Kakucho, junto a Rindou, tomaba una taza de café para empezar el día cuando pudieron ver al mayor de los Haitani bajando las escaleras, completamente mareado por su pequeña noche de bebidas. Rindou no sabía nada de lo que su hermano había dicho la noche anterior, pues había ido directamente a dormir, agotado del día anterior. Kakucho solo podía observar a Ran, despistado por el exceso de alcohol, y decidió servirle una taza de café con la esperanza de que lo ayudara a recuperar el juicio.
—¿Qué mierda pasó ayer? —expresó Ran, irritado por la luz.
—Bueno, llegaste tarde a la reunión, por primera vez no protestaste que trabajaríamos con Sanzu... y luego no supe más, porque te quedaste bebiendo. Estaba cansado y me quedé contigo —respondió Kakucho, dándole un sorbo a su café.
—¿Qué dije ayer, Kakucho? —preguntó Ran, con ojos semicerrados.
—No mucho. Estuviste ebrio, dijiste muchas cosas y te quité la bebida para llevarte a tu habitación a dormir —contestó Kakucho con tranquilidad—. No creo que sea conveniente que yo les diga eso a los demás.
—¿Qué cosa vergonzosa hice? —preguntó el mayor, preocupado.
—¿Espera, no lo recuerdas? —dijo Kakucho, confundido.
—Suelo olvidarme de lo que pasa cuando bebo y estoy estresado.
Kakucho respiró hondo. Sabía lo despistado que podía ser Ran. Así que solo repitió lo que el mayor había confesado la noche anterior, ebrio. Rindou escuchaba sorprendido; no podía creer que aquella chica fuera realmente pariente de su hermana y, de alguna manera, su hija.
—Entonces, lograste acercarte a esa chica —dijo Ran, mirando al menor.
—Y tú te encontraste con la madre de esa chica y no me dijiste nada —respondió molesto Rindou.
—Ya, los dos es suficiente —intervino Kakucho—. Antes de que se agarren a golpes, piensen bien en todo lo que ha pasado. ¿Ustedes no tenían idea de que esa chica existía?
—No —dijeron ambos al mismo tiempo.
—¿Tampoco Ume se los dijo?
—No —repetieron, firmes.
—Entonces, ¿por qué meterse en la vida de una chica que no sabían que existía? Ume solo quiso ayudar a esa mujer. Puede que esa niña sea su familia, pero desde mi punto de vista no es buena idea que ustedes se involucren con ellos.
—¿Por qué no? —cuestionó Ran, insistente.
—Hermano, estamos en Bonten —dijo Rindou—. Crímenes, enemigos... y mucho más.
—No se involucren en la vida de esa chica. En serio. Podrá parecerse a su hermana, pero no es ella. Es hija de una mujer a quien Ume ayudó.
—Pero...
—Pero nada. Deben entender que están en un mundo peligroso por elección propia. Si se acercan, pondrán en riesgo a la chica, a sus padres y terminarán con algo de lo que se arrepentirán.
—Por mucho que quiera negarlo, Kakucho tiene razón —admitió Rindou.
—Pero... ¿por lo menos conocerla una vez? —trataba de negociar Ran.
—Ran, no es no —respondió Kakucho, firme.
Aunque Ran entendió en ese momento el "no" como un permiso implícito: "Anda, inténtalo, pero con cuidado". Rindou lo conocía bien; sabía cómo era su hermano cuando quería algo.
Mientras tanto, los Kawata, que trabajaban todo el día para mantener sus ganancias y renombre, se habían acostumbrado a tener a los Haitani frecuentando su restaurante. Nahoya no le daba importancia; al menos pagaban y dejaban buenas propinas. Souya, en cambio, pensaba que era una mala idea que los Haitani estuvieran allí tan seguido, pues podían tener problemas con Bonten. Aun así, había una deuda que de un día para otro desapareció. Rindou sospechaba que su hermano mayor se había hecho cargo, pero con el tiempo se dio cuenta de que ambos Haitani habían pagado o logrado que dejaran de molestarlos.
ESTÁS LEYENDO
ℬ𝑜𝓇𝓃 𝒾𝓃 𝓉𝒽𝑒 𝒸𝑜𝓁𝒹 𝑜𝒻 𝓌𝒾𝓃𝓉𝑒𝓇
Fanfiction¿Cuál fue el delito de los haitani?, conocías este pasado de ellos Una venganza que fue castigada injustamente La autoridad solo aparece cuando le conviene y culpa a quien solo se defiende La historia de los haitani está marcada por una serie de eve...
