Capítulo 16: Entre sueños y pesadillas

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Julieta había sido agredida física y mentalmente, ahora conocía en carne propia lo que su hermana vivió. Sus ojos estaban hinchados de tanto llorar, su garganta seca de tanto gritar, sus muñecas sangrando por todo el tiempo que estuvo amarrada, y el resto de su cuerpo marcado por los demenciales de Huitaca. Aún así, no podía dejar de pensar en su familia, en su hermana sobre todo. Tenía miedo de que les hicieran algo así, si es que ya no lo habían hecho. ¿Pepa estaría sufriendo su mismo destino con Andrés? Él la tenía en su poder, la tenía en su casa, en su dominio, ¿qué podría hacer ella sin sus dones? Y Mirabel, su pobre niña, ella de seguro estaba sufriendo, podía sentirlo en su corazón. Sin embargo, su inmensa angustia no la salvaba de ese profundo deseo de ansiar la muerte.

-¿Por qué mejor no me mata de una vez? -dijo entre sollozos-. Me ahorraría sufrimiento.

-¿No me digas que te rendiste tan rápido? -habló un hombre.

-¿Zafi? -él le quitó la venda, y cortó las cadenas con una espada antigua-. ¿Qué haces aquí?

-Mi estimada sobrina no puede hacer nada sin que me entere -la observó con cuidado-. Veo que se ha encaprichado contigo, normalmente mata a sus juguetes luego de la primera vez, y no te marcó como hizo con tu hermana. No tiene intención de lastimarte realmente.

-¿Por qué? Espera, ¿ella fue la hija de...? -frenó en seco-. ¿Ella le hizo eso a mi hermana?

-Sí -indicó-. La gente creía que era la marca de la bruja, y que esta les chuparía el alma. La verdad es que Huitaca lo hace por diversión, sabrás ya que es una sádica.

-Me quedó más que claro -tomó una sábana para taparse.

-¿Qué haces? -el Dios miró con curiosidad-. Te das cuenta que no hay nadie además de mí, ¿cierto?

-¡Exacto! -se sonrojó-. No te conozco realmente, puedes estar actuando como el bueno sólo para engañarme. Además, eres un Dios.

-Puntos válidos -sonrió-. No obstante, soy tu única oportunidad de volver al reino de los mortales.

-Tienes razón -exhaló inflando sus mejillas-. Pero no significa que confíe en ti al cien por ciento.

-Entendido -agachó la cabeza.

-Ahora dime, ¿cómo regreso? -la invitó a que lo acompañara por los pasillos de lo que parecía un palacio.

El lugar estaba vacío, no había rastro de vida, ni siquiera ruido. Julieta tenía miedo, incluso un cementerio era más animado que esto. Avanzaron tranquilamente, asombrados de que no hubiera guardias o parecido; si Huitaca tenía prisioneros como Juli alguien debería custodiar las entradas. ¿Quién sabe? Quizá era demasiado confiada. Al pasar junto a una estatua antigua, una que le dio escalofríos al ver que el hombre sostenía una cabeza decapitada de una mujer con serpientes. Vio en el trató de recordar medida que caminaba temblorosa, y de pronto la imagen vino a su mente. "La marca de los García", diferencia de los que ellos llevaban en la nuca, este tenía un único símbolo en el centro de todo, y los demás espacios la extraña figura estaban vacíos.

-Perseo al igual que muchos otros héroes, fue un Cazador -explicó-. Creados por envidiosos hace siglos, para eliminar a aquellos que alguna vez los desafiaron, o que amenazaban su existencia por el gran poder que tenían.

-¿Qué poder podría tener un mortal que no tenga un Dios? -Julieta no lograba comprender eso.

-Lo descubrirás más tarde -la mujer dio vuelta los ojos-. Tendrás que pedirle a los Oniros que te permitan volver a tu hogar, viven en Reino de los Sueños -llegaron a la salida, una gran puerta hecha de oro, que daba paso a un puente de humo negro-. ¿Conoces la historia del Mago de Oz? -asintió-. Pues, no te desvíes del camino NEGRO, si importar qué. Usa esto -le dio el collar de una media luna y un sol fusionados, despertando así lo que pareció ser un recuerdo fugaz.

Sombras de LunaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora