Ceniza Parte 1

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Ume sabía que llorar no arreglaría nada. No cambiaría su situación ni a sus padres. No era tiempo de demostrarle a su madre el dolor que le causaba; eso era justamente lo que ella esperaba: que los tres sintieran sufrimiento. Ran y Rindou no lo demostraban; tampoco mostraban miedo, y su afecto hacia Ume era limitado, frío en apariencia.

Aun así, Ume siempre trataba de proteger a sus hermanos, evitando que se metieran en problemas. Lo que menos quería era que ellos recibieran golpes. Sin embargo, pronto se dio cuenta de la fuerza y agresividad que sus hermanos podían mostrar cuando eran provocados por otros niños en la escuela, llegando incluso a golpear hasta sacar sangre. Esto la preocupaba, pues temía que se metieran en problemas mayores, y por eso trataba de justificar sus acciones.

En la escuela, Ume era molestada por compañeros y tratada mal por algunos maestros. Pero la chica simplemente sonreía para evitar problemas; su lema era no llorar frente a quienes la lastimaban.

Ahora, con Ran y Rindou de 10 y 9 años, aunque todavía eran niños, las vecinas los veían como verdaderos monstruos. A esa edad, Ran llegó al límite: un día, cuando su madre golpeaba nuevamente a Ume, la enfrentó con una botella de cerveza que ella misma sostenía, obligándola a prometer que no volvería a lastimar a su hermana. Desde entonces, la mujer no la volvió a golpear durante varios meses. Ran y Rindou podían estar un poco más tranquilos, hartos de ver a su hermana siempre sufriendo.

A esas edades, los hermanos a veces le quitaban dinero a los niños que golpeaban, reuniendo así una pequeña suma para poder comer los tres juntos

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A esas edades, los hermanos a veces le quitaban dinero a los niños que golpeaban, reuniendo así una pequeña suma para poder comer los tres juntos. Ume no aprobaba que sus hermanos robaran, pero Ran era terco y defendía sus acciones: "Son solo perdedores, les damos lo que se merecen", decía. Rindou apoyaba a su hermano con su comentario, y Ume simplemente les sonreía, pues en el fondo sabía que Ran tenía razón. Robar estaba mal, pero nadie les tendía la mano. Era una forma de sobrevivir. Su padre les había dicho fríamente que si querían llenarse el estómago, tendrían que conseguirlo ellos mismos. Ran estaba a punto de enfrentarlo físicamente, pero su madre, más fuerte que él, lo detenía, por lo que no se atrevía a actuar.

Esa noche, los hermanos dormían tranquilos en la misma habitación. Había sido un día relativamente calmado para ellos, pues pasaron gran parte del tiempo afuera, en un parque, donde podían respirar un momento alejados de la violencia del hogar. Al regresar, ignoraban a sus padres y se dirigían directamente a su habitación. Antes de dormir, Ume siempre les contaba alguna historia ingeniosa, entreteniéndolos a ambos, ya que no tenían televisión en casa. Sus historias eran tan interesantes que Ran y Rindou las escuchaban atentos.

Ran y Rindou dormían abrazados, compartiendo la misma sábana para poder acomodarse juntos, encontrando consuelo en la cercanía de su hermana y el uno del otro.

Ume escuchó unos pasos y supuso que sus padres regresaban, probablemente bajo los efectos de sus vicios. Se quedó despierta, pues nunca podía saber qué harían. Por unos momentos oyó unos susurros que de repente se detuvieron, lo que la puso en estado de alerta. Despertó a sus hermanos rápidamente y los escondió en el armario.

Al entrar en la habitación, la mujer tenía un arma en las manos, apuntando directamente a su propia hija.

—¡Ponte esto rápido! —dijo, lanzándole una bolsa con ropa de lencería—.

—Y... yo no quiero... —respondió Ume, temblando.

—No te pregunté. Es una puta orden. ¡Póntelo ahora mismo! —gritó la mujer.

—S...sí —dijo Ume, aterrorizada al ver el arma—.

Con voz baja, le indicó a Ran que no salieran del armario bajo ningún motivo; era demasiado peligroso. Incluso si ella golpeaba a Ume, no dudaba en usar el arma contra su propio hijo. Ume no tuvo más opción que ponerse la ropa que su madre le había entregado y salir de la habitación.

A través de una rendija del armario, Ran observaba a su hermana mientras su madre cerraba la puerta con llave. El hecho de que la puerta estuviera bloqueada aumentó su preocupación, y Ran no dudó: salió del armario e intentó abrir la puerta de cualquier manera para proteger a su hermana.

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—¡¡¡¡¡¡¡UMEEEEEEEEEEE!!!!!!!!!! —gritó Ran, lleno de preocupación y miedo, mientras golpeaba la puerta tratando de liberarla—.

ℬ𝑜𝓇𝓃 𝒾𝓃 𝓉𝒽𝑒 𝒸𝑜𝓁𝒹 𝑜𝒻 𝓌𝒾𝓃𝓉𝑒𝓇Donde viven las historias. Descúbrelo ahora