3: Todos somos desconocidos.
—¿Quieres ir a comer?
—No, la verdad, paso. Ve con tus amigos. Tengo muchas tareas.
Estaba con la garganta seca porque no estaba segura de decirle que apenas se marchara correría a la farmacia más cercana para comprar una prueba de embarazo casera. Odiaba mentirle, pero últimamente Devon estaba esquivo, misterioso. Tenía su teléfono con seguridad, cuando contestaba alguna llamada salía del pequeño apartamento y susurraba.
Mis amigas decían que él tenía otra y que éramos muy jóvenes para vivir juntos. Pero me negaba a creer que la persona que amaba me era infiel. Devon podría tener defectos, pero no era un mujeriego. O eso creía.
Mi plan era ir a la farmacia y conseguir la prueba, luego aprovechar que era mi día libre para sentarme en la sala y morir de nervios por el resultado.
Esperé que pasara una hora antes de salir.
Entré en la farmacia justo al lado de mi edificio; no estaba tan cerca de mi campus, pero fue lo que pudimos costear con nuestros sueldos.
Entonces, me detuve frente a las pruebas, temerosa de lo que vendría. No quería perder a Devon, pero no podría hacerlo otra vez. Todavía soñaba con los coágulos de sangre que expulsé la primera vez. Tenía pesadillas con la pequeña habitación esterilizada, con una cama diminuta, mis piernas abiertas y el dolor de mi útero en plena contracción. Pero, sobre todo, tenía visiones de niños de cabello marrón y ojos azules.
—Me han dicho que todas son muy exactas —comentaron a mi espalda.
Volteé hacia el sonido de una voz profunda y ronca. Mis ojos se toparon con un hombre alto, con el cabello atado a un moño desordenado, un piercing en la oreja derecha y otro en su nariz.
Mi mirada siguió su camino hacia abajo, donde noté los brazos musculosos debajo de una chaqueta de cuero negra. En Massachusetts el invierno suele ser duro. Sin embargo, él iba como si nada, mientras que yo tenía un condenado abrigo encima de una camisa de algodón de manga larga.
Llevaba en su canasta una Coca-Cola y un par de Lay's.
Él también me estaba evaluando. Mi cuerpo estaba bastante consciente de eso. No era una chica de pocas curvas. Mi mamá decía que era la herencia de mis ancestros latinos. En conclusión: me costaba mucho bajar de peso y siempre había un poco de grasita en mis caderas. Por eso me volví vegetariana. A pesar de que logré controlar mi peso, aún tenía caderas anchas y un trasero más grande de lo que me gustaría. A eso le sumamos que era una chica de 1.60, lo que me hizo ganadora de un par de apodos poco tiernos de las otras chicas delgadas y de trasero normal.
—¿Necesitan ayuda? —preguntó otra persona. Ambos volteamos hacia la voz, notando a la chica que amablemente se ofreció a darnos una mano—. Estos son los mejores. Un poco más costosos que estos de aquí… —Me señaló dos cajas diferentes—, pero este es más preciso y les ayudará a descubrir si están esperando…
Mi mirada regresó al hombre, alarmada de que ella pensara semejante cosa. Él, sin embargo, aguantó la risa, estirando su mano hacia la mujer. Ella le entregó la prueba más costosa al tipo, y este, sin pena ni gloria, le dijo:
—Gracias, Annabell. Si es una niña le pondremos tu nombre.
Mi ceño se frunció totalmente confundida. ¿Estaba en alguna cámara indiscreta? ¿Era una clase de broma?
Mientras ellos dos hablaban del nombre de la vendedora —que era muy bonito—, yo estaba en una especie de parálisis. ¿Cómo algo tan sensitivo para mí como lo era una prueba de embarazo se convirtió en el chiste de otra persona?
Estuve tentada de abandonar la farmacia, pero no tenía la capacidad mental de aguantar más tiempo sin saber el resultado. Así que arranqué la caja del tipo y, sin decirle una palabra a la chica, puse todo mi esfuerzo en dar grandes zancadas hasta que me detuve en la fila para pagar.
—Lo siento. Te veías muy perdida y pensé que serviría una broma para aplastar lo incómodo del asunto.
Él estaba a mi lado, mirándome con nada más que arrepentimiento. No parecía ser un hombre enigmático, lleno de sorpresas o contradicción. Se veía bastante simple para mí.
Barba+tatuajes+frituras= hombre que no debe tomarse nada enserio.
Pero cuando dejó de verse arrepentido fue cuando percibí un aire misterioso en su alma. ¿Nunca te ha pasado? ¿Que tienes ese ligero presentimiento de que alguien es más de lo que ves?
Ese fue mi primer error. Sonreír al tipo desconocido y decirle que no había ningún problema. Y, en realidad, no había ningún problema en ese instante. Él fue amable, yo sufrí de un caso de parálisis, la vendedora hizo su trabajo. Fin de la historia. Allí habría quedado todo. Una anécdota para contarle a mis futuros hijos. Pero ¿sabes qué no puedes predecir? Las vueltas de la vida. No cuando él me devolvió la sonrisa.
—Relájate, todo irá bien —aseguró, frunciendo su boca para señalar la prueba de embarazo en mis manos. Quise que la tierra me tragara. Más que todo porque se supone que nadie iba a saberlo.
Pero ese hombre era un desconocido. Alguien que no vería más nunca en la vida. Así que esta vez sonreí de manera forzada y asentí a su pobre intento de tranquilizar a una desconocida.
Mientras la fila avanzaba creí que él me diría otra cosa. No estaba muy segura de lo que esperaba que hiciera, pero cualquier trivialidad era mejor que pensar en llegar a casa y hacerme una prueba.
Cuando fue mi turno de pagar soporté la mirada risueña de la cajera. Sonreí sin mucho ánimo al momento de decirme que—: Espero que obtengas el resultado que deseas.
Seguro ella pensaría que estaba siendo amable. Y aunque intentó ocultarlo, se veía ilusionada. Quizá la mujer quería hijos.
Justo en la puerta de la pequeña farmacia volteé curiosa por saber del hombre con barba y tatuajes. Él le cedió su puesto a una señora que tenía mucho más en su carrito. Arrugué mi frente en incredulidad; la juventud no solía ser amable. Aunque, se notaba que no era tan joven como yo. El hombre debería estar en los treinta y tantos.
Suspiré con resignación, prácticamente corriendo hacia mi edificio para hacer la prueba antes de que Devon llegara.
Ya no podía dilatar más las cosas.
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Kavanough
Chick-LitA veces debes preguntar antes de lanzarte. Debí averiguar quién era antes de caer a sus pies. Ahora siento que estoy enamorada de un hombre con un pasado complicado. Nunca creí que Kavanough me haría romper las reglas solo por un beso.
