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Anabiosis

Brilla, ojos afilados, antes que los muros se derrumben.
Más salvaje que los demás, más ruidosa que el sonido.
Hay una brisa fría soplando sobre mi alma.

-Que usted haya ayudado a la señorita Hudson no significa que sea su psiquiatra, espero y lo entienda doctor- acotó Mycroft, mientras se encontraban en la biblioteca.
-Por supuesto, aun me falta determinar el diagnóstico- respondió Hannibal sin titubeos
Mycroft afiló su mirada, había percibido un tono de desafío en la voz de aquel psiquiatra y eso no le agradaba. Por lo que, decidió ser completamente intimidante.
-Entiendo que tenga una buena reputación y más cuando, aquí en Londres fue reconocido como una joven promesa médica.

Hannibal al escucharlo, sonrió levemente y sin inmutarse ni un poco, exclamó.
-Veo que ha tomado precauciones.
Mycroft hizo un pequeño gesto de superioridad y continuó hablando.
-Mi trabajo consiste en saber absolutamente todo de cualquier persona.
-Y más cuando se trata de quienes se acercan a la persona más importante en su vida- completó Hannibal con cierta ironía.

Mycroft al escuchar esas palabras, intento no reflejar su molestia y prefirió contrarestar todo aquello, con una fría afirmación.
-Le aconsejo que no se equivoque conmigo, doctor. Yo no soy un hombre sentimental y debería saber que para mí todas las vidas terminan, todos los corazones se rompen, el cariño no es una ventaja.
Hannibal por el contrario, se dedicó a observarlo con un gesto de serenidad abrumadora, y disfrutaba ver como Mycroft Holmes se atrevía a mentirle y a mantener una máscara de frialdad, cuando en realidad aquel hombre estaba consumido por una infinita preocupación y el amor desmedido hacia Clara Hudson. Ante ello, prefirió hacerle pensar que le creía y dijo.
-Tiene razón señor Holmes, ningún tipo de sentimentalismo ayudará a mejorar el estado de la señorita Hudson y por eso, se debe ser prácticos y tratar que la primera sesión sea lo más pronto posible.

El mayor se sintió descontento ante esa respuesta y cuando pensaba replicar algo más, alguien tocó la puerta.
-Adelante.
John entró, tenía un semblante mucho más tranquilo y sin esperar tanto, informó de las buenas noticias.
-Clara ha despertado y quiere verte.
Mycroft se levantó rápidamente y con una breve disculpa abandono la biblioteca. John le siguió, mientras Hannibal permaneció en aquel lugar. Esperaría pacientemente el momento en que le permitieran volver a ver a esa jovencita.

Clara se mantenía inmóvil, y sus ojos se encontraban fijos en el techo de su habitación.

"Sus temores y la sensación de ser perseguida le habían sumido en un estado de desesperación extrema. De momento todo el escenario cambiaba y sus ojos  observaban como Schielsinger se iba acercando poco a poco.
-Esta vez, será diferente- pensaba Clara quedamente.
Esta vez Schlesinger no podría someterla, ni mucho menos podría llegar arrancarle la ropa para poder abusar de ella.
No, esta vez Clara se defendería y con todas sus fuerzas logró lanzar un jarrón. Este se estrelló contra el suelo y se hizo pedazos, pero no sirvió de nada.
Schlesinger seguía ahí, con su sonrisa cruel y ella consumida por el terror trato de alejarlo, por eso derrumbó una pila de papeles.
Aunque esto tampoco funcionó, pues en su mente febril, Clara pudo ver como Shlesinger la sometía. Ella solo se acurrucó en la esquina y espero a que todo pasara. Pero esta vez, algo cambió.
La puerta se abrió y de repente se escucharon los pasos sigilosos de alguien que se aproximaba.
Unos segundos después, Clara sintió un tacto tan frío y una voz profunda que podía jurar que se encontraba de frente con la muerte.
-Dime lo que ves.
Pronunció la muerte y Clara sin tener la capacidad de negarse, abrió lentamente los ojos y ahí estaba aquel hombre de aspecto sombrío con una cornamenta alta.
Quien le ofrecía una sonrisa y le daba la seguridad de que la protegería, ya que en ese mismo instante la presencia de Schlesinger se iba desvaneciendo poco a poco.
Y fue en ese momento que Clara supo que de las entrañas del averno había salido un monstruo que la cuidaría. Por lo que, contestó.
-Te veo.
Y con una devoción sin límites se abrazó a él."

Mi amigo secretoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora