6: Hablar y coger es lo mismo.
Durante dos días no pude sacar el encuentro con Aser de mi cabeza. Desbloqueaba el celular y mis dedos corrían hasta el ícono de contactos.
Al tercer día no aguanté más y lo llamé.
Esperé que se hiciera el difícil. Pero respondió al segundo timbrado.
—¿Bueno?
Su voz ronca pero con ese cantado me hizo lamarme los labios.
—Hola, Aser, es Megan.
No esperaba el silencio del otro lado de la línea. En ese instante me sentí estúpida. ¿Cuándo un tipo como Aser se comporta como un caballero? Seguro que repartía su celular a cuanta tipa se topara por allí.
—Lo siento. No debí llamar…
—Espera, espera. Me encontraba en la cafetería con una persona. Me tomaste desprevenido. Creí que no llamarías.
Sí, seguro estaba con otra mujer y yo era la tonta que continuaba en la línea.
—¿Sigues allí?
Me aclaré la garganta y dije:
—No quiero interrumpir. Podemos hablar otro día.
Mi respuesta se escuchó falsa incluso para mí. No planeaba llamarlo, mucho menos humillarme.
—No suelo hacer esto, Megan, pero en serio pareces una chica increíble. Vamos a vernos, ¿te gustaría? No he dejado de pensar en ti.
¿En qué estaría pensando? ¿En cómo serían mis gemidos? ¿Si podía moverme o era de las que se acostaba y no hacía nada más?
Negué al sentirme como una cachonda sinvergüenza. Mi centro de inmediato empezó a contraerse de solo imaginar a Aser tocando mi trasero.
—Fue un error. Tengo novio. Es…
Me interrumpió antes de decirle que mi novio se llamaba Devon.
—No, preciosa. No hablemos de tu novio. Solo una salida y si después sigues convencida de que no hay nada, entonces haremos como si el otro no existiera.
—¿Solo vamos a platicar?
Una niña hablaría con más seguridad; incluso se escuchó como una pregunta en vez de una afirmación.
Aser me siguió la corriente al contestar—: Hablar, coger, lo que tú quieras…
Todo mi ser gritó que no. Las cosas con Devon no eran color rosa, pero no merecía una infidelidad, incluso si tenía la sospecha de que él escondía algo.
—No vas a arrepentirte, Megan. No estarías llamando si no quisieras verme.
Aser me tenía en la palma de su mano. Como nadie, nunca, ni siquiera Devon, me había tenido. ¿Por qué era eso? Quería averiguarlo. Quería saber cuál era su secreto.
—En la cafetería de la vez pasada —acepté, dividida entre ser honesta y no fallarle a Devon o pagarle con la misma moneda. ¿O era que estaba usando la infidelidad como una excusa?
…
Sus manos callosas sujetaban las mías. Al principio fue raro, pero cuando dejé los prejuicios atrás —los de que una chica debe hacerse la misteriosa y esquiva—, el encuentro fluyó.
—¿Qué haces en Texas?
—Veterinario de una granja. —Lo miré con desconfianza. No tenía pinta de veterinario—. Hago de todo. Me encargo de los caballos, de vigilar los establos, del ganado. Mucho trabajo pesado —explicó cuando mi dedo dibujó el contorno de una callosidad.
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Kavanough
Chick-LitA veces debes preguntar antes de lanzarte. Debí averiguar quién era antes de caer a sus pies. Ahora siento que estoy enamorada de un hombre con un pasado complicado. Nunca creí que Kavanough me haría romper las reglas solo por un beso.
