Abrió los ojos con lentitud. Los párpados le pesaban horrores y se vio obligado a volver a cerrarlos por unos segundos, antes de volver a intentarlo. Tuvo que repetir el mismo gesto unas cuantas veces para poder acostumbrarse a la luz. Dirigió su vista por el lugar, reconociendo al instante donde se encontraba. Su vieja habitación. A pesar de que la distribución de los muebles era diferente y que, incluso algunos habían sido reemplazados por otros más modernos, para él seguía siendo el mismo rincón.
Aquellas paredes habían sido testigos de todas las lágrimas que había vertido durante su estancia en el reino de Germa. Se podría decir que esa habitación, había sido su cómplice hasta que decidió escapar. Tantos pensamientos soltados en voz alta, que jamás llegaron a nada... Sólo a más lágrimas. Suspiró pesadamente obligándose a desechar lo que invadía su cabeza, y se acomodó en la cama, sentándose. Apenas un par de minutos después, la puerta se abrió.
- ¿Sanji? ¡Qué alegría que hayas despertado! –La voz de Chopper le tranquilizó en el acto.
-Oí, Chopper, estoy bien. –Dijo mientras devolvía el abrazo a su compañero que ya había empezado a llorar sobre su regazo.
- ¡Eres un idiota! ¿Cuándo pensabas decirme que te heriste la pierna de nuevo? –El tono del médico se endureció.
El rubio entendía perfectamente el enfado de su nakama. No quería preocupar a nadie en esos momentos, sólo quería salir de ese lugar lo más rápido posible y sin embargo, ahí estaban todavía por su irresponsabilidad.
–Lo siento... Esta vez... Ha sido mi culpa. –Dijo rascándose la nuca regalando una sonrisa al renito. –Gracias por cuidarme tanto. No sé qué haría sin ti. –Añadió mientras daba un ligero apretón cariñoso al gorro del menor.
-Aw, cállate ¿Crees que por decirme esas cosas voy a dejar de estar enfadado, bastardo? –Preguntó mientras comenzaba a danzar feliz y se ponía rojo tras los halagos.
Unos golpes en la puerta les interrumpieron.
-Zoro. –Dijo Sanji sin poder ni querer evitar llamarlo por su nombre.
-Oe, Chopper, ¿Podrías dejarnos a solas?
El pequeño miró a su paciente, que sólo asintió. Éste le respondió de la misma forma y miró al espadachín con una gran sonrisa en su boca. –Claro. Sólo no se os ocurra empezar una pelea. Os juro que, si vuestras heridas vuelven a abrirse, os dejaré desangraros. –Amenazó de pronto sorprendiendo a los aludidos. La puerta se cerró de golpe.
-Joder, sí que se toma en serio su trabajo como doctor. –Dijo Sanji mientras un escalofrío recorría su columna al pensar en las palabras de su nakama.
- ¿Acaso tú eres diferente cuando se trata de la comida? –Preguntó el peliverde esbozando una pequeña sonrisa. Vio cómo el contrario respondió igual.
-Has cumplido tu promesa. –Cambió de tema. Sujetó al mayor de la mano y lo atrajo hacia él, haciendo que se sentara sobre la cama y juntaran sus frentes. –Marimo, yo...
-Lo siento.
Estas palabras hicieron que el cocinero abriera los ojos que había cerrado para disfrutar aún más la cercanía ajena.
–Tenías razón. Siempre la has tenido. –Agregó con esa simpleza tan característica suya, abriendo sus ojos también y encontrándose con los de Sanji. –Y-yo... Jamás he pensado que seas débil. Lo sabes, ¿no? –Ante la afirmativa que recibió, continuó hablando. –No debí dar por hecho que mi labor era protegerte sin importar lo que tú querías. –Dirigió su vista hacia abajo al decir las últimas palabras.
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Es hora de despertar
FanfictionSanji no entiende nada. Solo sabe que ese estúpido espadachín se las pagará. Zoro no entiende nada. Solo sabe que ese estúpido cocinero se las pagará. Tal vez ninguno espera que su relación cambie... Crees que la pena te hará más pequeño por dentro...