XVIII | Emociones

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Era una noche fría, de esas en las que el viento azota la ventana, el faro de luz de la calle de en frente parpadeaba, y se oían los gatos que peleaban por su territorio.

Anya no podía dormir, y no era debido a los ruidos que escuchaba provenir de la habitación de sus padres, más bien era su mente la que no podía guardar silencio. Pensó en él.

Era angustiante irse a la cama y preguntarse cómo sería mañana, si tal vez le seguirá queriendo o tal vez la odie, sus pensamientos habían vuelto a ser tan contradictorios como lo eran antes. Y es que habían contradicciones tan tristes como esa, y otras que resultaban ser bonitas. Como cuando te descubres siendo fuerte y débil a la vez, teniendo la fortaleza necesaria para seguir soportando, y la vulnerabilidad indicada para sentir, como era su caso, aunque a veces pensaba que no podía soportar más.

No supo que es lo que estaba pensando cuando se dejó atrapar en ese sentimiento, ellos eran la crónica de un amor derrotado, desde el principio ni siquiera podían llevarse bien, él siempre recalcaba la diferencia de clase que había entre ambos, aún así no se arrepentía.
Supuso que hay historias que no pueden darse el lujo de no ser vividas, aunque duelan. Tal vez todos necesitan tener el corazón roto alguna vez, para aprender a cuidarlo mejor.

Habían noches, como está, en la que se sentía consumir por la angustia, al no saber dónde pertenecía, y pensar en el destino que le deparaba.

Sabía que no era su culpa, que las cosas no salieran como en algún momento imaginaron, sabía que ella no era culpable, porque entrego lo mejor de sí, y todo lo que pudo ofrecer, lo quiso tanto, pero viendolo ahora entendía que lo quiso más de lo que lo merecía y en ese momento no pensó en cuanto dolería.

También era un momento terrible para ella, lo que estaba sucediendo la tenía tan desconcertada cómo a él, se estaba ahogando, y él en vez de rescatarla la termino por hundir más. No pudo distinguir quién había sido más iluso, si ella al creer que la salvaría, o él al pensar que conseguiría hundirla.

Cerró los ojos, y pudo visitar los escasos momentos en los que fueron felices, antes de que se acabará lo que pensaron que no tendría fin.
No habían sido nada, pero se enredaron juntos, y eso lo iba a extrañar con todo lo que le quedaba y los restos que él dejo.
Y es que la realidad era que si desde el comienzo hubiera sabido que terminaría con el corazón roto, aún así habría decidido volver a amarle.
Su mirada le había advertido que le dejaría cicatrices y aún así decidió arriesgarse, y al final perdió. Y a pesar de que no funcionó, fue feliz el poco tiempo que duró, solo por eso, valió la pena.

...

En los dormitorios la oscuridad reinaba en la habitación, apenas se colaba un poco de la luz de la luna, el insomnio lo había estado visitando las últimas noches, y no era por los ronquidos que hacía su compañero de cuarto, que al escucharlo detestaba que fuera su amigo, tampoco era el frío que sentía al no haber querido poner otra cubierta en su cama, era ella.

Pensaba en la facilidad con la que entró en su mundo, porque él era una muralla que no dejaba pasar a nadie, tal vez era cierto que cuando dos corazones se eligen no había muralla que detuviera su encuentro.

Y es que la quería, la quería tanto y ella era consciente, porque la había dejado entrar en él y le mostró su caos, sabiendo que no se lo enseñaría a cualquiera, confío en ella cuando sabía que desconfiar le era mucho más fácil, ella sabía perfectamente cuánto la quería, y ni siquiera era muy difícil de descifrar, bastaba con mirarle a los ojos para entenderlo.

Pensó en que tal vez ella y él tan solo estaban destinados a un pequeño roce de almas, de esos en los que dejas la vida, quizás su amor fue tan real que les asustó el hecho de que en algún momento se podía acabar, probablemente eso que querían hacer eterno, tenía fecha de caducidad, desde el primer día en que lo golpeó, desde el primer instante en el que se percató que se había enamorado de ella.

Imposible | DamiAnyaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora