III. Rebeldes

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Nando seco el sudor de su frente, se sentía agotado y las piernas le dolían tanto que en cualquier momento juraría le dejaban de responder.

Kubo atacó entonces, los ataques de aire hicieron que Nando volará por los cielos y callera estrepitosamente en el suelo.

El moreno se quejo al caer de espaldas, y se giro sobre su lugar sintiendo como todos los huesos de su espalda eran triturados.

-¡Tomemos un descanso, paro!- grito Nando sin fuerzas y con mucho dolor.

Kubo lo miro con una ceja alzada y sus brazos cruzados.

-Ni siquiera te estoy dando con todo mi poder. Niños de diez años pelean mejor que tú- sentenció el pelinegro.

-¡No es mi culpa que ataques para matar!- grito molesto el chico parándose del suelo.

Kubo masajeo su muñeca izquierda, miro al moreno y negó mientras rodaba los ojos.

-Vuelve cuando puedas contra un niño de diez años, entonces sabrás lo que es tirar a matar- explico el pelinegro saliendo del campo de entrenamiento.

Nando bufo molesto, y comenzó a mover su torso de lado a lado hasta escuchar tronar sus huesos de la espalda.

Camilo comenzó a reír entonces, y se convirtió en Kubo por unos momentos.

-¡Vuelve cuando puedas contra un niño de diez años!- burló el chico con la voz de Kubo, después volvió a su forma -Por lo menos duraste cinco minutos- siguió burlando.

Nando lo miro molesto y aventó un poco de tierra hacia el rostro de Camilo con un movimiento de su mano derecha, el de rizos comenzó a escupir la tierra que había entrado a su boca y a sacudirse el rostro con las manos.

-Vete a chingar a otro lado wey- comento molesto Nando.

Camilo lo miro aún burlón sin dejar de reírse.

-¡Solo estoy hechando carrilla, parce, no seas gruñón!- explicó aún entre risas.

Kubo había caminando hasta la herrería, lugar que durante las últimas dos semanas Hiro había tomado como suyo para crear armas y máquinas de entrenamiento.

Entro a la herrería, observando como el chico soldaba con sus dedos lo que parecía un arma.

-Se ve genial- comento Yamamoto, mirando el arma que tenía entre manos Hiro.

El pelinegro sonrío y le mostró de mejor manera el arma.

-Son pistolas paralizadoras, servirán mientras ayudas a entrenar a los demás- explico el chico.

Kubo tomo entre sus manos el arma y sonrío, momentos después apareció Leonardo por la puerta de la herrería cargando una caja con trozos de metal.

-Es el mejor metal que pudimos conseguir- comento dejando la caja sobre una de las mesas.

Kubo observo el materia y negó.

-Es de mala calidad, no creo que sirva de mucho- señaló.

-Lo sé, y lo lamento. Pero les digo que es el mejor que pudimos conseguir- volvió a explicar el chico moreno.

Hiro asintió y tomó más trozos de metal, los observo en silencio y con nostalgia mientras sentía sus ojos arder, parpadeo repetidamente para quitar esto.

-Es como el que utilizaban Tadashi y Kyle para jugar conmigo a las peleas de robots- explico el chico con una sonrisa.

Leonardo lo miro atento, mientras Kubo sonreía recordando aquellos momentos.

The Crown (Higuel/Kuban/Marckyle)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora