31. Cuando un ángel merece morir

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Días y noches sin dormir.

Pesadillas.

Itachi. Neji.

Su mente estaba inundada por ellos. Quería salvar a ambos, pero parecía una misión peligrosa y complicada.

Aún esperaba el reencuentro con el Uchiha.

En los entrenamientos, los demás notaban una mejoría en ella. De repente era más fuerte y ágil. Hasta podía hacer jutsus de fuego, estaba entrenando mucho para eso. Tsunade la ayudaba en su tiempo libre también.

Al fin ya no era una chica débil e inútil. Neji la ayudaba también. No entendía cómo se había vuelto tan buena en poco tiempo, y por las cosas que vió, sospechaba que había pasado algo extraño.

Sobre todo cuando de la nada miraba hacia otro lado y se alejaba de los demás, como si sufriera algo.

Para despejar su mente, iba de vez en cuando a la cascada que Neji le había mostrado.

- Últimamente nos vemos mucho en este mismo lugar - dijo ella, recién llegando a la cascada.

Neji ya estaba allí, sentado y meditando tranquilo.

- Hola.

- Hola - le devolvió ella el saludo, tratando de sonreír - ¿Te molesta si te acompaño por un rato?

Él negó con la cabeza y ella se sentó a su lado, mirando al cielo y suspirando.

Comenzaba a anochecer, por lo que las estrellas empezaban a brillar.

- Mejoraste mucho en los entrenamientos - dijo él con tono serio. Rina miró al suelo, con muchos pensamientos en su cabeza.

- Sí... Me estoy esforzando mucho.

Neji no dijo nada por unos segundos, hasta que la miró de reojo.

- ¿Te sientes bien?

Había algo en el que Neji preocupándose por ella la hacía sentir feliz pero a la vez como si fuera algo irreal. Demasiado bueno para ser verdad. Demasiado bueno como para merecerlo.

- Ehm... Claro. Me siento bien. ¿Por qué?

- Supongo que por nada - replicó él - Sólo siento que cambiaste un poco.

- Puede ser - ella hizo una mueca - ¿Pero no es normal que todos cambiemos de vez en cuando?

Neji rió apenas con una ceja alzada y luego volvió a cerrar sus ojos, concentrándose en el ambiente del lugar.

Rina suspiró con melancolía y con la vista hacia el firmamento.

- Envidio tanto a las estrellas... Son luces. Mientras más oscura la noche, más iluminan.

- Pero lo que vez brillando son estrellas ya muertas - le explicó él - Las estrellas mueren pero aún varios años después de su muerte, puedes seguir viendo su brillo desde aquí.

- ¿Entonces debo morir para brillar?

Neji calló de golpe, preocupado.

- No dije eso.

Rina rió un poco.

- Lo sé. Era una broma.

Él abrió sus ojos y giró su cabeza para mirar su rostro. Sus ojos lilas por unos segundos atraparon a los suyos.

- ¿Lo era?

Ella sonrió, una sonrisa un poco triste, pero sonrisa al fin y al cabo, y bajó su vista al suelo con cierta angustia.

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