XIV | Calma

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El día continuo con normalidad, Anya no lo quería evitar está vez, había sido suficiente tener que pasar un fin de semana sin siquiera oír su voz, y con todo el caos que había pasado lo único que quería era poder disfrutar de su compañía. Se alegro de oír sus pensamientos que buscaban lo mismo, había tenido suficiente de su hermano como para no querer hablar nunca más del tema, hasta algunos profesores se acercaron a él para pregúntale por lo sucedido.

Ahora sería más difícil poder reunirse a solas en el salón de imperiales, la nueva integrante no lo dejaba en paz, había estado pensando en la forma de estar con ella, sin mucho éxito.

Pronto les tocaba la clase de deportes, hace tiempo que los habían separado por género pero el profesor se encontraba con licencia médica así que harían la clase juntos nuevamente.
Los varones se regocijaban de ver a sus compañeras en sus vestimentas deportivas, los ajustados shorts hacían resaltar sus traseros, las féminas también se deleitaban de ver como las camisetas se les ajustaban al cuerpo de los muchachos con el sudor, haciendo relucir sus trabajados pectorales, precisamente por ello los habían separado, a esta edad los alumnos eran un mar de hormonas.

Mientras trotaban Becky le comentaba a Anya sobre eso:

~¿Ya viste a Thomas?, ¡Que brazos!, ¡Que abdominales!~

Pero Anya no podía quitarle los ojos de encima a Damián, Becky al percatarse le comento:

~No puedo negarlo, lo detesto pero si que tiene un cuerpazo, ¡Y que trasero!~

~¡Becky!~ Anya empujó avergonzada a su amiga por lo que acababa de decir, ella río

~Pero si es la verdad, todas lo están devorando con la mirada... Pero ellos también nos están mirando, lúcete Anya, dejemoslos con la boca abierta, mira a Augusto no te deja de mirar~ le guiño el ojo a su amiga mientras se acomodaba los pechos en su sujetador y seguía corriendo

Anya lo sabía, estaba tratando de concentrarse para no leer la mente de nadie en este momento, los pensamientos lascivos no se hacían esperar, por lo que trato de evitarlos a toda costa, pero todo eso no evitaba que ella también pensara de la misma manera, se desquitó mientras jugaban voleybol, descargaba toda la vergüenza de sus pensamientos al pegarle a la pelota, haciéndola rebotar con tanta fuerza que dejó sorprendido hasta al profesor, por consiguiente el equipo que la enfrentaba perdió del puro miedo que sentían de que uno de sus tiros los golpeara.

Damián no era indiferente, verla sin su capa no era nada en comparación a verla en su uniforme deportivo, aquel dejaba ver su silueta a la perfección, casi no le dejaba espacio a su imaginación, sus amigos también se quejaban:

~Que mal momento para recordar que tengo novia ...~ decía Emil

~En mirar no hay engaño, para eso están los ojos~ le daba codazos Ewen

Damián no les prestó mucha atención, ya que un poco más allá oyó a otros compañeros hablar sobre ella, mencionaron su pequeña cintura y sus marcadas piernas, tuvo un gran deseo de acercarse a besarla y dejarle a todos claro que ella le pertenecía, pero se contuvo, no podía quejarse, no cuando a él también, la mayoría de sus compañeras lo miraban con admiración.

Cuando la clase termino, vio su oportunidad, y rogó en sus pensamientos que ella se ofreciera a guardar el equipo deportivo, la miró intensamente tratando de que lo comprendiera, ella como leyendo su mente, hizo exactamente lo que quería:

~Profesor, descuide yo me quedaré a guardar el equipo deportivo~

~Que amable eres, pero es bastante...~

~¡Yo le ayudo!~ se ofreció Damián

El profesor dudó

~No es necesario~ dijo Anya mirandolo molesta, fingiendo

Imposible | DamiAnyaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora