—Princesa, ya hemos traído a las personas que pidió, están en la sala de castigos.
El sir Jofan le avisa a la señorita de algunas rebeldes que hablaron mal de su madre y ella cuando se fue.
—Gracias Jofan, puedes retirarte.
Deanerys optó por no cubrirse la espalda, para que todos vieran sus cicatrices, ella creía que no se curarían tan rápido pero si. Escondió un vestido largo gris, que cubre pecho ya que se amarra en el cuello.
—¿Qué haces aquí, tío?
Su tío salió de una esquina y se posa en la puerta. Vestía de negro, como acostumbra, viéndose impecable.
—Quería verte.
Su sobrina lo voltea a ver.
—Ya lo hiciste, puedes retirarte.
Deanerys pasó por su lado y este la detiene poniendo su mano en su brazo, la chica cerró los ojos con fuerza, la furia que le produce saber y pensar que con esos labios también besaron a la reina bruja.
—Tío, si no quieres perder el otro ojo te sugiero que me sueltes, no quiero nada contigo.
Su tío la miraba sin creerlo pero la soltó, viendo que sus dedos se habían quedado marcados Deanerys ni se movió ya que lastimosamente por la madre de él ya nada podía dolerle mucho físicamente.
—Extraño pasar tiempo contigo, Deany.
—Ahora extrañas pasar tiempo conmigo —una risa llena de sentimientos amargos salió de Deanerys y Aemond no lo entendió—, ¿Es por que ya no está la bruja?
El hombre tragó duro pues ese amorío pensó que pasaría desapercibido. Nadie ha podido hacerle experimentar lo que Deanerys logró con un beso.
Deanerys se acercó a la mesa, tomó un poco de su jugo y empezó a salir de su habitación para irse a la sala que le traía malos recuerdos pero podía soportar. Cuando estaba en la puerta de la sala les dijo a los guardias que aunque escucharan mucho ruido que no entraran.
—Bienvenidos a la que sería su última y primera estancia en el hogar de mi madre.
Habían como mínimo diez hombres encadenados frente a ella.
—Eres una puta, solo porque querer hacernos cambiar de opinión del reinado, ninguna mujer puede reinar.
—Soy una puta por que quiero y me gusta que las mujeres tengan el mismo poder que los hombres, ya veo, el rubio que insultó a mi madre ayer.
Daenerys se pone de espaldas, mostrando inconscientemente sus cicatrices para tomar una daga pequeña.
—¿Son de guerra?
—¿Cuales?
—Las cicatrices.
Una horrible risa amarga sale de ella.
—Son hechas por tu reina, me tachó de puta y estas cicatrices fueron su venganza pero me quedan bien.
Los hombres se quedan en silencio, según ellos la reina es un pan de Dios que no mata ni a una mosca, pero la verdad es que es un monstruo, la viva imagen de la víctima que se vuelve victimaria.
Ellos son fieles seguidores a la reina por su heredero varón.
—¿Serán fieles a mi madre?
Ninguno respondió.
—Si así lo quieren.
La princesa se acerca al que tiene más cerca, toma su oreja y se la quita de una manera rápida haciendo al hombre gritar.
—Lo repetiré de nuevo por si no escucharon ¿serán fieles a mi madre?
No respondieron, en la habitación solo se escuchaba la respiración agitaba del hombre sin oreja.
Deanerys se acercó al hombre rubio boca floja de la noche anterior, abrió su boca contra su voluntad y se la cortó, arrojándola frente a ellos, haciendo que unos de los hombres vomitara y los demás empezarán a llorar. Los hombres decían que ella era una mujer que no podía hacer tales cosas.
—¡Ay! Por favor, me recuerdan a un guardia con masculinidad frágil que conozco, es bueno en su trabajo pero es un misogino ardido.
Deanerys se acercó a una de las sillas solas, la trajo hasta el frente y se sentó frente los hombres.
—Se acabaron las oportunidades, no los obligaré pero deben saber que lo que han hecho es traición y son condenados a ejecución. Este solo es el comienzo de su fin.
—Tengo hijos, los dejará mal vistos si alguien entera porque morí.
Suplicaba un hombre, ella lo reconoció como el payaso no chistoso.
—Mi madre tiene hijos también, y ustedes, con sus estupideces nos han dejamos mal vistos —Deanerys estaba viéndolo directamente, su cabello negro con canas, el señor se veía mayor pero no tanto, quería degollarlo—. Esto demuestra que yo, la protectora del reino no perdona.
En el movimiento ágil Deanerys se levanta y se pone a las espaldas del sujeto, para que este sienta la respiración de su asesina antes de degollarlo. Levanta la daga y rápidamente la pasa del lado izquierdo al derecho, dando un corte limpio y perfecto para que el hombre se desangrara en segundos produciendo su instantánea muerte.
—Ustedes, el resto, arderán.
Deanerys hizo una pausa mientras los señalaba.
—¡Sr Jofan!
El guardia fiel de Deanerys entra, viendo el desastre pero él no fue llamado por eso. Mira a Deanerys dándose cuenta de su acto.
—¿Qué ocurre princesa?
—¿Puedes dárselos a Vermithor y a Darrai? ¿Por favor? Primeros llévalos al campo, intenten pasar desapercibidos.
Sr Jofan siempre fue un gran compañero para Deanerys, siempre se ayudaban, uno por deber y otra por bienestar.
—Esta bien princesa, debe bañarse, la sangre no huele bien después de un tiempo.
Deanerys tenía todo el torso cubierto de sangre acto que sucedió cuando le cortó la lengua al rubio irrelevante.
—Lo tomaré en cuenta y ya sabes, llegaré a presenciar, después de todo les daré la orden.
El hombre asiente mientras los demás guardias entran, empezando a retirar a los traidores. Deanerys no sabía que su madre la había estado mirando todo el tiempo, escuchando toda la conversación con los traidores. Rhaenyra quería un momento de soledad pero encontró a su hija en la sala de castigos, confensado haber sido torturada por su ex mejor amiga y reina.
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¿Qué les pareció?
Una pequeña cantidad de sangre para el momento.
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Secreto Targaryen
Hayran Kurgu"Amar no es para débiles pero te hace saber con cada parte de ti que tienes una debilidad".
