Canción de cuna

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Tiemblo e inspiro con fuerza, me tomo un diazepam antes de tocar el timbre. 

Sin el diazepam no sé si seré capaz de mantener mis temores y nervios a ralla, he de estar relajada, aunque aparezca Mario. 

Marco me ha asegurado que su hermano no nos molestaría, pero nunca se sabe. 

Me ha invitado a cenar en su casa, pero el temblor que siento cada vez que pienso en la charla de hace más de una semana con su hermano menor, no desaparece. 

Marco me abre la puerta con una sonrisa, va vestido con unos pantalones de traje negros, y una camisa del mismo color, sin corbata, y con los primeros botones abiertos. 

—Pasa. —Me dice antes de darme un beso en la mejilla a modo de saludo. 

La casa huele a comida recién hecha, y le sigo hasta el enorme comedor donde en la mesa está dispuesta nuestra cena. 

Me ayuda a quitarme el abrigo y lo cuelga en el perchero que hay cerca. 

—¿Cómo estás? —Me cuestiona mientras me aparta una silla para que me sienta. 

—Bastante bien. —Sonrío. —¿Y tú? —Pregunto levantando la mirada observando como se sienta en la silla que tengo delante. 

—Bueno, como cabe esperar. —Me dice encogiéndose de hombros. —Voy saturado de trabajo. —Me sonríe. Sé que es el CEO de una de las empresas más importantes del país, su propia empresa. 

Y con informaciones de él y otras que he ido consiguiendo, sé que ha trabajado mucho para lograr tener el dinero que ahora tiene, no hay ningún tipo de información de su vida anterior a ser el CEO y máximo accionista de la empresa que dirige. 

—Además de eso, me han interrogado por lo de la chica muerta que han encontrado. —Abro la boca sorprendida, es información nueva para mí. 

—¿A ti? —Cuestiono. Debo simular que no entiendo porque le interrogan a él, ya que se supone que no he hablado con un perfilador criminal que me ha asegurado que los dos crimines los ha hecho el mismo autor. 

—Murió de la misma forma que Samantha, y creen que podría haber sido yo. —Abro la boca simulando sorpresa. 

—¿Tienes coartada? — Cuestiono. Él se inclina mientras me sirve un poco de vino en la copa. 

—Sí, determinaron que murió a principios de noviembre, entre el tres y el cuarto. —Me asegura. Vuelve a sentarse y se sirve un poco de vino también. —Es día estaba con Sam. —Me asegura. —Pero claro, imagínate lo que deben de pensar de mi cuando mi coartada está muerta. —Replica con hastío. Noto resentimiento, pero me sorprende la frialdad con la que habla sobre la muerte de su novia. 

—He leído que no estabas preocupado por la desaparición de Samantha. —Marco se encoje de hombros. 

—Samantha era una dramática. —Dice. —Siempre lo hacia, ni siquiera su familia se preocupó cuando estuvo una semana desaparecida. —Me informa. Trago salvia, ¿su familia no estaba preocupada? —Era una entusiasta de las novelas de Agatha Christie, y le encantaba aquella historia de que Agatha cuando se enteró de la infidelidad de su marido fingió su propia desaparición. —Me explica. He de ponerme a investigar a Samantha, a día de hoy, no sé nada de su personalidad o como se comportaba, no sé nada de ella, solo lo que comenta su hermano Alexander cada vez que sale en la televisión. —Cada vez que discutíamos desaparecía, y hasta que nadie se preocupaba de buscarla no volvía a aparecer, por lo que igual que sus padres pensé que aparecería tarde o temprano, pero no fue así... —Baja los ojos hacia su plato sin ser capaz de sostenerme la mirada. 

InocenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora