CAPÍTULO 23

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La espesa capa de nieve que sepultaba la carretera, hacía peligroso conducir o el simple hecho de caminar por el riesgo que había de resbalarte y caer al suelo; que tal vez no pasaría más allá de una raspón o de una sensación fría, pero más doloroso sería la vergüenza de patinar enfrente de todos.

Preferí quedarme en casa, de igual manera, aunque estuviese de vacaciones, intenté avanzar en el libro que estaba trabajando. Uno que trataba sobre magia, dragones, reinos, hombres polilla, personajes LGBT..., y la lista podía seguir. Era una trama que estaba tan bien trabajada que prácticamente solo debía cambiar algunas palabras, expresiones y errores de dedo. No había leído un manuscrito tan bien elaborado, a excepción del de Ágata.

—¿Sigues ocupado? —Wendy entró a mi estudio sin siquiera tocar la puerta.

De haberlo hecho, tampoco la habría escuchado, tenía mis audífonos. Me los quité y me dirigí hacia ella.

—No, ¿por qué? —respondí en automático.

—Quiero saber si podemos entrar a la habitación para saber por qué hay tanta humedad en mi pared.

—Es cierto, en un momento voy.

Detuve la canción de Queen, me quité los auriculares y me levanté de mi silla. Wendy me visitó toda la mañana, incluso almorzamos juntos, pero la razón principal era para descubrir por qué su habitación estaba llena de humedad en la pared que colinda con la mía, situación de la que no estaba enterado.

Llegamos a una puerta que tenía pegadas estampas y símbolos militares. La bandera de Alemania, el águila del Tercer Reich y muchas más cosas que a mí me parecían extrañas. Estaban tallados símbolos que al parecer eran parte del alfabeto de otro tipo de escritura, lo sabía porque en letras pequeñitas y rojas se encontraba escrito: «Prohibido el paso».

Introduje la llave con muchos nervios, como si mi padre supiera que estaba entrando a su habitación y fuera a llegar para sacarme a patadas como siempre lo hacía cada vez que entraba a buscar algo. Los pocos recuerdos que tengo de él, siempre fueron malos, a excepción del piano, pero fue porque mi madre lo emborrachó esa noche.

Intenté olvidar todo eso y concentrarme en lo que de verdad importaba, aunque me era difícil. Sus recuerdos estaban encarnados en mi ser y cualquier cosa que los moviera, me dolían hasta el lugar más recóndito de mi alma. No pude disfrutarlo nunca debido a su trabajo, y cuando se encontraba en casa, me escondía en mi habitación con tal de no escuchar las peleas.

—¿Todo bien, Kurt? —dijo Wendy con una mano en mi hombro.

—Sí, descuida —no quería que se preocupara por mí.

Al abrir la puerta, un aroma a humedad y madera podrida se hizo presente, obligándonos a cubrirnos la nariz con lo que teníamos a la mano. Pensé que la luz se había fundido pues después de encender el interruptor no sucedió nada, pero al cabo de unos segundos el bombillo comenzó a encender, aunque la potencia con la que lo hizo, no alcanzaba a alumbrar demasiado. Con nuestras lámparas del celular fuimos aluzando cada parte de la habitación hasta que llegamos a un enorme estante lleno de libros, la mayoría de ellos desechos por la humedad y el agua que caía del techo.

—Entonces ese es el problema —comentó con una pequeña sonrisa triunfal—. ¿Nunca han revisado el techo, verdad?

—Pues la vedad no, mi padre era quien se encargaba de impermeabilizar y a controlar la humedad y hacía todas las remodelaciones que se requerían.

—Entiendo. No te preocupes por eso, cuando la tormenta cese llamaré a mi tío para que arregle la gotera... —y volteó hacia una de las esquinas de la habitación, donde se encontraba una caja llena de lo que parecían ser libros, porque las pastas de plástico quedaban flotando en la superficie—. Creo que eso no se podrá recuperar.

Alguna vez fuiste túHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora