AMITY BLIGHT
A quién desde pequeña se le enseñó que sólo a través del sobre esfuerzo y la obediencia se llegaba a la perfección, que la crueldad era sinónimo de competitividad, y que mantener las apariencias lo era todo. Pasó su vida tratando de cum...
Eda se estaba demorando, en un principio Luz sugirió usar su nuevo hechizo para lanzarnos en el aire y así llegar más rápido… No tengo idea de dónde pudo haber sacado tal idea, civilizadamente le expliqué que no por que el lugar estuviera cubierto de nieve, no podía romperse una pierna y que en todo caso era mejor caminar.
Luego de que finalmente Eda apareciera, Luz fue corriendo hacia ella para mostrarle orgullosa su segundo hechizo. -Esa es mi niña, sabía que lo lograría.- le dijo mientras la despeinaba.
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Un vuelo mágico más tarde.
Luego de que Eda me dejara cerca de mí casa, entre con cierta preocupación, aún tenía la mínima esperanza de que mis padres nuevamente se les hiciera tarde o no pudieran llegar debido al trabajo, para mi mala suerte no era el caso. Intenté llegar a mi habitación sigilosamente hasta que me topé con cierta voz que me indicó había sido descubierta. -Hija, ¿Se puede saber dónde estabas? Tu madre y yo estuvimos preocupados. -Manoplas, más vale que tengas una buena razón para llegar a esta hora.- dijo ahora mi madre. -Sí… Amm… Yo he estado practicando un nuevo hechizo de fuego que me mostraron Edric y Emira. -Claro, el hechizo de fuego, (continuó ella) tus hermanos nos contaron que esa es la razón por la que has estado ausente estos últimos días, supongo que con tanto entrenamiento debes haber dominado el hechizo. -Yo… no podría decir que lo he logrado dominar, pero sí he mejorado mucho. -Siendo ese el caso, ¿Te molestaría darnos una muestra? Me complacería ver los progresos de mi hija.- (dijo mi madre con claro escepticismo).
-Esta bien.- dije tratando de esconder mis nervios, cerré los ojos intentando concentrarme, al principio pude invocar una pequeña llama rosa, al abrir de nuevo la vista, noté que mi madre no le convencía en lo más mínimo. OK, puedo hacerlo (me dije internamente). Volví a cerrar los ojos y esta vez puse un mayor empeño en acrecentar la llama, lo cuál había logrado, la nueva llama duplica el tamaño de la anterior… Pero aún así era insuficiente. Respiré aún más profundamente, cerrando mis ojos e intentando apagar todo rastro de nervios o cualquier otro pensamiento que impidiera concentrarme en mi hechizo. Y así estuve… hasta que de pronto vino a mi el recuerdo de los labios de Luz, por un segundo solo me imaginé besándola tiernamente… al darme cuenta de esa imagen en mi cabeza me asusté, sentí mi cara enrojecerse, cuando abrí los ojos la llama que por un instante olvidé que tenía en mis manos ardía con agresividad, fue tal su magnitud que hasta mis padres se vieron obligados a retroceder un poco, parecía que mi pánico la había alimentado, por suerte era más fácil atenuar las llamas. -Buen trabajo Amity, puedo ver que te has estado esforzando (dijo mi padre mientras tocaba mi hombro). -Bien hecho, cariño. No esperaba menos de ti.- (para mi madre esa es su manera de decir que no está avergonzada). Yo por mi parte estaba impresionada de que me había librado del castigo.
Luego de cenar y tras ponerme la pijama, fui directo a mi cama, los primeros minutos me quedé contemplando el techo intentando acomodar mis pensamientos. Creía que mi principal problema sería tratar con una muy decaída Luz por no haber entrado a Hexside, pero no… Justo cuando se resolvió ese problema, una nueva y mayor preocupación surgió sólo para encabezar la lista. ¿Qué carajos me estaba pasando con Luz? ¿Por qué de repente quise besarla? ¿Por qué ella estaba igual de nerviosa que yo? ¿Acaso ella habrá querido lo mismo? ¿Qué hubiera pasado sí en ese momento la habría besado? ¿Ella me hubiera correspondido o abofeteado? -Titan, ¿Por qué me haces esto?- Quizás solo estaba pensando demasiado en el asunto, quizás sólo fue una tonta idea que cruzó por mi mente debido a la euforia del momento. Luz me agrada mucho, pero no de esa manera… ¿O si? -¡Maldición!- maldije y grité ahogando el ruido en mi almohada, luego de una larga lucha interna finalmente me quedé dormida.