11: Despedidas necesarias.

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11: Despedidas necesarias.


Había dos números que mantenía como importantes y que sonaban aunque mi teléfono estuviera en silencio.

Por eso, cuando desperté con mi cara debajo de la cama —en la asquerosa e incómoda moqueta—, y el resto de mi cuerpo en el colchón, supe que mamá estaba llamando a mi celular.

Tenía llamadas perdidas de Devon. Mensajes. Pero me pareció extraño que no era mamá, sino papá.

—¿Papi?

—¡Oh, santo cielo, Megan! —gritó mamá aliviada y molesta en igual medida.

Lo sabía porque ella no metía al cielo o sus creencias en las conversaciones, a menos que estuviera hirviendo de coraje.

—¿Dónde estás?

—Mamá…

—Acá ha llegado Devon. Diciendo que tuvieron un pleito y que saliste de tu apartamento, que dejaste tu coche y no volviste…

—Mamá, si me dejas…

—Y luego te llamé y nada que respondiste. Tuve que pedir prestado el teléfono de tu padre porque el mío se quedó sin pilas y…

—¡Mamá! —gruñí lo suficientemente alto para despertar a Aser.

—Vale. Me callo. ¿Qué ha pasado?

Esta vez su pregunta fue un poco más pausada.

Me la imaginé apretando el puente de su nariz, respirando profundamente para no perder los estribos. Presionando su mandíbula para mantener la boca cerrada.

—No fue solo un pleito. No puedo hablar de eso por celular. Pasaré más tarde donde ustedes… —Volteé en dirección a Aser, que se frotaba los ojos y se dejó caer en el colchón otra vez—. Quizá necesite usar mi habitación por un tiempo.

Yo podía hacerme cargo de mis gastos, sin embargo, nunca echaría a Devon. La renta estaba a su nombre y él tenía la última palabra en el contrato. No podía asumir que él cedería a irse así porque sí.

Escuché el suspiro de mi madre.

—Bueno. Pero eso significa que tú y Devon cortaron, ¿verdad?

Apenas las palabras salieran de mi boca sería oficial y, a pesar de todo, costaba mucho hacerlo.

—Sí. Aunque, tengo que decirle. Pero para mí ya no estamos juntos.

—Que dice que cortó con Devon. —Me pareció escuchar a papá preguntarle en dónde estaba—. No lo sé. Me dijo que… —De pronto la voz de mamá fue sustituida por la de mi padre—. Megan, ¿en dónde andas?

Jamás le diría que estaba a una hora de Massachusetts, en un motel barato de carretera, con el hombre con el que le fui infiel a mi ex.

—Necesitaba pensar. Era muy tarde y no quería molestar. Supuse que no habría problemas en quedarme en un hotel.

Sentí los dedos de Aser presionar mi cintura con suavidad. Mi cabeza se volteó para mirarlo. Me estaba observando como si no supiera si felicitarme por mi capacidad de mentir o tenerme miedo.

—Lo correcto sería llamarnos. Tu madre casi va a la comisaría.

Suspiré al mismo tiempo que cerré los ojos ante la exageración de mi madre.

—No creí que Devon iría hasta la casa.

Mi padre se despidió y me hizo prometer que explicaría todo cuando estuviera con ellos.

KavanoughHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora