PRESEDENTE A LA CONTIENDA

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VIERNES

Por órdenes de mi madre hoy debemos despertar más temprano de lo habitual, había sido otra noche difícil, de esas en las que que no pude dormir las suficientes horas que mi cuerpo necesita, pesadamente luego de levantarme y dirigirme al baño, mientras cepillaba mis dientes, aún adormecida cuando abrí los ojos y me mire frente al espejo, mi rostro completo no mostraba expresión alguna.

Hasta el momento jamás consideré que fuera necesario preocuparme por mis padres, para ellos estar involucrados en nuestra vida solo era necesario cuando nuestras notas empezaban a bajar, o cuando alguno de mis hermanos llegaba con un citatorio, ni siquiera por todas las veces que Edric fue a parar al aquelarre de curación por probar explosivos caseros fabricados por él, fue que mis padres tuvieron siquiera la decencia de mostrarse preocupados o enfadados…
Incluso su supuesta asociación de padres era más para mantener las apariencias, claro que ellos jamás lo admitirían.

Incluso mi nombramiento como reina Grom no es más que otra oportunidad para que ellos puedan vanagloriarse ante su opulento círculo, jactando tener a la hija más poderosa de su generación.

Irónicamente ahora mismo le tengo temor al entrenamiento, más específicamente a mi padre, suena bastante lógico para que me ayude a combatir mis miedos debe saber cuales son estos.
Durante una gran parte de la noche no dejé de cuestionarme... Una vez que se entere de que su hija menor, su tan adorada y abandonada princesa, en cuyos miedos se vean reflejados sus inculpables sentimientos hacía una chica... ¿Aún así me seguirá queriendo? ¿Me aceptará como soy? ¿O será que algo cambiará en nuestra carente falta de amorosa pero renacida relación?...
Y no quiero ni imaginar cuando mamá se entere.

Realmente odio tener que hacer esto, no estoy lista para que más personas se enteren de mi secreto, con mis hermanos tengo más que suficiente, pero aunque me duela aceptarlo, este entrenamiento es mi mejor opción sí es que quiero salir viva de la contienda.

Gracias a la celebración al menos hoy no tendremos clases.
Antes de terminar de alistarme llamaron a la puerta.
-Adelante- dije mientras me peinaba haciendo mi distintiva coleta.
-Hija, ¿Estás lista? Tus hermanos ya están abajo desayunando.- dijo apenas asomando su cabeza tras abrir la puerta.
-Sí papá, bajo en seguida.- Al apenas llegar a la mesa era casi palpable la enorme pereza con la que mis hermanos tomaban su desayuno, quejándose por tener que levantarse tan temprano en su día libre. Yo por mi parte me alegré al ver que mi padre había preparado sus famosos panqueques, nos lo había servido de tal manera que el betún de estos formaban los distintos logos de los aquelarres que nos corresponden a cada uno, me imagino que en el caso de mis hermanos como recordatorio de que su fecha para unirse a uno formalmente estaba a la vuelta de la esquina, Edric eran ilusiones y en cuanto a Emira, ella aparentemente está más interesada en el aquelarre de curación, a pesar de poseer el mismo talento que Edric en ilusiones.
Tanto en mi plato como el de mi papá desde luego eran de abominable, para honrar que a ambos nos une esa misma habilidad brindé chocando mi panqueque con el suyo, acto que él siguió gustosamente.

Luego del desayuno salimos con dirección al estadio, durante todo el transcurso y luego de llegar a este, me fue imposible desviar de mi mente los amargos recuerdos de cuando tuve mi enfrentamiento con Luz, no solamente por el hecho de que ambas pudimos resultar heridas por culpa de una estúpida riña entre hermanas en su ufano deseado de mostrar superioridad, sino también porque aquí fue la última vez que había hablado con Lilith, desde hace tiempo que me he negado a pensar en ella, pero me era muy difícil una vez que pisé la arena.

Ella no solamente fue mi mentora, sino también la primera persona que realmente me alentó de manera positiva a superarme y no lo hacía por el hecho de que fuera su deber o debido al peso de mi apellido, ella lo hacía por su enorme amor y devoción a enseñar, me repetía constantemente que había algo muy especial en mi y me hacía sentir orgullosa de mis logros por muy pequeños que estos fueran, en aquel momento sentía que ella era más cercana a mí que mi propia familia... Pero luego de lo ocurrido, mi madre no sólo se encargó de que pagara por la humillación, aún cuando ella exigía prácticamente su destierro, el emperador debido a sus años de servicio le tuvo compasión y solamente la degradó, pero aún así mi madre amenazó tanto a ella como a mi para nunca más dirigirnos la palabra.

QUERIDA MADREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora