Cuando las calles de Londres se tiñen de sangre debido a la presencia de un peligroso asesino serial. El FBI ofrece su ayuda para poder atraparlo, enviando a su mejor analista: Will Graham que acompañado por el afamado psiquiatra Hannibal Lecter via...
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Estabas ahí parado como un dios enojado contando mis pecados para tacharlos. Diciendo que mi lengua era demasiado fuerte para confiar. Querido mío no eres inocente estás engañando a las puertas del cielo para que no tengas que cambiar. No eres un santo. No eres un salvador.
-Yo también y quiero estar contigo- exclamó Hannibal. Will sonrió conmocionado, las palabras de Clara eran ciertas. Podía estar con Hannibal. Después, volvieron a besarse y con eso, sellaron el inicio de su relación.
Clara estaba sola y desorientada en medio de un campo vacío. De repente, una densa niebla lo cubrió todo. Por un instante, Clara quiso salir corriendo y buscar refugio, pero se armo de valor y comenzó a caminar lentamente. Pronto, se encontró con el cadáver de Stela y una sensación irresistible la hizo acercarse. -Tú eres especial. Te han escogido y hay una promesa que cumplir- dijo Stela, a pesar de tener la cabeza cercenada. -Promesa, de quién- preguntó Clara desconcertada -Solo tu propio horror te salvará- contestó Stela. Luego, extendió su mano y le ofreció aquella rosa blanca. -Han dejado está flor para ti. Clara temerosa la recibió.
De repente, todo se desvaneció y Clara poco a poco fue despertando de sus recuerdos. Las luces blancas y el olor del antiséptico fue lo primero que percibió. Luego, vio dos siluetas. Al principio, le costo trabajo saber de quienes se trataban. Finalmente, pudo distinguirlos. Will y Hannibal le observaban atentamente.
-Cómo te sientes- pronunció Will de forma cariñosa. -Creo que bien...aunque todavía tengo una extraña sensación de miedo y desesperación, supongo que es por lo vimos en ese jardín- respondió Clara Esas palabras intraquilizaron a Will, pero prefirió disimular con un pequeña sonrisa. -Y también, por lo de Mycroft. ¿Fue real, verdad?- preguntó ella con temor. -Me temo que sí, širdies- contestó Hannibal y tras un instante agregó, -en mi idioma natal, significa "corazón".
Will sonrió por ese sobrenombre y Clara notó esa acción, además se dio cuenta de que había una atmósfera de intimidad entre ellos y comprendió lo que sucedía. Ahora eran pareja y se alegro por ello.
Un toque en la puerta interrumpió sus pensamientos. Era Horacio Cantlemere. -Clara, me da gusto que estés mejor- dijo él al entrar -Gracias por su preocupación, pero considero que no es un buen momento- intervino Hannibal -Lo sé, solo quería verla- respondió Horacio e iba a retirarse, pero la voz de Clara lo detuvo.
-¿Por qué dejaste que me hiciera esto?- preguntó ella Al escucharla Horacio se quedó de frente a la puerta, inmóvil. -¿Por qué me traicionaste?- siguió diciendo Clara -Clara...yo pensé que era lo mejor -Lo mejor, acaso no te das cuenta de que me declaro incapaz mentalmente. -Él me dijo que no estabas bien y yo le creí- repuso él.