2: "I really do not like hospitals"

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Empecé a escuchar pasos alejándose de mí. No podía moverme ni podía hablar, mi cuerpo no respondía a ninguno de los movimientos que yo deseaba hacer. Intenté de abrir mis ojos pero no podía. Me rendí fácilmente y me quedé quieta sin intentar de moverme.

Hasta que pude.

No se como, pero pude mover mi mano. Cuando lo hice abrí mis ojos de golpe, seguido de un pequeño jadeo. Me senté en mi cama rápidamente y empecé a analizar el lugar en donde me encontraba. Estaba en una habitación blanca, todo era blanco. No recordaba nada de lo que me había pasado anteriormente. Me volteé a ver y estaba conectada a algunas máquinas. Tenía demasiado miedo, estaba respirando con dificultad. Sentí mis manos frías y volteé hacia donde se encontraban. Estaba empezando a congelar un pedazo del cobertor. ¿Cómo es eso posible? Se supone que la tela no se puede congelar. Con aún más miedo tomé la sábana en mis manos para no dejar evidencia. Con cuidado de no hacer ruido me desconecté y vi unas prendas dobladas en una silla al lado de mí, las tomé y me vestí rápidamente. Tomé mi celular que estaba en la mesita de al lado.

Caminé hacia la puerta de mi habitación del hospital y la abrí un poco dejándome asomar mi ojo para poder ver lo de afuera. No había nadie en el corredor. Corrí lo más rápido que pude hacia la salida. Al ver en donde me encontraba, corrí más rápido hacia mi departamento. Sentía el aire golpeando mi cara y desordenando mi cabello. Una vez que llegué a mi departamento tuve una sensación extraña. Como si no hubiese corrido nada, no estaba cansada, mi boca no estaba seca y mis piernas no dolían, como normalmente lo hacían cuando corría solo un poco, pero la diferencia era que; había corrido kilómetros. Entré a mi departamento con el ceño fruncido. Tomé la sábana del hospital y la metí en un pequeño clóset donde guardaba cualquier cosa que me daba pereza acomodar. Caminé hacia la sala y me acosté en el sillón, cómodamente. Encendí la televisión para ver las noticias de último momento.

-Aquí en las noticias de Central City, han reportado que la paciente que estuvo diez meses en coma escapó del hospital ésta tarde-Me quedé en shock al escuchar eso. ¿Nueve meses en coma? Después de que mi cerebro procesó lo que había pasado empecé a tener recuerdos de esa noche. La noche tan tranquila, la explosión, el acelerador de partículas, los rayos atacándome como si yo fuera metal y ellos estuviesen atraídos a mí. Recuerdo haberme caído y sentido los vidrios en mi espalda-En este momento no se sabe exactamente su localización pero sí se sabe que han despertado de su coma, muchas personas creen que esto es un milagro, pues había ochenta porciento de probabilidad que nunca despertaran y alguna vez volvieran a-dijo la chica pero yo apagué el televisor.

Mi teléfono empezó a sonar en el bolsillo trasero de mi pantalón.

-Hola, ¿Ann?-empezó a decir Joe. Mi corazón se detuvo por algunos segundos mientras pensaba en todo lo que pudo haber pasado en diez meses en mi trabajo.

-J-joe-dije tragándome mi miedo. Las palabras estaban atoradas en mi garganta y tenía miedo de lo que Joe fuese a contestar. ¿Qué si me decía que había perdido mi trabajo? ¿Qué si ya no podía tener mi trabajo de científico forense? Eso era lo que más me importaba, mi trabajo. Porque si ves mi vida, no tengo nada que perder. No tengo padres, hermanos, no tengo familia cerca, solo mis primos y tíos que viven en una ciudad lejos de aquí.

-Ann, no te preocupes, no estás despedida-me dijo Joe, previendo mi pregunta, mientras yo soltaba un suspiro de alivio-Tú solo piensa que es como si apenas estuvieses empezando tu trabajo

-Gracias, Joe, no sabes cuanto lo lamento no poder haber ido-le dije por el teléfono soltando todo el aire que había retenido en estos últimos momentos. Ahora me sentía más ligera, como si me hubiesen quitado un costal de patatas de mi espalda.

-No te preocupes, no es tu culpa-me dijo.

-Gracias Joe, entonces ¿Mañana voy a trabajar?-le pregunté.

-Aquí te espero

-Adiós-le dije y corté la llamada antes de que él pudiese terminar. Caminé hacia el baño y decidí darme un baño para relajarme.

Me desvestí una vez que ya había quedado el agua a la temperatura que yo quería y me metí. Dejé que el agua corriera por mi espalda y quitara todas mis preocupaciones tan fácil que como quitaba lo sucio de mí. Empecé a ver que los vidrios se empañaban y el aire se hacía más pesado. De un segundo a otro dejé de sentir el agua. Con preocupación y el ceño fruncido, volteé hacia arriba para ver que el chorro de agua ya no estaba dando en mi dirección, ahora estaba dando hacia afuera de la regadera. No era como si el cabezal de la ducha se hubiera volteado hacia un lado, sino que estaba en la posición normal. Lo que se movía era el agua, como si hubiese una fuerza especial que la estuviera desviando hacia un lado. Mi cerebro tardó en entender que si el agua estaba desviada hacia un lado, mi baño se iba a inundar. Solté un pequeño grito al abrir la cortina y ver mi baño con agua por todos lados. Creo que me quedé demasiado tiempo pensando. Apagué la regadera y me envolví en una toalla. Caminé de puntillas alrededor del agua, ahora fría, y me paré en la puerta del baño viendo todo el desastre y pensando como lo podía quitar. Caminé hacia afuera y tomé un pequeño envase y regresé al baño. Llené el envase con el agua del piso y la tiré por la ventana, luego volví a llenar el envase y a tirar el agua por la ventana y así, sucesivamente.

Después de una hora de llenar y tirar el agua que estaba en mi baño. Salí de ahí y me cambié a mis pijamas. Sí, había hecho todo eso desnuda, bueno, con una toalla alrededor de mi cuerpo. Me acosté en mi cama y me dormí, un día largo y de trabajo me esperaba mañana.

The Flash ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora