Capítulo 10

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Martes 14 de marzo, 17:10 horas.

Jungkook se guardó el teléfono móvil en el bolsillo.

—Bo Min va a obtener una orden judicial para impedir que Xuan saque a la luz la grabación esta noche.

Kim lo miró y luego volvió de nuevo la vista hacia la carretera.

—¿Ha conseguido la cinta?

—Sí. Ahora Xiao tiene más material para comparar.

—¿Qué quieres decir con «más material»? —La pregunta procedía del asiento trasero, donde Jimin llevaba en silencio los diez minutos que habían tardado en recorrer dos manzanas. El tráfico estaba paralizado por gentileza de lo que parecían todas las unidades móviles de la ciudad.

Jungkook se volvió para verlo mejor. Estaba pálido y tembloroso. Aún tenía el pelo enmarañado y apelmazado y con una mano se ajustaba el abrigo al cuello. Sus labios aparecían desprovistos de color, salvo por las dos marcas rojas que sus dientes habían dejado en ellos. Sin embargo, su mirada era despierta. Había conservado la serenidad con una fortaleza interna que Jungkook no se habría imaginado antes del domingo por la tarde y que ahora le permitía entender la lealtad que le profesaban las pocas personas que parecían conocerlo de verdad.

—Min Hyo Rin grabó una cinta —explicó él.

Jimin tragó saliva.

—¿Con mi voz?

—No. No se oye muy bien, pero parece la voz de una niña pequeña.

Jimin cerró los ojos y volvió la cabeza.

—Mortificándola.

—Sí. Le hemos entregado la cinta a Xiao para que pueda compararla con el mensaje del contestador.

Al oír eso, Jimin abrió los ojos de golpe.

—Entonces, ¿lo que le dijo a Hyun Min es cierto? ¿Pueden demostrar que no soy yo?

Jungkook miró a Namjoon. Jimin observó el gesto y suspiró.

—Solo se lo dijo para que me soltara. —Esbozó una triste sonrisa que atenazó el corazón de Jungkook—. Tranquilo, no se lo reprocho; solo estoy disgustado.

—No es ninguna mentira —terció Kim, mirándolo por el retrovisor.

—Aunque tampoco es del todo verdad —añadió Jungkook—. Xiao apreció lo que podrían ser pequeñas diferencias, pero dijo que necesitaba más material para estar seguro.

—Quienquiera que lo haya hecho lo planeó todo para que mi voz apareciera en el contestador de Hyo Rin —dijo Jimin—. Quería que sospecharan de mí y que encontraran mis huellas. Quería que creyeran que yo era el culpable.

Y podría haber surtido efecto, pensó Jungkook con tristeza, de no haber sido por el apoyo incondicional de personas como Arin y Namjoon.

—Me pregunto si ese monstruo sabe que Hyo Rin y Xuan Lu grabaron esas cintas —prosiguió el.

—Supongo que no —dijo Namjoon, y se aclaró la garganta—. Jimin, Jungkook ya te ha contado lo de las cámaras, ¿no?

Él se estremeció.

—Sí, ya le he dicho que podéis registrar la consulta.

Jungkook sabía adónde quería ir a parar Namjoon.

—Es posible que también nos haga falta registrar tu piso —dijo con el tono más suave del que fue capaz.

Jimin se quedó petrificado y boquiabierto, con los ojos como platos, y Jungkook se percató de que no se le había ocurrido pensarlo.

No puedes huir de miDonde viven las historias. Descúbrelo ahora