En mi cabeza se reproducía aquella melodía tétrica y nostálgica que hacía años, no escuchaba. Quería de nuevo ver a mi hermano sentándose en el piano, tocando su canción favorita; compartir con él esa alegría y satisfacción de poder estar juntos. Pero al abrir los ojos el sonido de las teclas desaparecía, se esfumaba en la intemperie, dejando un haz de desolación y tristeza en el ambiente.
Estar en ese lugar me causaba una cúmulo de sensaciones nada satisfactorias; quería llorar, golpear las paredes, a modo de queja, quería salir corriendo de mí misma, para buscar alguna manera de poder salir de este maldito bucle en el que estaba inmersa, dejar de experimentar este estrés y esta asfixia que me perseguía todos los días y a todos lados. Pero por lo que más sufrí, era por los recuerdos que tenía aquí. Lo tanto que deseaba volver a tenerlos conmigo, vivirlos, recrearlos, sentirlos... pero solo lo podía hacer en sueños.
Me levanté de la cama, en plena crisis, sin importarme el mareo, el dolor de cabeza y el ardor constante de los ojos. Estaba harta de sentir todo esto. Cualquier persona hubiera podido controlar su propio cuerpo, pero yo ni siquiera era capaz de saber por qué rayos me sucedían este tipo de situaciones. Los ataques de ansiedad me superaban, cada día tenía por lo menos uno, y en situaciones alarmantes podía estar las veinticuatro horas en un estado de estrés agudo que me dejaba agotada sin poder levantarme de la cama al día siguiente.
Aun no podía superar lo que había sucedido horas antes. Cerré la computadora, el celular lo apagué por unas cuantas horas y cuando creí que había sido suficiente, lo encendí pero con la condición de que estuviera silenciado. Temía que de nuevo tocaran a la puerta o esta vez intentaran ingresar, pensando que estuviese deshabitada. La idea de que Kurt me espió, era muy descabellada e intenté desecharla pero algo me lo impedía.
Una vez que mis latidos se controlaron, mi ansiedad disminuyó y los pensamientos intrusivos se alejaron de mi mente, bajé a la sala para ver qué podía hacer que me distrajera un poco. Así que lo primero que se me ocurrió fue arreglar un poco el lugar. Desde que llegué, solo barrí mi habitación y parte del baño de arriba, sin embargo todo el primer piso se encontraba lleno de polvo, tierra, salitre que salía de las paredes y pedazos de yeso que caían del techo. Debía reportar la fuga que había en el ático, sin embargo no sabía a quién. No sabía nada de esa casa. Ni quien era la dueña, cómo es que estaba aquí sin que Emma aun no haya llegado.
Me parecía muy extraño todo, pero no podía dejar que esto me desconcentrara de mis deberes. Aunque debía hacer el menor ruido posible, no quería que mis vecinos me escucharan hacer el aseo a tales horas, sería por demás sospechoso. Así que me puse a organizar todo, traje las escobas y los trapeadores del cuarto de lavado hasta la sala. Olvidaba lo hermoso que era el patio trasero, sin embargo ahora parecía una selva con todos los árboles, arbustos y pasto que salía sin control. Yo sola no podía hacer todo esto. Tonterías, claro que podía. Pero mi pereza era demasiada. ¿Y si había un animal salvaje ahí dentro?
Cuando comencé a limpiar, de nuevo una cantidad enorme de polvo se levantaba sin control, perforando mi garganta y asfixiándome al instante. Era imposible no hacer tanto ruido, así que solo deseé que no estuviera nadie en casa. Mis plegarias fueron desechadas en cuanto escuché golpes en la puerta de nuevo.
Mis latidos se volvieron a apoderar de mí, la ansiedad apareció de nuevo a tal nivel que no pude controlar el temblor de mis piernas. No tenía caso seguir escondiéndome, se acabó, me habían atrapado. Me encontraba a un par de metros de la puerta, y aun así me pensaba mucho el abrir o no.
—Sé que estás ahí, abre si no quieres que rompa la puerta.
Esa voz nunca la había escuchado. Un gran peso se quitó de mi espalda al descartar la posibilidad de que se tratase de mi madre. Pero ahora mi miedo era saber quién estaba golpeando mi puerta y la razón del por qué estaba tan molesta.
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Alguna vez fuiste tú
RomancePara Ágata Shcüler, escribir siempre ha sido un pasatiempo que le ha ayudado a entenderse a sí misma. De esta manera ha podido superar cosas de su pasado e intentar mejorar como persona, con los que la rodean. Pero no pasará mucho para que llegue un...
