35."Que comience el juego, princesa"

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Nerea
~•~•~[•••]~•~•~

Confusión...

Aturdimiento...

Debilidad...

Derek.

¿Alguna vez han tenido la sensación de que no hicieron las cosas de la mejor manera? Esa cruel y lacerante teoría de causa-efecto que proporciona un desgaste en todos los sentidos.

Mi cerebro no hallaba con lucidez ese punto de quiebre donde comenzó a desordenarse todo. Era Derek y Alex. El típico cliché de triángulo amoroso, ese que vemos desgastado en libros y películas, que ocurre en la vida real, y es incómodo de sobrellevar.

Mi cuerpo se sentía extraño. La voz de Derek al llamarme princesa estremeció mis vellos corporales, como si sus matices vocálicos hubiesen sido modificados.

—Derek, ¿dónde estoy? ¿Hacia dónde me llevas? —Una pausa me hizo recordar ese olor adormecedor—. ¿Qué me diste a oler? No recuerdo nada.

Las venas de sus antebrazos se astringieron contra el volante. El pecho de Derek respiraba entrecortado, frunciendo su ceño en señal de molestia.

—Princesa, no te asustes, no te haré nada malo.

Eso que me dio a oler había hecho que perdiese las fuerzas de mis músculos.

—Derek, ¿te volviste loco? Me sedaste, y me tomaste a la fuerza. ¿Qué pretendes? ¿Dónde vamos?

Aumentó la velocidad del vehículo a niveles considerables. Por un momento, temí moverme. Cualquier gesto desesperado provocaría que me golpeara contra el cristal delantero.

—Colócate el cinturón, Nerea. Ya casi llegamos.

Mi instinto de supervivencia me hizo acatar el pedido. Estaba austada. ¿Qué le ocurría?

—Derek, ¿de qué hablas? ¿Llegaremos a dónde?

Me ignoró completamente, limitándose solo a conducir. Pasados unos minutos, una imagen conocida comenzó a proyectarse delante nuestro. La arena deshidratada, las gaviotas chirriantes, y el sonido de las olas acabando en la orilla.

Era la playa de nuestra primera cita.

Derek frenó en seco, y descendió del auto, lo seguí con la mirada hasta que abrió la puerta que me resguardaba. Mi capacidad para luchar era nula, al igual que la planificación de mi cerebro para coordinar argumentos lógicos.

Probablemente, era el efecto de lo que él utilizó para sedarme.

—Baja —ordenó, negué con mi cabeza—. Baja ahora, Nerea. No me hagas perder la paciencia.

Seguí quieta y eso le molestó. Se acercó y retiró el cinturón de seguridad, para luego tomarme del brazo y extraerme junto a él.

Sentí mareos, pero mi instinto me hizo defenderme.

—¡Suéltame, Derek! —Colisionó mi pecho contra el suyo—. ¿Qué crees qué estás haciendo? ¡Por dios! ¿Te volviste loco?

Desordenas mi vida [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora