orden de restricción. El día que lo dejo, Sergio le dio una paliza que todavía le dolía. No contó con que Carla iría a una comisaría a denunciarlo, nunca lo había hecho. La paliza le dolió, pero fue su arma para conseguir la restricción. Dio un suspiro y vio como el aire caliente formaba humo con el contacto frío del exterior. No podía ahora lidiar con él, tenía que concentrar toda su energía en el examen. Decidió entrar por si el psicópata se aparecía, y se reunió dentro de la facultad con sus compañeros. Todos estaban nerviosos, repasando el tema que iban a dar. Carla no necesitaba hacerlo, había estudiado mucho y lo sabía a la perfección.
Las puertas del aula de examen se abrieron y uno de los profesores que conformaba la mesa comenzó a llamar por nombre y apellido a cada alumno.
Cuatro horas después ya habían rendido todos. Carla salió de la facultad como museóloga y con promedio distinguido. No hubo festejo para ella en la puerta pero no se sentía triste, estaba acostumbrada a esas situaciones. La felicidad de haber terminado la carrera que tanto esfuerzo le había costado superaba cualquier cosa. Al empezar a caminar hacia su casa sintió una voz que la llamaba.
—Carla, esperá. —Era su profesora, jefa del departamento de arte—. Tengo una propuesta para hacerte. ¿Tenés un minuto?
—Si Cristina decime —respondió empezando a caminar junto a ella de nuevo a la facultad sin saber que la oportunidad que siempre estuvo esperando estaba frente a ella.
Al llegar a su oficina, la profesora la invitó a sentarse, le ofreció un café y le entregó unos folletos, que Carla miró mientras lo preparaba.
—¿Y esto? —preguntó mientras revisaba los papeles.
—La UAB nos ofreció una beca para un posgrado en historia del arte, una maestría, para el mejor o la mejor de nuestros estudiantes. —Carla levantó la mirada y la clavo en la profesora que siguió hablando—. Incluye los pasajes, el permiso de residencia por lo que dura la carrera con pasantías laborales. Con el consejo académico creemos que es para vos, Carla. No solo por ser el mejor promedio de la carrera, sino por todo el esfuerzo y esmero de estos años.
—¿Para mí? —Los ojos de Carla se llenaron de lágrimas. Le costaba creer que algo bueno podría ser para ella.
—Tendrías que viajar en dos meses —continuó la profesora sirviendo las dos tazas de café, que Carla nunca tomó—. No hay mucho tiempo para pensarlo. Sin embargo, es una gran oportunidad...
—No necesito pensarlo, Cristina. Esto es... Gracias. No tengo palabras.
—No hay nada que agradecer. Voy a preparar tus papeles y transferir tu legajo a la Universidad de Barcelona. En esos folletos tenés toda la información para ir buscando un lugar donde quedarte. De todas formas, yo conozco varios hospedajes y casas de familia que te pueden servir. Te las voy a enviar por mail, así ves si alguna te conviene. Vas a ser una gran profesional. Estoy segura de ello —finalizó mientras se levantaba y rodeaba el escritorio para abrazarla.
Para Carla no era solo una oportunidad de estudio. Era la oportunidad de comenzar una nueva vida y no iba a desperdiciarla.
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