—¡Aleeeex! ¡Apúrate que vamos tarde a biología! — comencé a gritar desde la planta baja, apoyando una mano en el pasamanos de la escalera.
De verdad, no sé por qué siempre que paso a buscar a Alex termino perdiendo la paciencia. Tiene un don natural para estirar el tiempo.
—¡Ya voy, ya voy! Dios... pero qué desespero, Taylor — protestó mientras bajaba los escalones a las carreras, todavía acomodándose la mochila al hombro.
—¿Por qué te tardas tanto? ¿Te estabas maquillando, haciendo un tratamiento capilar o qué? — lo bromeé mientras salíamos de la casa.
Él se limitó a voltearme los ojos con dramatismo y luego soltó una carcajada. Nos subimos al auto, arranqué y, tras unos minutos de silencio rodeados por el ruido del motor, noté que la chispa hiperactiva de Alex se apagaba un poco. Miraba de reojo el tablero antes de girarse hacia mí.
—Sabes... me quedé pensando en algo — soltó en voz baja — Este ya es nuestro último año aquí en la escuela. Ya casi nos toca el baile de graduación. Después... no sé, cada quien va a tomar su camino. Cada uno va a una universidad distinta.
Sentí un pequeño vuelco en el estómago, pero traté de mantener el tono ligero.
—Sí, eso es verdad. Pero hoy en día existen las videollamadas, los mensajes, las visitas. Además, Amelia y tú saben perfectamente que de mí no se van a deshacer tan fácil, jajaja. Los voy a perseguir a donde vayan.
—Sí, lo sé — respondió Alex, pero su sonrisa no llegó a sus ojos — Pero en algún momento la distancia hace de las suyas. Es inevitable que nos distanciemos.
Giré la cabeza un segundo para mirarlo, aprovechando la luz roja del semáforo.
—Alex... ¿qué quieres decir con eso? ¿Hay algo que no me estés contando?
—Ya nada. Olvídalo, son tonterías mías — me cortó, desviando la mirada de inmediato hacia la ventana, quedándose extrañamente pensativo.
Lo conozco demasiado bien. Sé que le pasa algo. Siempre que empieza con esos discursos melancólicos o suelta indirectas sobre el futuro, es porque oculta alguna preocupación o algo va a suceder y prefiere guardárselo. Decidí no presionarlo, al menos por ahora.
Llegamos a la escuela con el tiempo justo. Nos bajamos del auto casi trotando y entramos al pasillo a paso de marcha rápida porque el fantasma de la impuntualidad en biología nos respiraba en la nuca. Para nuestra suerte, cuando entramos al salón, la profesora todavía no había llegado. Nos deslizamos en nuestros asientos habituales, recuperando el aliento, y justo un minuto después la profesora cruzó la puerta con una pila de carpetas.
—Buenos días, chicos. Espero que estén animados y con la mente despejada para resolver las actividades de hoy — comenzó a decir, dejando sus cosas en el escritorio.
A los pocos minutos, la clase se convirtió en un monótono murmullo de términos científicos. Yo intentaba concentrarme, tomando notas para no perder el hilo, cuando sentí un susurro constante a mis espaldas que pronunciaba mi nombre.
—Dylan... Dylan... — era Alex, estirándose hacia adelante desde su pupitre.
—¿Qué pasa? — le pregunté de reojo, sin mover demasiado la cabeza para no llamar la atención.
—¿Qué hora es? ¿A qué hora salimos de esta tortura?
—Son las 9:30 de la mañana y salimos a las 10:15 am. Tranquilo, ya casi, solo falta tres cuartos de hora.
—Siento que el tiempo pasa ridículamente lento hoy — se quejó, apoyando la barbilla en la mano.
—Más bien está pasando rápido para mi gusto. Literalmente llegamos como hace media hora y ya avanzamos bastante. Bueno... — miré de reojo mi reloj de pulsera — Son las 9:35 am. Cálmate un poco, no te va a dar un colapso antes del recreo.
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El amor de Dylan #1
RomanceSe trata la vida de un chico que a pesar de su pasado, de su esfuerzo y dedicación con amor al básquet, llegó lejos cumpliendo cada uno de sus sueños. Superó la muerte de uno de sus seres queridos y una figura muy importante para él en su vida, tuvo...
