El cuarto estaba en silencio, solo roto por el débil zumbido de los aparatos del hospital. La luz tenue de la tarde se colaba por la ventana, dibujando sombras suaves sobre la piel pálida de Ume. Rindou no podía apartar la mirada de su hermana; cada mechón de cabello que caía le recordaba lo cruel que era la vida, pero también la fuerza que siempre había tenido.
—No importa... —susurró Ume con voz temblorosa, tratando de sonreír—, mientras esté con ustedes, puedo con esto.
Rindou bajó la cabeza, ocultando unas lágrimas que se negaba a dejar salir. Se acercó a ella y tomó suavemente su mano, asegurándose de que sintiera su presencia, su apoyo silencioso. Ran, a su lado, le pasaba un brazo alrededor de los hombros, como queriendo transmitirle que, aunque el mundo fuera injusto, no estaba sola.
—Lo haremos juntos —dijo Ran, con voz firme pero suave—. No tienes que cargar esto sola.
Ume cerró los ojos un instante, apoyándose en ellos, y por un momento todo el dolor y la fatiga parecieron flaquear ante el calor de sus hermanos. Aunque la vida les había arrebatado tanto, el lazo que los unía brillaba más fuerte que cualquier oscuridad.
—Siempre... siempre estaré con ustedes —susurró, y sus lágrimas mojaron las manos de sus hermanos—. No me rendiré.
En ese instante, el mundo exterior podía esperar. No había hospital, ni dolor, ni temor. Solo existían ellos tres, juntos, aferrándose a lo único que nunca les habían podido quitar: el uno al otro.
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Otro trabajo asignado por Kokonoi, se podría decir, siempre terminaba con ellos heridos, secuestrados o golpeados. Kokonoi era un experto en hacer dinero, pero un imán para la mala suerte en los trabajos. Mientras Ran sostenía a Sanzu de un brazo, este disparaba con el otro, cubriendo la retirada. Rindou ya venía rápido con el auto para poder escapar. Ran lanzó a Sanzu al asiento trasero y siguió disparando para eliminar a los enemigos que se interponían, logrando finalmente escapar, aunque no sin atropellar a alguno en el proceso gracias a la precisión de Rindou.
—Maldita sea —dijo Sanzu, herido en el hombro por una bala—. ¿Por qué seguimos tomando trabajos que nos da Kokonoi?
—Ese loco del dinero siempre nos da mala suerte —dijo Ran, vendándose la herida en el brazo—.
—Al menos conseguimos lo que quería. Voy a pedir vacaciones luego de esto —expresó Rindou mientras conducía.
—¿Ahora dónde podré sacarme esa maldita bala? No podemos ir a un hospital —dijo el peli rosado, quejándose.
—Eso es fácil. Si no te mueres antes de llegar a la mansión, sacaremos la bala —dijo Ran con tranquilidad.
—¿Piensan dejarme morir? —preguntó Sanzu, con los dientes apretados.
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ℬ𝑜𝓇𝓃 𝒾𝓃 𝓉𝒽𝑒 𝒸𝑜𝓁𝒹 𝑜𝒻 𝓌𝒾𝓃𝓉𝑒𝓇
Fanfiction¿Cuál fue el delito de los haitani?, conocías este pasado de ellos Una venganza que fue castigada injustamente La autoridad solo aparece cuando le conviene y culpa a quien solo se defiende La historia de los haitani está marcada por una serie de eve...
