Viernes, 17 de marzo, 17:00 horas.
Estaba oscuro. Y seguía sin poder moverse. «Estoy paralizado.» Pero si estaba paralizado, no debería sentir dolor. No debería sentir nada de nada. Pero le dolía todo el cuerpo, de los pies a la cabeza. Poco a poco fue recobrando los sentidos. No estaba oscuro: tenía los ojos vendados. «Y no estoy paralizado.» Tenía las manos y los pies atados, y una mordaza en la boca.
Atado. Amordazado. «Me ha atrapado.» Estaba aterrorizado. «Y solo.»
Le dolía la espalda por culpa de la incómoda y forzada posición. A su derecha, oyó un débil gemido. «No estoy solo.» Aun así, estaba aterrorizado.
La cabeza estaba a punto de estallarle y el corazón le latía con tanta fuerza que incluso le dolía. Aspiró por la nariz y notó un asqueroso olor de tierra húmeda. ¿Estaba al aire libre? No, no hacía frío. ¿Qué había ocurrido? Lo último que recordaba era que se encontraba en el coche con Lisa. ¿Dónde estaba Lisa? ¿La habrían herido también? Aquel gemido, ¿sería de ella?
Se abrió una puerta y Jimin se puso tenso. Aguardó. Un débil ruido de pasos en el duro pavimento. Volvió a oír el gemido a su derecha y, procedente de arriba, un chasquido.
—Así que estás despierto, viejo.
Ante la familiar voz el acelerado corazón de Jimin se paró y la estupefacción hizo que un estremecimiento sacudiera su cuerpo.
Lo invadió la incredulidad. No. No era posible. Sería otra imitación. O una pesadilla. «Por favor, que sea una pesadilla.»
Una pesadilla horrorosa. Pero el puntapié que recibió en la espalda era real, y le arrancó un verdadero gemido.
—Tú también estás despierto. Parece que nuestra pequeña reunión familiar está a punto de empezar.
La venda de los ojos se le clavó en la piel al tensarse, luego se destensó de golpe y Jimin se encontró mirando los ojos en los que durante tantos años había confiado. Ahora emitían un centelleo intensísimo. Malvado. Enfermizo. El horror se apoderó de él y fue incapaz de desviar la mirada. «Santo Dios.»
La sonrisa de Lisa hizo que se le helara la sangre.
—Ya te he dicho que cuando te despertaras todo se habría arreglado. ¿Lo ves? Papá está aquí.
Aturdido, Jimin volvió la cabeza hacia un lado. Su padre yacía encogido junto a él, con los ojos cerrados; tenía la cabeza a menos de un palmo de distancia. Su mirada recorrió la habitación.
Era un cubículo no mucho mayor que un armario. Un armario diminuto. Un sudor frío le invadió el cuerpo y empezó a sentir náuseas. Lo que en su garganta empezó como un gemido acabó como un gimoteo y Lisa volvió a sonreír.
—Es una pequeña habitación. Probablemente te estás preguntando qué va a ocurrirte a continuación.
Jimin solo podía mirarla.
—Debes de pensar: «Está loca.» —Lisa lo agarró por el pelo y de un tirón le levantó la cabeza; ahora su mirada era fría e inexpresiva. Lo sacudió con fuerza—. ¿Verdad? —Le echó la cabeza hacia atrás y esta dio un fuerte golpe en el suelo que Jimin oyó más que sintió. Se sentía... desequilibrado. Como si flotara.
—Se te está pasando el efecto del tranquilizante —siguió Lisa—. Ya ves; tanto preocuparte por tu corazón, tanto ejercicio, la aspirina y el vaso de vino diario... No hacía falta. Eres más fuerte que un roble. Si ese tranquilizante no te ha matado, nada lo hará. —Abrió la puerta y se echó a reír—. No, espera. Lo haré yo. Pero cuando lo haga te quiero totalmente consciente; quiero que lo notes todo. —Cerró la puerta y dejó a Jimin anonadado. Indefenso. Aterrorizado.
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No puedes huir de mi
FanfictionAlguien odia a Park Jimin. Una persona está atormentando a sus pacientes, llevándoles a suicidarse y haciéndolo parecer culpable. El detective Jeon Jungkook deberá detener los crímenes antes de que Jimin salga herido. **************** • KookMin • Ju...